Melero, abogado y escritor: “Las historias construidas son mucho mejores que la verdad”

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Paula Padilla Argelich

Barcelona, 18 abr (EFE).- Después de una destacada carrera como abogado “inventando” relatos para defender a sus clientes y recién estrenado en la ficción con su último libro, ‘Crímenes decentes’ (Tusquets), Javier Melero afirma que, tanto en los tribunales como en la literatura, “las historias construidas son mucho mejores que la verdad”.

“Al hombre más inocente del mundo, doce testigos falsos lo pueden hundir, y el juez más honrado tendrá que condenarlo”, dice Melero en una entrevista con EFE sobre el poder de la narración en los juzgados, ese “mundo de representación” que establece la verdad procesal, muchas veces llena de “ficción”, en el que, sin embargo, sostiene que todavía se puede “confiar relativamente”.

“Tenemos una sociedad hecha en la medida de los que somos, y no damos para más. A ese extraño animalillo que es el derecho tampoco hay que pedirle imposibles”, opina quien defendió a Joaquim Forn y Meritxell Borràs en el juicio del 'procés', a Artur Mas por el 9-N o a Oriol Pujol por el caso ITV.

En su cuarta publicación como escritor “diletante”, Melero retoma al ambicioso penalista Ginés Rovira, protagonista su anterior novela, el ‘true crime’ ‘Frágil Virtud’ (Ariel, 2023), que esta vez sigue sus andanzas en la ficción defendiendo al hijo de un poderoso empresario acusado de asesinato, una historia con la que ha querido explorar la “ambigüedad de determinada moral y clase social” y que le ha quedado, confiesa, “menos negra de lo que pretendía”.

Con gran intención descriptiva pero conservando la capacidad de concreción adquirida tras décadas redactando prosa forense, Melero buscaba revelar con esta novela los entresijos del sistema judicial español que tan bien conoce y que, pese a no ser igual de “escénico” que el norteamericano, considera que “también da su juego”.

“El sistema español tiene entrada de caballo y salida de burro”, lamenta refiriéndose a los “muchísimos problemas” que tienen los juzgados nacionales, entre los que destaca la larga duración de los procedimientos, donde los implicados acaban llegando a juicio “viejos y sin acordarse de nada”. “Es patético”, asegura.

El exabogado, que colgó la toga hace unos años, también critica la “moda” de decretar prisión provisional en casos mediáticos y el “colapso” provocado por la “falta de medios”, que cree que se solucionaría implementando un turno de tarde en los juzgados.

“El sistema está haciendo aguas, pero es más rentable poner aeropuertos y trenes de alta velocidad que invertir en juzgados”, señala sobre el estado de los tribunales en los que estos días se está juzgando a la antigua cúpula del Partido Popular y la Policía Nacional por el caso Kitchen, a exintegrantes del Partido Socialista por el caso mascarillas y a la familia del expresidente catalán Jordi Pujol por su fortuna oculta en Andorra.

En estos mismos juzgados se desarrolla gran parte de la trama de la novela, inspirada en la propia experiencia del autor, que eligió a un abogado como personaje principal, descartando la tradición de protagonizar los relatos criminales por detectives o policías porque asegura que “el abogado tiene la ventaja de que probablemente sepa la verdad antes que nadie”.

“El lector puede pensar erróneamente que el abogado tiene algún interés en saber la verdad, cuando normalmente para él es perturbadora”, puntualiza Melero pensando en su protagonista, rodeado de figuras de la alta sociedad que resuelven sus problemas flirteando con el crimen, a la vez que mantiene que los letrados deben defender “al decente y al indecente, la verdad o la mentira”.

“Puedes llegar a sentir la satisfacción profesional de haber conseguido la absolución de un culpable, pero está el vacío moral o el vértigo que produce que determinadas cosas queden impunes”, reconoce aludiendo a las “zonas oscuras y ambiguas moralmente” con las que se ha enfrentado durante su carrera.

Dilemas que, por otro lado, está convencido de que “se sostienen mucho más cómodamente que trabajando en una mina” y que considera que, en algunos casos, pueden llegar a ser incluso “interesantes”. “Safranski dice que no hace falta conocer al diablo para entender el mal, pero conocerlo también tiene su punto”, admite añadiendo que estaría dispuesto a defender ante un juez a Netanyahu, Trump o Putin.

Melero ya está trabajando en la siguiente entrega de la historia de Ginés Rovira, que situará en “ese Madrid oficial donde muy pocas personas controlan muchísimas cosas”, y también en “algo remotamente parecido a un libro de viajes”, avanza el autor, quien, pese a estar cultivando su faceta literaria, confiesa que la abogacía, como el sacerdocio, no se deja nunca del todo. EFE

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