Gregorio Marañón, investido doctor "honoris causa" por la Universidad Rey Juan Carlos

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Móstoles (Madrid), 7 mar (EFE).- Gregorio Marañón, presidente del Teatro Real, ha sido investido este jueves doctor "honoris causa" por la Universidad Rey Juan Carlos en un acto en el que ha ensalzado el ejemplo que este espacio lírico representa cuando los distintos partidos, la administración pública y la sociedad civil colaboran desde el consenso.

Al acto, que es fruto de la decisión aprobada por unanimidad a propuesta del Departamento de Derecho Privado, han asistido el ministro de Cultura, Ernest Urtasun, y el ministro de la Presidencia, Justicia y Relaciones con las Cortes, Félix Bolaños, entre otras personalidades.

Ana Colomer, doctora en Artes Escénicas por la URJC, ha recordado en su "laudatio" "la excepcionalidad" del homenajeado más allá de sus orígenes, pero que lejos de "cobijarse bajo la sombra benéfica" de su abuelo paterno, Gregorio Marañón y Posadillo, supo beber de él de valores "como el respeto al juicio de los demás y la cordialidad en las formas" para comprometerse con la democracia en plena dictadura.

"Es uno de los más destacados gestores de la cultura", ha señalado asimismo, tras destacar algunos de sus numerosos méritos en este ámbito, por ejemplo la constitución de la Fundación Ortega y Marañón y su capacidad para convertir el Teatro Real "en uno de los mejores teatros de Europa".

En su discurso, Marañón ha ensalzado el espíritu de la Transición "hacia un nuevo mundo" y a penalizar sin embargo la pérdida de "consenso social e interpartidista" que ha llevado "al dislate" de haberse promulgado hasta ocho Leyes de Educación en este tiempo, así como "una Justicia cuya lentitud la hace en sí misma profundamente injusta" y una "gravísima crisis de la Sanidad pública con millones de ciudadanos en listas de espera".

El grueso de su discurso lo ha ocupado la reivindicación del "profundo valor estratégico" de la cultura, especialmente la necesidad de su protección desde lo público como se hace en Alemania, por "su valor identitario y su capacidad de generar pensamiento crítico y, al mismo tiempo, utópico, necesario para mejorar nuestra sociedad".

"La institución que presido desde 2008 se ha convertido en un ejemplo de lo que supone la fecunda colaboración en el ámbito de la cultura entre Administraciones Públicas de signo político diferente y con la sociedad civil", ha destacado, tras señalar cómo en los últimos 15 años ha pasado "de la irrelevancia a ser la primera institución de las Artes Escénicas y Musicales de España", con el Opera Award al mejor teatro de ópera del mundo en 2021.

Marañón, que formó parte del Patronato de esta institución desde los primeros esfuerzos para su reapertura en 1995, no ha obviado episodios conflictivos como su dimisión en 1996 al alterarse el modelo de gestión y por "el despido injustificado" de su directora general, Elena Salgado, abriendo una época de "intervencionismo" e inestabilidad, lo que pasa, ha dicho, "cuando la política con minúscula se apodera de las instituciones culturales".

A finales de 2007, a instancias suyas como ha recordado, se modificaron los estatutos para que el presidente del Real fuese elegido por el Patronato, y así pasó a ocupar su actual cargo desde la "independencia" en una etapa donde "ha imperado el consenso", incluso a pesar de "la tormenta económica más grave de la historia reciente", la de 2008, gracias a una reducción de gastos y la sustitución de aportaciones públicas perdidas con nuevos ingresos.

"En 2023, las aportaciones públicas se han reducido a 23 millones de euros, mientras que el patrocinio de la sociedad civil ha superado los 15 millones anuales. A su vez, los ingresos por las representaciones han pasado de 16 a 28 millones de euros. Sin dejar de ser vocacional y administrativamente una institución pública, el Teatro Real es hoy la única institución operística europea relevante cuyas subvenciones públicas apenas llegan al 30 %", ha indicado.

Marañón ha brindado parte de esos logros al director general del Teatro Real, Ignacio García-Belenguer, así como a sus últimos directores artísticos, Gerard Mortier y, en esa misma línea pero "seduciendo mejor al público y a la crítica", Joan Matabosch, junto a los que en plena pandemia lograron convertirse en "el único teatro de ópera del mundo que mantuvo sus puertas abiertas como un símbolo de la significación de la cultura". EFE

jhv/mcm