Paco Aguado
Sevilla, 23 abr (EFE).- El diestro peruano Andrés Roca Rey, tras una larga y creciente faena, fue premiado hoy en Sevilla con las dos orejas del quinto toro pero a cambio de una tremenda y -a falta de conocer el parte médico- también aparentemente grave cornada recibida en la suerte de matar
Todo sucedió en la corrida que hacía la número trece del abono de la Feria de Abril, número maldito que parecía hasta entonces afectar únicamente al plano desarrollo del festejo, con cuatro toros absolutamente desfondados de los dos hierros de Victoriano del Río de los que poco o nada pudieron sacar en claro los tres matadores, y en el caso de José María Manzanares, que se extendió en un improductivo tesón, por partida doble.
En cambio, la salida del quinto dio paso a otra corrida muy distinta, con un fino y serio cinqueño que repitió con largura sus embestidas al poco ambicioso capote de Roca Rey, antes de que se le midiera el castigo en varas y amagara tímidamente con rajarse en banderillas. Aun así, el peruano se fue al tercio a abrirle faena con las dos rodillas en tierra y dos pases cambiados de rodillas, y aún un tercero de mucho más mérito cuando el toro se paró, midiéndole, y Roca resolvió el apuro poniendo mucho leña en el asador
Se levantó ya de sus asientos al hasta ahora aplanado tendido y de ahí en adelante la faena mantuvo un tono algo forzado, animoso el torero pero sin acabar de prolongar con mayor mando las continúas pero no muy entregadas embestidas del animal, hasta que por fin, en el último alarde, se metió entre los pitones para terminar de calentar el ambiente con su especialidad de circulares inversos y ojedismos.
Claro que ese largo metraje del trasteo hizo que el toro, algo aspeado, no terminara de cuadrar para que Roca pudiera entrarle a matar, en el que parecía el momento decisivo, del todo o nada. Y en uno de esos intentos, ya casi con la espada montada en manos del torero, "Soleares" se arrancó de improviso y le metió directamente medio pitón en el muslo derecho al tiempo que, sin renunciar a su objetivo, Roca introducía también en las carnes del astado más de la mitad del acero.
Y al caer el matador a la arena, aun con el cuerno dentro de su pierna, el astado todavía le zarandeó aparatosamente, con una tremenda crudeza que silenció la plaza durante unos sobrecogedores instantes, justo hasta que, con Roca ya en la enfermería, dobló el de Toros de Cortés y se desató la petición de dos orejas que concedió el presidente y paseó su cuadrilla.
Casi dos horas antes, el primero de su lote fue un precioso colorado que, muy en tipo del encaste Núñez, empezó humillando con recorrido y ritmo, sin que Roca terminara de aprovecharlo en el primer tercio, ya que, muy sangrado en varas, en el último el animal trocó muy pronto esa calidad en un rápido declive de fondo.
Pero, volviendo a esa última parte intensa de la tarde, cabe destacar el meritorio esfuerzo de Javier Zulueta con el muy hondo, serio y complicado sexto, que amenazó con darle trabajo extra a los médicos. Pero el joven sevillano, en la que era sólo su tercera tarde tras la alternativa, nunca se arredró, ni por el enemigo ni por los duros momentos vividos minutos antes.
Desde que saludó al cinqueño a portagayola y aguantó ya así, de rodillas, el primer frenazo de los muchos que pegaría después, Zulueta no le volvió la cara, con mayores o menores aciertos pero solventando la papeleta con insospechada solvencia, y más aún cuando, tapándole el horizonte con la muleta, evitó que el astado desarrollara más complicaciones añadidas, como su tendencia a colarse y a orientarse.
Por eso no se entendió que, en una feria con tanta y tan, casi siempre, injustificada generosidad del palco, el presidente no le diera una oreja también pedida por mayoría y que hubiera sido la recompensa acorde para quien pudo al menos salir a pie de la plaza en tarde de sangre y dura realidad.
Seis toros de Victoriano del Río (3º, 5º y 6º), de hondo trapío aunque desigual volumen, con tres más hondos y otros tres más terciados, cinqueños los de los últimos lugares. Los cuatro primeros tuvieron un casi nulo fondo de bravura, a menos o defendiéndose, el quinto se movió con cierto temperamento y el sexto sacó sentido y problemas.
José María Manzanares, de tabaco negro y oro viejo: pinchazo sin soltar y honda atravesada (silencio); media estocada trasera atravesada (silencio).
Roca Rey, de azul pastel y oro: pinchazo y estocada desprendida (silencio tras aviso); estocada y cornada (dos orejas que paseó la cuadrilla).
Javier Zululeta, de lila y oro: estocada delantera contraria atravesada y perpendicular y dos descabellos (silencio); estocada baja (vuelta al ruedo tras petición de oreja).
Roca Rey resultó herido al entrar a matar al quinto.
Entre las cuadrillas, Curro Javier, que reaparecía tras superar una larga enfermedad, fue muy aplaudido en su brega al tercero y saludó tras banderillear al sexto.
Decimotercer festejo de abono de la Feria de Abril, con cartel de "no hay billetes" (12.000 espectadores), en tarde de nubes y claros y rachas de viento.
EFE
pa/jlp
(foto)


