Albares pide al PP que deponga su "actitud obstruccionista" para oficialidad de catalán, euskera y gallego en la UE

El titular de Exteriores acusa a la principal fuerza opositora de obstaculizar la inclusión de lenguas cooficiales españolas en instancias europeas, asegura avances diplomáticos y confía en que pronto se logre el reconocimiento solicitado por el Gobierno

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La cuestión de la oficialidad del catalán, el euskera y el gallego en la Unión Europea ha avanzado desde que el Gobierno español formalizó la petición en agosto de 2023, como parte del pacto de investidura con Junts. Según informó Europa Press, algunos Estados miembros, que inicialmente adoptaron una postura de abstención, han cambiado a una manifestación activa de apoyo tras diversas gestiones diplomáticas bilaterales. Sin embargo, la exigencia de unanimidad para la modificación del régimen lingüístico europeo ha supuesto que haya países que soliciten más tiempo para analizar la propuesta.

El ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares, atribuyó la ausencia de reconocimiento oficial de estas lenguas en la UE a lo que calificó de “esfuerzo irresponsable” por parte del Partido Popular, que, en su visión, ha influido en socios europeos para bloquear el consenso. Según consignó Europa Press, Albares expresó que cada vez que se logra algún progreso en la negociación, observa que el PP contacta a algunos de sus aliados en Europa proporcionando informaciones falsas con el objetivo de frustrar la iniciativa. El titular de Exteriores pidió abiertamente al Partido Popular liderado por Alberto Núñez Feijóo que abandone lo que describió como una “actitud obstruccionista” contraria al espíritu de la Constitución española, que reconoce las tres lenguas como cooficiales. Subrayó además que estas lenguas se emplean con normalidad tanto en el Congreso de los Diputados como en el Senado.

Durante una entrevista concedida a Radio Euskadi, recogida por Europa Press, Albares recalcó que el Gobierno español persiste en su labor diaria para lograr la oficialidad de las lenguas cooficiales en el ámbito comunitario, optando en muchos casos por mantener un perfil bajo en sus gestiones diplomáticas para evitar interferencias. Según declaró, ve la cuestión como una mera cuestión de tiempo y confía en que el reconocimiento llegará, ya que de no ocurrir, a su juicio, implicaría una discriminación. “Tarde o temprano, el catalán, el euskera y el gallego serán lenguas oficiales en la Unión Europea”, afirmó el ministro, quien sostuvo que con o sin la colaboración del PP, el proceso terminará concretándose, aunque reconoce que la oposición solo podrá prolongarlo, no detenerlo.

No obstante, el asunto quedó de momento fuera de la agenda del Consejo de Asuntos Generales (CAG), órgano en el que la iniciativa ha sido debatida en varias ocasiones a expensas de la solicitud presentada por España. Según reportó Europa Press, el secretario de Estado para la Unión Europea, Fernando Sampedro, alegó que la ausencia del tema en el orden del día del Consejo no denota una pérdida de atención por parte del Gobierno. Declaró que “España no va a renunciar jamás a esta prioridad” y señaló que incluso otros aspectos de relevancia, como el Marco Financiero Plurianual, tampoco aparecen en la agenda en esta ocasión.

Sampedro explicó que la presidencia rotatoria de la Unión Europea, actualmente en manos de Chipre, permanece “claramente informada” sobre la relevancia del asunto para el Ejecutivo español, por lo que los trabajos para avanzar en la oficialidad lingüística continúan. Europa Press recogió declaraciones de Sampedro subrayando que la inclusión formal del debate en la agenda del CAG responderá a cuestiones procedimentales que se determinarán en su momento, sin precisar si existe voluntad de retomar el tema en citas futuras.

La labor del Gobierno no se ha limitado al ámbito multilateral, sino que también mantiene conversaciones bilaterales con los países que muestran reservas. Según detalló Sampedro, tras un nuevo contacto individual ocurrido este lunes, la respuesta del interlocutor resultó “muy positiva”, lo que refuerza la postura optimista del Ejecutivo sobre alcanzar la unanimidad requerida. En cuanto al diálogo particular que mantiene España con Alemania, que ha manifestado ciertas dudas ante la oficialidad de las lenguas cooficiales en el ámbito comunitario, fuentes gubernamentales citadas por Europa Press aseguraron que se siguen produciendo contactos, aunque declinaron aportar información adicional sobre el contenido o el avance de esas conversaciones.

Paralelamente a estos esfuerzos en el seno de la UE, el Gobierno de Pedro Sánchez prevé abordar asuntos de interés compartido con el Gobierno vasco, aunque el tema de la oficialidad lingüística no figura entre los puntos formales de la agenda para el próximo encuentro entre el presidente y el lehendakari, Imanol Pradales. De acuerdo con lo que explicó Albares, esta reunión representa un espacio para analizar intereses y retos comunes y explorar posibles avances dentro del marco competencial de cada administración.

Desde la perspectiva del Ejecutivo central, la consolidación de las lenguas cooficiales dentro de los procedimientos institucionales españoles representa un referente para la demanda europea. Tanto en el Congreso de los Diputados como en el Senado se utilizan el catalán, el euskera y el gallego con plena normalidad, lo que según las autoridades debería ser argumento suficiente para su reconocimiento en el marco de la Unión Europea. El Gobierno insiste en la idea de que la incorporación de estas lenguas al régimen lingüístico comunitario corresponde tanto al respeto a la diversidad cultural y lingüística, reconocida en la legislación nacional, como al cumplimiento de compromisos políticos surgidos de acuerdos de investidura.

La solicitud de oficialidad, por tanto, sigue su curso condicionado tanto por los equilibrios internos entre las fuerzas políticas españolas como por los tiempos de negociación en el contexto europeo. Tanto Albares como Sampedro recalcaron, según publicó Europa Press, el carácter estratégico de esta prioridad para España y su convicción de que el proceso finalizará favorablemente, en función del respaldo conseguido entre el resto de los Estados miembros y la persistencia en las gestiones diplomáticas a distintos niveles.