Ginés Donaire
Jaén, 29 mar (EFE).- En pleno barrio de la Judería, la capilla de San Andrés, monumento histórico artístico desde el año 1931, es quizás la joya arquitectónica más desconocida de Jaén, que está gestionada por una fundación benéfico-religiosa y en cuyos órganos de gobierno han ingresado por primera vez mujeres.
Se trata de un templo mudéjar que en el siglo XIII se convirtió en parroquia, aunque desde el año 1843 está cerrada al culto, con la sola excepción de una misa dominical.
La capilla está gestionada por una fundación creada en 1515 gracias a las donaciones de Gutierre González Doncel, tesorero del papa León X que autorizó que se tomara tierra de las catacumbas de las iglesias romanas de Santa María del Campo Santo, San Sebastián de las Catacumbas, San Gregorio y Santa Prudenciana para esparcirla por las bóvedas y criptas de sepultura de cofrades situados bajo la capilla, que por eso es considerada santa.
Una las principales misiones de la fundación es la custodia de su valioso patrimonio artístico. La Santa Capilla, al igual que la iglesia, se construyó guardando el estilo ojival mudéjar, aunque su principal reclamo artístico es la reja de hierro forjado, estofado y sobredorado en oro, obra del maestro Bartolomé.
Emilio Ortega Barranco, secretario y guía de este templo, explica a EFE que la parte inferior de la reja está dedicada a los cepillos para pedir limosna “para casar doncellas pobres”, como así se estipuló en los estatutos de la fundación,
En el segundo cuerpo se encuentra el abrazo de San Joaquín y Santa Ana representando la Inmaculada Concepción de la Virgen, y en el tercer figura el árbol de Jesé, aunque curiosamente el que está sentado no es Jesé, sino Jacob.
Otro de los detalles importantes de la reja es su magnífico cerrojo, que representa a las tres imágenes que hay también en el altar mayor, san Andrés, san Pedro y san Pablo.
El retablo actual es de 1699 y sustituye a otro antiguo y primitivo de 1523, que había sido traído de Toledo, y que está coronado por un bello cuadro de la Inmaculada obra de Ambrosio de Valois.
En 1735 se sustituyó la primitiva talla de la Virgen que había en el camarín por la actual, realizada por el escultor Felipe de Mesa.
La capilla de San Andrés está gestionada por una fundación benéfico-religiosa para el culto, la caridad y la enseñanza, que tiene a su vez una cofradía en la que ahora han ingresado por primera vez mujeres en sus órganos de gobierno, Eufrasia María López Linde, María del Carmen Ortega Barranco e Isabel Ortega Morente.
Han tenido que pasar más de cinco siglos para que esta peculiar cofradía, gestionada por una fundación, dé entrada al sexo femenino en sus puestos de responsabilidad.
Hasta ahora, sus 200 componentes (ni uno más ni uno menos porque así lo exigen sus estatutos, y no hay renovación posible hasta que se produce un fallecimiento) han estado copados por hombres que han estado ignorando y silenciando la participación de las mujeres.
Y todavía se mantiene una discriminación que no pasa desapercibida, como es el veto que tienen las mujeres para entrar en la parentela, un reducto varonil considerado el máximo puesto de gobierno de la cofradía.
“Es un orgullo y una gran satisfacción que durante mi mandato se hayan incorporado las mujeres a los órganos de gobierno de esta cofradía”, indica el gobernador, José María López González, que el pasado 11 de enero tomó posesión de su cargo para un periodo máximo de tres años.
López asegura que no ha sido necesario cambiar los estatutos para permitir la entrada de las mujeres, ya que los estatutos que siguen vigentes son los originales del año 1515, pero "hasta ahora no ha habido demanda”, ha subrayado. EFE
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