Paco Aguado
Sevilla, 25 abr (EFE).- La terna de matadores que hizo hoy el paseíllo en la Maestranza no terminó de concretar su labor ante tres toros de claras opciones de la ganadería de La Quinta, que soltó en el ruedo sevillano una corrida modélica de presentación y de perfectas hechuras respecto a su sangre de Santa Coloma.
Muy parejos en su finísima lámina, sin kilos de menos ni de más, bien armados aun sin excesivo aparato y con unas hechuras propicias para ofrecer buenas embestidas, los cárdenos de La Quinta fueron un auténtico ejemplo del toro de un encaste que no se prodiga en las grandes ferias.
Y sobre esa base, al menos tres de eses ejemplares, nunca mejor atribuido el término, propiciaron un triunfo que ninguno de sus lidiadores llegó a concretar, por distintas razones, hasta dejar el balance de premios, que debió registrar alguna que otra oreja, en sólo sendas vueltas al ruedo para El Cid y Fortes.
El mejor de los tres fue, con diferencia, el cuarto, que ya salió repitiendo y empleándose al capote de El Cid, que no acabó de confiarse para torearlo a la verónica. Así que toro y torero avanzaron ya la que iba a ser la tónica del resto de la lidia: el de La Quinta embistiendo con clase y temple por ambos pitones, y el diestro sevillano pasándolo sin la esperada apuesta y sin el necesario pulso para recrearse con la evidente calidad del animal.
Hubo, con todo, algunos pases de vistosos mientras el fino cárdeno conservó la inercia de sus arrancadas, pero de mitad en adelante la faena decayó en tanto que El Cid, en vez de engancharlas y traerlas por delante con sinceridad, retrasaba la muleta en cites algo escondidos y sin afianzarse sobre la arena. Por mucho que se le jalearan algunos pasajes y tuviera una amable petición de oreja, el de Salteras no estuvo a la altura de tan destacado ejemplar, "Galguero" de nombre.
Ese mismo son, aunque algo menos palpable, tuvo el precioso quinto, un cárdeno claro que sin fijeza en los primeros tercios pero que rompió a embestir con claridad cuando Fortes le abrió faena directamente con las dos rodillas en tierra para ligarle así la primera tanda de derechazos.
Con las cartas sobre la mesa, a esa buena apertura le siguió, en cambio, un trasteo de altibajos, con fases soberbias y otras inconcretas, debido, tanto unas como otras, a cuestiones de terrenos y colocación en los cites y los embroques. Porque cuando el malagueño daba algo más de espacip al de La Quinta y le vaciaba los vuelos de la muleta bajo la pala del pitón, la embestida se desplegaba larga y ralentizada por el pulso y el valiente ajuste del torero.
Así llegó. de mitad de faena en adelante, justo cuando se produjo ese mejor acople, una enorme y embraguetada tanda de derechazos del malagueño que provocó los olés roncos de la Maestranza, pero seguida de nuevos desajustes, aun salpicados de otros buenos momentos, que frenaron la euforia de cara a la posterior petición de oreja.
No tanta calidad pero sí una emotiva movilidad había tenido antes el tercero, el de menos longitud de cuello del sexteto, con el que José Garrido se plantó de capa con la misma actitud fibrosa que mantuvo durante el resto de su trabajo, aprovechando esas repetidas, aunque rebrincadas, embestidas iniciales.
Sólo que cuando el cárdeno dejó ya de venirse, Garrido optó por esquinarse y presentar la tela como pantalla, salvo en unos cuantos pases con la derecha en los que, con mando y matizando los remates, se vio la verdadera condición de un toro con el que además falló con la espada, igual que le sucedió, por una fea estocada, ante el sexto, un toro de menos entrega y con el que el extremeño repitió planteamientos.
Los de menos fondo, que no calidad, de tan armónica corrida fueron los dos primeros: uno con clase, que abrió plaza, al que El Cid nunca cogió el ritmo, y un segundo que se apagó demasiado pronto ante un Fortes que también le atacó en exceso y que lo tumbó de una soberbia estocada.
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FICHA DEL FESTEJO:
Seis toros de La Quinta, de perfecta y armónica presentación, bien armados sin exceso, de fina lámina y muy parejos, con apenas 15 kilos de diferencia entre el de mayor y el de menor peso. En cuanto a juego, la corrida resultó más dispar, con tres toros de escaso fondo, un tercero de duradera movilidad y dos, 4º y 5º, con clase y entrega en sus embestidas.
El Cid, de verde botella y oro: estocada atravesada y descabello (leves palmas); estocada algo desprendida (vuelta al ruedo tras petición de oreja).
Fortes, de azul turquesa y oro: estocada (ovación); media estocad trasera tendida (vuelta al ruedo tras leve petición de oreja).
José Garrido, de verde hoja y oro: tres pinchazos y estocada desprendida (ovación); bajonazo (silencio tras aviso).
Entre las cuadrillas, Manuel Jesús Espartaco fue muy aplaudido tras picar al cuarto, mientras que a pie destacó El Víctor con capote y banderillas. Por su parte, Juan Luis Moreno fue atendido de contusiones y un varetazo leve tras ser prendido por el tercero.
Al finalizar el paseíllo se guardó un minuto de silencio por el fallecimiento de Alfonso Vázquez, mayoral de la divisa de Fuente Ymbro, y el del ganadero Santiago Barrera.
Décimo quinto festejo de abono de la Feria de Abril, con los tendidos casi llenos (unos 11.500 espectadores), en tarde agradable.
EFE
pa/ess
(foto)

