Rebeca Palacios
Ezcaray (La Rioja), 7 mar (EFE).- Ana Bas, médica rural en varios pueblos riojanos, ha dicho a EFE que "ser mujer aporta más sensibilidad para atender a los pacientes y, al llevar en el adn el rol de cuidadora, a veces se cuenta con otra empatía hacia determinadas circunstancias o patologías, que se ven de forma diferente".
Con motivo del Día Internacional de la Mujer, este 8 de marzo, Bas ha repasado su trayectoria, en un momento en el que su profesión "está más feminizada que nunca", mientras que hace unos años los pacientes creían que las doctoras eran enfermeras.
"Desde siempre he querido ser médico", ha asegurado esta riojana con 23 años de profesión, y, tras pasar por diversos destinos, se queda con el actual, en los consultorios rurales de Santurde y Santurdejo, además de Ezcaray, donde también hace guardias en su centro de salud, al que acuden otros pacientes de la zona.
"Me encanta decir que soy médico de pueblo, en los pueblos la gente vive más tranquila que en las ciudades, que estamos todos acelerados", ha relatado esta doctora de Lardero (La Rioja), que ya ha superado la cincuentena.
En su cupo, de unas 830 cartillas, tiene la ventaja de conocer a cada paciente, aunque en verano le llegan miles de "desplazados", porque Ezcaray dispara su población de 2.067 habitantes hasta unos 30.000 por los veraneantes de la zona.
"En los 10 minutos que tenemos por paciente, hay que intentar acompañar porque, a veces, no podemos curar en una sola cita, pero siempre tratamos a los pacientes con humanidad y empatía", ha asegurado.
Bas ha constatado que su generación lo ha tenido "más complicado" en su profesión, a ella le tocó "pelear mucho" para entrar en Medicina, donde pedían una nota de 9 sobre 10; después había mucha gente para pocos puestos y hubo años en los que se vivió el paro entre sus compañeros.
Eligió medicina familiar y comunitaria porque es "una especialidad que permite tratar al paciente de manera holística, desde todos los puntos de vista, y cada día hay cosas nuevas" que aprender.
Por ello, se ha seguido formando y estudiando, además de defender su profesión como presidenta en La Rioja de la Sociedad Española de Medicina de Atención Primaria (Semergen).
Desde esta entidad, pelea para que se incluya a la mujeres en los estudios clínicos, porque la mayoría de los proyectos de investigación y los experimentos con nuevos fármacos se realizan con varones, de modo que después los tratamientos no responden en las mujeres, que "no enferman igual que los hombres".
Su mirada femenina le permite ser empática para comprender a sus pacientes femeninas cuando le relatan los efectos molestos de la menopausia, que "antes se consideraba por los médicos varones algo normal que había que sufrir"; o estar más alerta ante posibles casos de violencia de género.
"Hay que perder el miedo a preguntar con normalidad en consulta a los pacientes sobre si tienen ideación de suicidio o si disfrutan de una sexualidad plena, ya que esto es algo que forma parte del bienestar físico y emocional", ha añadido.
Madre de dos adolescentes de 15 y 19 años, aunque se siente "afortunada" por haber tenido una red de apoyo con sus padres y suegros y un marido corresponsable, reconoce que la crianza fue "muy dura" por sus turnos de trabajo y guardias, pero "es una enseñanza de vida para los hijos, que ven que las cosas cuestan esfuerzo".
De sus peores momentos profesionales, ha citado la pandemia, ya que al principio hubo una alta incidencia de covid-19 en la cercana zona de Santo Domingo de la Calzada; y la pérdida de pacientes, especialmente "la angustia" tras la muerte de un niño, pero prefiere quedarse con "las cosas sencillas, como un abuelo que sonríe". EFE
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