Acepta dos años de prisión por fabricar explosivos en casa: "No quería hacer daño, tenía obsesión"

El procesado, que afrontaba una condena superior, ha admitido la adquisición y elaboración ilegal de grandes cantidades de materiales peligrosos, reconociendo ante la justicia una conducta impulsiva derivada de la pandemia y problemas personales, según sentencia provisional

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En el relato de los hechos, el acusado vinculó el origen de su conducta a la etapa de confinamiento por la pandemia, explicando que fue entonces cuando, debido al encierro, empezó a ver vídeos sobre la fabricación de artefactos explosivos y pirotécnicos en internet. Durante su comparecencia ante el tribunal, reconoció que desconocía la gravedad de lo que hacía y advirtió a otros sobre los riesgos: “A la gente le diría que tenga cuidado”. La Audiencia Provincial de Sevilla dictó una sentencia provisional por la que el acusado aceptó dos años de prisión por la fabricación y almacenamiento no autorizado de sustancias peligrosas y artefactos explosivos, en el marco de una investigación en la que la Fiscalía había solicitado inicialmente cinco años de cárcel. Según reportó Europa Press, el tribunal consideró la existencia de dos atenuantes: una por dilaciones indebidas en el proceso y otra de anomalía psíquica, fundamentada en los informes sobre rasgos obsesivos que afectaban su capacidad de decisión.

De acuerdo con Europa Press, el procesado admitió ante el tribunal la compra de “sustancias químicas” con las que elaboró diferentes “mezclas explosivas, incendiarias y pirotécnicas”, sin ningún tipo de licencia ni autorización administrativa. El investigado detalló a los medios tras conocer la sentencia que nunca pretendió “hacer daño ni cometer actos vandálicos”, aludiendo a que actuó motivado por una obsesión derivada de problemas personales y el contexto pandémico, y que llegó a gastar miles de euros en la adquisición de estos materiales. “No sabía lo que hacía, estaba completamente obsesionado y me dio por comprar cosas”, afirmó tras la lectura de la sentencia en la Sección Tercera de la Audiencia.

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En la investigación judicial, Europa Press consignó que la Fiscalía había descrito cómo los paquetes intervenidos en el aeropuerto Madrid-Barajas durante los meses de julio incluían sustancias como nitrato de celulosa, clorato potásico y nitrato potásico, elementos comúnmente empleados en la fabricación de pólvora y explosivos. Uno de los envíos pesaba 16 kilogramos y otro, 18 kilogramos. Aunque las sustancias no se catalogan como estupefacientes, los paquetes fueron despachados directamente al domicilio del acusado. Las pesquisas de la Guardia Civil, según consignó Europa Press, revelaron que entre noviembre de 2020 y abril de 2021 se realizaron cuatro pedidos a la misma empresa rusa, y que en julio de 2021 el acusado recibió otro envío en su lugar de trabajo con carbón vegetal refinado, otro elemento utilizado para fabricar pólvora.

El Ministerio Público, consultado por Europa Press, señaló que si bien se comprobó el interés del encausado por comprar nitrato potásico, no se acreditó fehacientemente la adquisición de ese componente en concreto. La investigación culminó el 31 de agosto de 2021 con un registro en el domicilio del acusado, donde se incautaron 5,7 kilogramos de pólvora artesanal ya confeccionada, 43 artefactos explosivos de fabricación casera listos, 19 rollos de mecha, 10 mechas sueltas, 700 cerillas eléctricas y 28,3 kilogramos de precursores de explosivos bajo normativa de restricción. Los agentes localizaron, además, 19 kilogramos de otros productos químicos destinados a la elaboración de artefactos explosivos, 126 tacos de mezcla explosiva prensada, documentación escrita sobre fórmulas de mezclas, maquinaria especializada, herramientas para manipular estos compuestos y otros dispositivos tecnológicos asociados a su actividad.

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Durante la intervención policial, también se realizó una inspección en el vehículo del procesado. Europa Press especificó que se hallaron en el maletero siete artefactos explosivos artesanales, tres rollos de mecha detonadora y un cilindro de cartón preparado para funcionar como mortero en el lanzamiento de explosivos o artefactos pirotécnicos. Según la Fiscalía, toda la pólvora encontrada había sido producida por el acusado, destinada a alimentar los diferentes artefactos intervenidos. Las mechas y los sistemas de detonación estaban enfocados a la fabricación y activación de estos dispositivos caseros.

El análisis de los dispositivos electrónicos incautados aportó más elementos a la investigación. Europa Press describió el hallazgo de una tarjeta de memoria con una carpeta titulada “Pólvoras”, que contenía imágenes del acusado desde 2018 manipulando petardos y cohetes caseros en la vía pública. Se detectó también contenido audiovisual similar a tutoriales sobre tipos de mechas y manuales para la elaboración de artefactos explosivos, además de una imagen indicando las proporciones precisas de componentes para preparar pólvora. Un ordenador portátil almacenaba correos electrónicos relacionados con la adquisición y envío de sustancias como nitrato potásico, nitrato de celulosa y perclorato de potasio, junto con una carpeta que contenía información específica para la fabricación manual de armas de fuego. Los registros del teléfono móvil incluían mensajes, correos, fotografías y vídeos vinculados a la obtención y uso de materiales explosivos, incendiarios y pirotécnicos.

Según Europa Press, la sentencia tuvo en cuenta que la conducta del acusado estaba condicionada por una alteración psíquica reconocida, catalogada como “rasgos disfuncionales de personalidad de carácter obsesivo” que reducían su capacidad volitiva. Esta circunstancia atenuó la condena, que finalmente decreta dos años de prisión y una suspensión de la ejecución de la pena por cuatro años. El encausado reiteró ante los medios su falta de intención dañina y describió cómo la afición a los cohetes, tradicionalmente vinculada a celebraciones festivas, evolucionó hacia una conducta obsesiva que lo llevó a almacenar y manipular grandes cantidades de compuestos peligrosos, muchos de ellos adquiridos a través de internet tras el contacto con un proveedor ruso.

Europa Press relató que entre los manuales y anotaciones manuscritas intervenidas se explicaban de forma técnica los procedimientos para construir artefactos explosivos y pirotécnicos, detallando usos de carcasas cilíndricas y envases plásticos para alojar la mezcla explosiva, junto a sistemas de iniciación conformados por mechas. Algunos tubos de cartón hallados se empleaban para introducir pólvora prensada con maquinaria hidráulica, aportando así a la elaboración artesanal de dispositivos detonadores.

La causa se enmarca en un delito de tenencia o depósito de explosivos, por el que el procesado responde en calidad de autor, bajo las circunstancias atenuantes referidas. Además del decomiso de los materiales incautados, la sentencia prevé medidas de control sobre futuras actividades relacionadas con precursores químicos y artículos pirotécnicos.

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