Marc Corominas
Barcelona, 20 nov (EFE).- El veterano dirigente del PSC Miquel Iceta abanderó a contracorriente en los años más intensos del "procés" una tercera vía que abogaba por el diálogo, el deshielo y el catalanismo pragmático, un talante que dio personalidad a un PSC entonces en horas bajas y que logró sacar del fango de la polarización política.
Iceta (Barcelona, 1960) no repite en el Consejo de Ministros, donde llegó en 2021, primero para ocupar brevemente la cartera de Política Territorial y Función Pública y, seis meses después, para encargarse del Ministerio de Cultura y Deportes.
Con más de 45 años de militancia socialista, Iceta, el 'barón' más leal a Pedro Sánchez, lo ha sido casi todo en el PSC: fontanero en la Moncloa de felipe González, estratega, resucitador, líder y ministro. E incluso se le podría otorgar el título de adivino.
Cuando no habían pasado ni dos meses de la crisis derivada del 1-O y la declaración unilateral de independencia de Cataluña, sorprendió a propios y ajenos cuando en plena campaña electoral en Cataluña defendió públicamente indultar a los líderes del procés.
Entonces, con el recuerdo todavía fresco de aquel convulso octubre, sus planteamientos recibieron muchas críticas tanto del bloque independentista como desde el constitucionalista y tampoco gustó inicialmente en el PSOE, pero el tiempo terminó dándole la razón y casi cuatro años después el Gobierno aprobó la medida de gracia.
Los indultos que divisó fueron la primera de las medidas del Ejecutivo de Sánchez para apaciguar el clima político en Cataluña, seguida por la reforma del Código Penal para derogar la sedición y que ahora se ha culminado con la amnistía.
Con décadas de trabajo en la sombra y entre bambalinas en el socialismo catalán y español, Iceta dio el paso a la primera línea del PSC en 2014, asumiendo el liderazgo del partido cuando nadie más se atrevía.
Le tocó dirigir a los suyos en plena travesía del desierto, que había empezado con el descalabro del tripartito, el estallido del procés y las dudas internas sobre el derecho a decidir, un desconcierto que amenazaba con convertir en residual a un partido desangrado por las fugas.
Carismático, excelente orador y hábil negociador, Iceta -que se hizo viral bailando al lado de Pedro Sánchez el 'Don't stop me now', de Queen cuando era el presidenciable en las catalanas de 2015- logró estabilizar el partido y emprendió la senda para volver a situar al PSC como uno de los partidos centrales de Cataluña.
Militante socialista desde los 17 años, fue concejal en Cornellà de Llobregat (Barcelona), formó parte de la 'cocina' de la Moncloa en los primeros gobiernos de Felipe González, ascendió como número dos del partido al lado de José Montilla, fue ponente del PSC en la redacción del nuevo Estatut y ha sido uno de los ideólogos de la propuesta federal del PSOE, recogida en la Declaración de Granada.
Siempre fiel a Pedro Sánchez, Iceta se erigió en uno de los 'barones' más influyentes del partido.
Su paso por la certera de Cultura deja como legado una medida muy popular: el bono cultural joven, una ayuda de 400 euros a quienes cumplen 18 años para la compra de libros, discos, entradas de conciertos, videojuegos, etcétera.
No menos relevantes su trabajo para avanzar en el desarrollo del Estatuto del Artista, un marco jurídico adaptado a las particularidades de un sector muy particular y precario.
Se han hecho avances como la primera prestación especial por desempleo para el sector, que podría llegar a hasta 70.000 trabajadores autónomos; o la compatibilidad de la pensión de jubilación con la actividad artística.
Pero le han quedado por culminar cuestiones importantes, como el reconocimiento de la intermitencia laboral que caracteriza a esa profesión a la hora del cálculo de sus cotizaciones. También se quedó a medias por la convocatoria electoral la Ley del Cine y la Cultura Audiovisual que quiere adaptarse a la nueva realidad de las plataformas, así como la de Mecenazgo o el INAEM.
En su faceta de Deportes le ha tocado lidiar con el "caso Rubiales", desatado por el beso en la boca no deseado que le dio el destituido presidente de la Real Federación Española de Fútbol (RFEF) a la futbolista Jenni Hermoso durante la celebración del triunfo español en el Mundial de Australia y Nueva Zelanda 2023.
Adicto a la Coca-Cola Zero -antes prefería la Light- y amante de los gatos y los haikus, en 1999 fue uno de los primeros políticos españoles en declarar su homosexualidad, cuando Jordi Petit, pionero activista LGTBI, le pidió que, como político conocido, diera ese paso adelante. EFE
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