València, 17 abr (EFE).- Un estudio de la Universitat de València (UV) alerta de que la tendencia "plenamente vigente" de sobrediagnosticar el número de adicciones comportamentales tiene "consecuencias serias" sobre las personas con adicciones reales, ya que trivializa su sufrimiento y pone etiquetas clínicas a personas que simplemente disfrutan de lo que hacen.
Así lo afirma el investigador del Instituto Polibienestar de la Universitat de València Víctor Ciudad-Fernández en un artículo publicado en la revista Nature Reviews Psychology, en el que denuncia que en las últimas décadas, la lista de actividades cotidianas que se han etiquetado como adicciones "no ha parado de crecer".
"Adicción a correr. Adicción al bronceado. Adicción a escuchar música. Y ahora, adicción a ChatGPT. ¿El método? Tomar los criterios que se usan para diagnosticar la dependencia del alcohol o las drogas y aplicarlos, sin más, a cualquier comportamiento que una persona haga con frecuencia e intensidad”, afirma Ciudad-Fernandez, que añade que esto supone una "fábrica de adicciones".
En el artículo explica cómo se ha sobrediagnosticado el número de adicciones comportamentales y por qué eso perjudica a quienes tienen adicciones de verdad. Alerta de que esta tendencia, plenamente vigente, "tiene consecuencias serias: trivializa el sufrimiento de quienes padecen adicciones reales y pone etiquetas clínicas a personas que simplemente disfrutan de lo que hacen".
Señala que el ejemplo más reciente de esta dinámica es la llamada “adicción a ChatGPT” o, más ampliamente, a la inteligencia artificial generativa: "En muy poco tiempo se han desarrollado ya al menos cuatro cuestionarios para medir este supuesto trastorno, todos ellos basados en el mismo molde: adaptar criterios de adicción a sustancias y aplicarlos a una tecnología nueva".
“Que uses mucho ChatGPT no te convierte en una persona con adicción, igual que disfrutar del tango no te convierte en alguien con una enfermedad. El problema es que, cuando aplicas los criterios de la dependencia al alcohol o las drogas a cualquier actividad cotidiana, casi siempre vas a encontrar lo que buscas. Pero eso no significa que sea real”, sostiene Ciudad-Fernández.
Víctor Ciudad expone un patrón: “Primero, alguien observa que una persona realiza una actividad con mucha frecuencia (bailar, jugar, usar el móvil) y da por hecho que eso podría ser una adicción".
"Después, se crea un cuestionario reutilizando los criterios del alcoholismo o la drogodependencia y adaptándolos al nuevo comportamiento. Finalmente, se aplica ese cuestionario y, como es lógico, se 'confirma' lo que ya se asumió de partida”, añade en un comunicado remitido por la UV.
Se trata de un modelo que se repite una y otra vez en la investigación sobre adicciones comportamentales –descrito inicialmente por el profesor Joël Billieux–, y que el investigador valenciano califica de “fábrica de adicciones”.
“Un ejemplo llamativo en la historia –continúa– es el siguiente: en un estudio realizado con bailarines se aplicó este método a bailarines muy apasionados. ¿El resultado? Que el 45 % de ellos fueron clasificados como 'adictos' al tango. El problema no era el tango, sino la herramienta de medición”.
Como consecuencia, el investigador advierte de dos riesgos concretos: “El primero afecta a las personas con adicciones reales: si llamamos 'adicción' a prácticamente todo, el término pierde su significado y el sufrimiento de quienes tienen un trastorno grave queda banalizado. El segundo nos afecta a todos: etiquetar como patológicas actividades normales (usar tecnología, hacer deporte, disfrutar de una afición) genera alarma innecesaria y puede hacer que personas perfectamente sanas crean que tienen un problema clínico”.
Así pues, concluye: “Si te gusta mucho correr, usar ChatGPT o bailar tango, pero puedes parar cuando quieres y tu vida sigue funcionando bien, no tienes ningún problema. El problema empieza cuando quieres dejarlo y no puedes, cuando eso se alarga en el tiempo y cuando empieza a pasarte factura en casa, en el trabajo o en tu salud”. EFE

