Barcelona, 19 oct. (EFE).- Los pintores y amigos Picasso y Miró se visitan en sus respectivos museos barceloneses en la gran exposición de la conmemoración del cincuentenario de la muerte del pintor malagueño y los 40 años del fallecimiento del artista barcelonés.
En la primera colaboración entre ambas instituciones museísticas, la exposición "Miró-Picasso", que estará abierta al público del 20 de octubre al 25 de febrero, reúne más de 250 obras y documentos de Miró y Picasso, incluyendo 130 piezas que han sido trasladadas de un museo a otro, además de otras de más de 35 instituciones, lo que ofrecerá "una experiencia única para los visitantes", ha remarcado el director de la Miró, Marko Daniel.
Así, los visitantes podrán admirar 76 obras que no se han visto nunca o muy pocas veces en Barcelona como "La masía" (1921-1922), "Sin título (Cabeza de hombre)" (1937) o "Mujer, pájaro, estrella (Homenaje a Pablo Picasso)" (1966-1973), de Joan Miró; y "Las tres bailarinas" (1925), "Figuras a la orilla del mar" (1932) o "La mujer que llora" (1937), de Pablo Picasso.
Comisariada por Teresa Montaner y Sònia Villegas (Fundació Joan Miró), y Margarida Cortadella y Elena Llorens (Museu Picasso), "Miró-Picasso" explora la amistad entre ambos durante más de medio siglo, su común vínculo con Barcelona y su interés común por la poesía, la escritura, la cerámica y la intervención en el espacio arquitectónico y público.
"Después de mí, tú serás quien abrirá nuevas puertas en el arte", le dice Picasso al joven Miró, quien no dejó de admirarlo, pero también de ser crítico, por ejemplo, con su productividad excesiva, ha apuntado Elena Llorens.
El punto de partida de la exposición lo marca el momento en el que comenzó la relación entre Miró y Picasso: el estreno del ballet "Parade" de los Ballets Rusos de Diaghilev en el Liceu, el 10 de noviembre de 1917, con vestuario, telón y escenografía de Picasso, y a partir de ahí traza un recorrido por el largo camino compartido.
Bajo el epígrafe "El encuentro", se documenta la influencia que aquel trabajo de Picasso, que "combinaba el cubismo sintético y una figuración clasiquizante", dejó en el joven Miró, quien dos años después visitó el piso de la madre de Picasso, donde pudo ver las obras que había realizado durante su estancia en Barcelona en 1917, que "le reafirmaron en la idea de evolucionar hacia un clasicismo moderno que pasaba por el cubismo".
Refugiado en 1918 en Mont-roig del Camp (Tarragona), Miró comenzó a desarrollar "un nuevo lenguaje caracterizado por su detallismo" que se plasma en algunas de las obras expuestas como "El caballo, la pipa y la flor roja" (1920), donde se muestra un gallo de Picasso que apareció en un libro de Jean Cocteau, o "Retrato de una bailarina española" (1921), que convive con las picassianas "Arlequín "(1917) y "Mujer con mantilla" (1917).
A partir de ahí, el apartado "El París del surrealismo" se sitúa en 1920, cuando Miró llega por primera vez a la capital francesa con ganas de exponer y con un paquete de la madre de Picasso para entregar a su hijo, y continúan sus paralelismos como en "Llama en el espacio y mujer desnuda" (1932), de Miró, y "Gran desnudo en un sillón rojo" (1929), de Picasso.
En esta sección también se puede contemplar "La danza" (1925) -proveniente de la Tate Gallery de Londres-, la "Bañista sentada" (1930) y "Figuras a la orilla del mar" (1931) del pintor malagueño, que conviven con el "Autorretrato" (1919) y la popular "La masía" (1921-22), del barcelonés, este último procedente de la National Gallery de Washington.
También se puede contemplar el telón para el ballet "Mercure" (1924) de Picasso, que causó una gran impresión en Miró y le confirmó el rumbo que acababa de tomar en su pintura, centrada en la linealidad del dibujo con recursos plásticos mínimos como en "Pintura (El catalán)" (1925) o en su "Retrato de una bailarina" (1928).
Según Teresa Montaner, "Picasso llevó la pintura al límite, se cuestionó la condición del arte pero siempre revisando los clásicos", como en "La niña (Cabeza)" (1929) o en "Las Meninas" (1957), y "Miró, en cambio, lleva la pintura al límite fijándose en las fuentes originarias, en la antigüedad, si bien también se inspira en los maestros flamencos del siglo XVII y en la obra de Rafael "La Fornarina", que versionó a su manera en 1929.
Picasso y Miró coincidieron, sin embargo, en su relación con la escritura y la poesía, como se constata en un ámbito transversal, en el que cobra protagonismo el escritor polifacético Alfred Jarry o los libros de artista con libros de amigos como Georges Hugnet, Tristan Tzara o Paul Éluard; y en la cerámica, que planteó nuevos retos a ambos artistas, subraya Sònia Villegas.
Bajo el epígrafe "Años de guerra" se pueden ver obras creadas por los dos durante la Segunda Guerra Mundial, que a ambos sorprende en Francia, donde Picasso pinta el famoso "Guernica", del cual se exhibe un cuadro preparatorio de la cabeza de un caballo, o la "Cabeza de toro" (1942) que el malagueño cerró con el manillar y el sillín de una bicicleta; y Miró comenzó sus serie de 23 "Constelaciones", que ya concluyó en Mont-roig en 1941, ha explicado Margarida Cortadella.
En la parte final de la exposiciones en ambas sedes, el visitante puede comprobar la consolidación del "estilo Picasso y lenguaje Miró" y su "revolución final", pues ambos reivindicaron su última obra con sendas exposiciones: Picasso, con 90 años, reuniendo 400 obras recientes en 1973 en Avignon (Francia), y Miró, con 81 años, con una gran retrospectiva en 1974 en el Grand Palais de París.
Concluye el recorrido con la sección "Miró homenajea a Picasso", en el que se exhibe "Mujer, pájaro, estrella (Homenaje a Picasso)", que concluyó el día de la muerte del pintor andaluz, o la portada que hizo para La Vanguardia en la celebración del centenario de su nacimiento. EFE
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