Celia Agüero Pereda
Hoznayo (Cantabria), 11 abr (EFE).- Hay canciones que nacen casi sin querer, de una sensación compartida que se repite entre amigos, en conversaciones de verano o en pequeños gestos cotidianos que de pronto dejan de serlo, y así surge el nuevo single de Mizmaya, una banda cántabra que ha convertido la pérdida de identidad en una canción que habla de una realidad en toda España.
El trío cántabro formado por David Peña (voz y guitarra), Nacho Varona (bajo) y Alex Flores 'Jota' (batería) no buscaba hacer un himno ni una denuncia explícita, pero encontró algo más cercano: una incomodidad cotidiana que acabó convirtiéndose en canción.
"Era la realidad que vivimos nosotros y nuestro entorno. Esa sensación de que, de repente, no puedes ni aparcar en tu propia ciudad, de que todo está lleno. Y piensas: somos de aquí (...) ¿Y ahora qué?", explican, en una entrevista con EFE, tras lanzar su último single 'Bosque de secuoyas', preludio de su primer LP.
Lejos de señalar culpables, Mizmaya pone el foco en algo más amplio: una transformación silenciosa que afecta a muchos territorios.
Asegura que "no es contra nadie", sino que más bien es preguntarse hasta qué punto se puede cambiar todo sin perder lo que había antes.
Aunque la canción nace en Cantabria, ya que en ciudades tan turísticas como Santander, Castro Urdiales o Noja, su alcance es mucho mayor, lo mismo puede estar ocurriendo en Málaga, en Baleares o en cualquier zona turística tensionada por la llegada masiva de visitantes.
"Es una historia muy nuestra, pero también muy compartida. Al final hablamos de algo que puede sentir cualquiera en su ciudad o en su tierra", añaden.
Precisamente, una de las claves del grupo es utilizar lo local como punto de partida, pero sin encerrarse en ello, porque, aunque Mizmaya reivindica sus raíces, su música no suena a tradición, sino a indie-rock contemporáneo, emocional y directo.
No es casualidad que todo esto conecte con su primer trabajo, 'Pertenecer', un EP que ya orbitaba en torno a la idea de identidad, aunque desde un lugar más íntimo como es la familia, los recuerdos y los espacios personales.
Ahora, sin haberlo buscado de forma consciente, ese concepto se ha expandido.
"Antes era algo más romántico, más hacia dentro. Ahora quizá es más una forma de reivindicar lo que somos, también como lugar", reconocen.
Mizmaya es también un reflejo bastante preciso de cómo funciona hoy la música independiente en España.
Por un lado, el crecimiento en redes, especialmente en TikTok, donde ha sabido conectar con naturalidad y, por otro, la realidad del directo, que cada vez es más difícil para bandas emergentes.
"Igual haces un vídeo y llega a muchísima gente, pero luego vas a tocar y hay muy poca", reconocen.
El grupo sigue dando pasos fuera de su comunidad, en ciudades como Madrid o Barcelona, y prepara una agenda de directos que incluye festivales como Sonórica, que se celebra en julio en Castro Urdiales.
Sin embargo, su punto de partida sigue siendo el mismo: "Somos de aquí y, aunque lo que hagamos se pueda entender en cualquier sitio, eso no cambia".
Quizá por eso creen que 'Bosque de secuoyas' funciona, porque no intenta dar respuestas, sino poner voz a una sensación que muchos reconocen.
Y porque, en el fondo, todos en Cantabria o en cualquier otra parte siguen buscando lo mismo: un sitio al que sentir que pertenecen. EFE
ca/mg/jdm
(Foto)


