Luis Miguel Pascual
París, 10 mar (EFE).- Del cielo al purgatorio hay un paso que el ecuatoriano William Pacho ha descubierto esta temporada, situado en el centro de las dudas que atraviesa el París Saint-Germain tras haber sido ensalzado de forma unánime la pasada campaña.
Aunque todavía no está en el infierno, el defensa central ejemplifica bien las diferencias que existen entre el conjunto de Luis Enrique que el año pasado conquistó la primera Liga de Campeones del club y el actual equipo, que no consigue la misma intensidad de juego ni de resultados.
Los octavos de final que comienzan este miércoles contra el Chelsea serán un buen termómetro para comprobar si el PSG da el paso al frente que necesita o si la crisis que muchos auguran es más profunda de lo que se quiere reconocer en interno.
Algo parecido a lo que le sucede a Pacho. Su bajo rendimiento puede ser un bache circunstancial o el jugador de 24 años muestra ahora unas lagunas de las que el año pasado no dejó ningún rastro.
Convertido en el pilar de la defensa del esquema de Luis Enrique, la solidez que aportó el pasado curso tuvo mucho que ver con la trayectoria virtuosa que describió el PSG. Las dudas que trasmite esta temporada también se trasmiten al resto del equipo, que no consigue la regularidad que se espera del campeón de Europa.
Desde principios de año no encadena tres victorias consecutivas y afronta al Chelsea tras una sonada derrota contra el Mónaco en el Parque de los Príncipes, que elevan la presión del duelo europeo.
Eliminados de la Copa de Francia, lideran la liga doméstica con un solo punto de diferencia sobre el Lens y suman ya cuatro derrotas en esa competición. En sus dos primeros años al frente del equipo, Luis Enrique solo había concedido dos.
En el punto de mira la solidez defensiva y, particularmente, el que era el principal pilar de la misma. El ecuatoriano sufrió un calvario frente al monegasco Folarin Balogun el pasado viernes, pero tampoco se mostró muy cómodo en los dos duelos anteriores contra el atacante estadounidense en la reciente repesca de la Liga de Campeones.
El discurso oficial no ha cambiado con respecto a Pacho. La confianza del entrenador español es total y el jugador acumula 2.729 minutos esta temporada, pese a que sus constantes viajes a su país para jugar con la selección pueden haber influido en su estado físico.
Esa es la duda que rodea más al atlético defensa ecuatoriano, que como el resto del equipo paga el precio de un curso sin pretemporada por haber tenido que disputar el mundial de clubes.
Ante si tiene el reto de superar ese bache y demostrar que tiene una fuerte personalidad, lo que le situaría entre los mejores centrales del momento.
El ex jugador del Eintracht de Francfort tiene que confirmar el salto de calidad que ya apuntó el año pasado, cuando se convirtió en el primer ecuatoriano campeón de Europa.
Discreto y reservado, apenas presente ante los medios de comunicación, Pacho no ha dejado entrever ningún signo de su real estado de ánimo.
Su llegada hace dos temporadas fue interpretada como el cambio de paradigma del club, que desembolsó 40 millones de euros por su fichaje coincidiendo con la salida del atacante Kylian Mbappé. El PSG de las estrellas dejaba paso al de jugadores capaces de sacrificarse por el equipo.
Una apuesta ganadora que ahora deberá dar una nueva prueba de su fortaleza. Llegar es más fácil que mantenerse y Pacho tiene que mostrar que es capaz de hacer ambas cosas. EFE

