Álvaro Rodríguez del Moral
Sevilla, 11 abr. (EFE).- El diestro sevillano Lama de Góngora ha paseado el único trofeo de un festejo condicionado por la tormenta que cayó desde el tercer toro y el decepcionante juego de la mayoría de los ejemplares que trajo Alcurrucén pese a la irreprochable presentación de la corrida y el encomiable esfuerzo de la terna.
Esa oreja la iba a cortar del segundo de la tarde, un ejemplar de fondo y clase escondidos que Lama de Góngora supo atisbar en una faena de paciencia y recursos que rompió a la segunda tanda. El diestro del Arenal sevillano supo extraer esas virtudes cuajando sucesivas rondas de muletazos diestros, siempre a más, en los que siempre hubo una precisa ligazón.
El animal, con esa clase medida, tuvo la virtud de la movilidad que su matador siguió aprovechando por ambas manos. Cuando el trasteo parecía culminado, y se daba por hecha a oreja, aún tuvo arrestos para arrancar otro puñado de muletazos y gustarse a pies juntos, con la muleta en la izquierda y de frente al toro, culminando con un excelente y original pase de pecho.
La espada no estuvo a la misma altura pero no iba a ser inconveniente para que el palco concediera esa oreja que, en las circunstancias profesionales de Lama de Góngora, le viene como anillo al dedo.
Con el quinto, un ejemplar aplomado y deslucido, iba a volver a esforzarse sin mayor rédito cuando el festejo parecía sentenciado por la tormenta y el agua.
Sin haber cosechado un premio contante y sonante hay que destacar la seriedad y el compromiso de Pepe Moral que hizo de la portagayola del primero toda una declaración de intenciones. El diestro de Los Palacios se puso de verdad con ese primero, un auténtico marmolillo, que no iba a dar nada de sí y al que toreó como si fuera bueno.
Pero Pepe Moral sí estuvo muy cerca de cortar la oreja del cuarto cuando la tormenta ya se había desatado. A pesar de la confusión creada por la desbandada de los tendidos, el palaciego volvió a emplearse de verdad, extrayendo ese buen fondo que ocultaba el animal, de espectacular pelo berrendo en colorado, al que llegó a torear con profundidad, hondura y un macizo sentido del toreo.
Muchas menos opciones iba a manejar el joven diestro riojano Fabio Jiménez, que se presentaba en la plaza de la Maestranza como matador después del buen sabor de boca dejado en esta misma plaza en su etapa como novillero con picadores.
Fabio, en definitiva, iba a sortear el lote de menores posibilidades y se iba a ver sorprendido por el inicio de la tormenta que condicionó todo el festejo. Fue en el tercero, ante un toro aplomado y con peligro con el que hizo un esfuerzo infructuoso que iba a repetir después con el sexto, otro marmolillo sin recorrido, con el que volvió a entregarse sin ningún resultado.
FICHA DEL FESTEJO
Se lidiaron seis toros de Alcurrucén, bien presentados y en tipo. Hubo dos ejemplares con un fondo escondido, segundo y cuarto, en medio de un encierro de fondo manso y escaso celo. El primero resultó un marmolillo; aplomado y muy deslucidos el resto.
Pepe Moral, de botella y azabache, ovación y vuelta al ruedo
Lama de Góngora, de cava y oro con remates negros, oreja y vuelta al ruedo
Fabio Jiménez, de verde y oro, palmas tras aviso y silencio
La plaza registró media entrada en una tarde de amenaza de tormenta que se acabó desatando a la lidia del tercero. La lluvia ya no cesó el resto del festejo. EFE
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