Esther Gómez
Málaga, 3 feb (EFE).- Miden poco menos de medio metro, son capaces de fregar 400 metros de superficie con dos litros de agua y si se cruzan contigo, te "ponen ojitos" y te piden amablemente que les dejes continuar con su tarea: así son los robots limpiadores modernos.
Hace unos años eran los robots camareros los que, cargados de platos, sorprendían a los clientes en los restaurantes, hoy son los robots limpiadores sin tripulante los que se dejan ver en hospitales, hoteles, recintos aeroportuarios, superficies comerciales o edificios públicos.
Su actividad es más discreta y pasan más desapercibidos entre el público que los que sirven mesas, puesto que apenas interactúan con los clientes. Sin embargo, ahí están y todo apunta a que han llegado para quedarse.
Son la versión profesional de los aspiradores y friegasuelos automáticos que como la estadounidense Roomba -hoy en manos de capital chino- o la española Cecotec se lanzaron al mercado del pequeño electrodoméstico y en la actualidad están presentes en muchos hogares.
Centros hospitalarios como el Regional en Málaga, o el del Alto Guadalquivir, en Andújar (Jaén), aeropuertos como el de la Costa del Sol o la estación marítima de Málaga se han sumado ya al empleo de robots en su limpieza diaria.
“Su objetivo no es reemplazar a los empleados tradicionales, sino facilitarles el trabajo”, explica a EFE Miguel Gorrochategui, delegado comercial de Mersa, que esta semana ha desembarcado en el Palacio de Ferias y Congresos de Málaga (FYCMA) con un expositor en el Salón de Innovación en Hostelería H&T.
Los hermanos mayores de los 'conga' y los 'roomba' ofrecen opciones de trabajo mucho más sofisticadas que las versiones de trabajo domésticas, aunque también son bastante más caros. Los precios de los primeros parten de los 150 euros, mientras que los de los segundos lo hacen desde los 12.000 euros.
Responden a la premisa de “máxima higiene con el mínimo esfuerzo”, destaca Gorrochategui, que ha incidido en cuestiones como el ahorro, tanto de producto como de agua, en el caso de las fregadoras de suelo.
Estos robots pueden llegar a limpiar una superficie de 400 metros cuadrados con poco más de dos litros de agua, precisa.
Además, son capaces de trabajar durante horas sin supervisión, dice Gorrochategui, ya que cuando la máquina está baja de batería ella sola regresa a la estación a recargarse y si el agua está sucia, se acerca a la base a cambiarla, vacía la que ha utilizado y se autorrellena con la limpia. “Nunca las mezcla”, aclara.
De este modo, si se programa para que opere durante la noche, al día siguiente el suelo estará barrido y fregado, y el equipo de limpieza podrá dedicarse a otras tareas que requieren más tiempo y que con frecuencia “se dejan para más tarde porque no son tan urgentes”, como es el caso de los cristales, han apuntado desde Mersa.
Los tipos y prestaciones de la maquinaria autónoma presente en el mercado en la actualidad son muchos y muy variados, tantos como fabricantes, pero generalmente se agrupan en tres grandes grupos: barredoras, aspiradoras y fregadoras.
La programación con la que están diseñadas y la tecnología inteligente con la que están equipadas, común a todas las categorías funcionales, les permite alcanzar “un grado de eficiencia importante”, destaca la empresa. EFE
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