'Canito', cuarenta años de su adiós al Betis

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Carlos del Barco

Sevilla, 4 mar (EFE).- José Cano 'Canito' lo tuvo todo para ser un figurón del fútbol, pero sus demonios pudieron más y lo arrastraron al infierno de las drogas que acabaron con su vida cuando tenía 44 años y habían pasado ya 16 de su adiós a un Betis en el que dejó la impronta de jugador único, imprevisible, indisciplinado y genial.

Fue un 11 de marzo de 1984 contra el Atlético de Madrid cuando Canito jugó su último partido con la camiseta del Betis, al que había llegado en 1982 y nunca dejó indiferente a nadie por su jerarquía imperial, sus raptos de indisciplina, su genialidad y su porte atrabiliario fuera de los estadios en años en los que no se estilaba.

Su primer partido como verdiblanco fue contra el Español de Barcelona, que entonces aún se escribía con Ñ y que fue el equipo de sus amores y al que llegó después de una infancia procelosa en la que se crio con huérfanos, con fugas del colegio y temporadas viviendo en la calle hasta que el fútbol acudió en su rescate de la mano de quien fue su representante, el madridista y 'perico' Pedro de Felipe.

Lo contó el periodista Manolo Rodríguez en los medios del Betis y lo recuerdan quienes seguía sus andanzas desde muy pronto, desde que fue cedido al Cádiz en el año de la 'mili', volvió a su casa para hacerse titular indiscutible con 22 años y convertirse en internacional en 1978 de la mano de Ladislao Kubala en un partido contra Italia en el que ya estaba Rafael Gordillo, quien a la postre le ayudó tanto en sus tiempos negros y terminales.

Un año más tarde, lo fichó el Barcelona por 40 millones de pesetas, le marcó dos goles al Betis en su debut en el Camp Nou, que nunca le perdonó que celebrara los goles del Español cuando Estos salían en el marcador del estadio y tampoco lo hizo con su personal manera de conducirse dentro y fuera del campo.

Fue en el temporada 1980-1981, el Barcelona jugaba contra el Athlétic de Bilbao y el interés morboso de la tarde era que el Español se jugaba el descenso contra el Hércules y, casi al final, el marcador electrónico informaba de que el paraguayo Morell salvaba a los 'pericos' y Canito cantó el gol en el centro de la defensa blaugrana.

El líbero leridano volvió a Sarriá hasta que no soportó a José María Maguregui y dijo aquello de "o él o yo". Fue Maguregui el que siguió y Canito recaló en el Betis ya con el marchamo de lo que ya era a sus 26 años y un centenar de partidos en Primera, con pasado barcelonista y con intereses de clubes como el Real Madrid, que había visto en él al sucesor de José Martínez 'Pirri', como reflejó en portada la biblia de muchos futboleros que fue la revista Don Balón.

Era tan imprevisible como bueno, capeó polémicas como la que se suscitó entre él y el central santanderino Javier Mantilla, más regular y con menos riesgos como el que el libre catalán corría en jugadas inverosímiles como retar al mexicano Hugo Sánchez y salir airoso con el balón jugado.

Canito agarró la camiseta desde el minuto uno y brilló en un Betis en el que seguía Julio Cardeñosa, ya refulgía Rafael Gordillo como el 'Vendaval del Polígono' y adornaban jugadores como el 'Nene' Suárez, Antolín Ortega, el argentino Gabriel Humberto Calderón, el paraguayo Carlos 'Lobo' Diarte o el 'Pichichi' Hipólito Rincón.

El central barcelonés fue titular con el húngaro Antal Dunai y con el francés Marcel Domingo, con el que quizás jugó su mejor partido como bético en la goleada por 5-1 al Athlétic de Bilbao que Javier Clemente hizo campeón de Liga, aunque su vida privada ya empezó a pasarle factura en los años en los que ocupó el banquillo bético Pepe Alzate, quien, según relata Manolo Rodríguez, le dijo que no contaba con él al inicio de la campaña 1984-95.

Canito abandonó entonces la concentración en Gerona en julio de 1984 y se plantó en Sevilla para rescindir su contrato y el Betis, en penurias económicas ya, no lo dudó por los 7,5 millones de pesetas que le costaba cada una de las tres temporadas que había firmado el libero catalán.

Se iba un jugador único, uno más de los grandes malditos del fútbol, recordado por su juego tanto como por sus trajes que compraba en viajes exclusivos a Italia, sus sombreros, el 'dos caballos' amarillo con el que se movía, su peculiar sentido del dinero que tanto le costó y por extravagancias resultado de su carácter y de sus adicciones.

El Español no lo quiso de vuelta, jugó un año en el Zaragoza y, después un paso fugaz por el Os Belenenses de Portugal y antes de llegar a la treintena, acabó jugando con el Lloret en Tercera: en ese momento los demonios habían acabado en un descenso a los infiernos.

'Arrasado por las drogas apareció un día en el Villamarín para pedirle dinero a sus amigos del Betis. Allá por los 90 largos. Rafael Gordillo hizo una colecta entre la gente que lo apreciaba y le preparó asimismo una bolsa con ropa, que Canito agradeció mucho. Juraba y perjuraba que había dejado las drogas y que era un hombre nuevo. Pero nunca fue verdad', evoca Manolo Rodríguez de quien 'pudo haber sido el Beckenbauer del fútbol español': el 25 de noviembre de 2000 murió en La Pobla de Montornés. EFE

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