Inés Escario
Lanuza (Huesca), 30 jul (EFE).- El Festival Pirineos Sur despidió su trigésima edición en francés y en portugués. Lo hicieron en femenino plural Zaz y Luisa Sobral en una noche mágica para los casi cinco mil espectadores que hicieron lleno a las orillas del embalse de Lanuza, en Huesca.
La lisboeta Luisa Sobral ha abierto el concierto con ‘‘Quero morar numa canção’, como si se tratara de una invitación al público a que se quedara a vivir en sus delicadas canciones, al menos, durante la casi hora y media que ha durado su concierto.
“Buenas noches, ¡estoy super feliz de estar aquí!”, ha anunciado, confesando que hace una década vio una foto del escenario flotante del embalse de Lanuza y dijo: “Yo quiero tocar aquí”.
Entonces, Sobral, que es una contadora de historias y que habla castellano a la perfección, se ha metido a todo el mundo en el bolsillo, como demostraban los asistentes con risas y aplausos, contando cómo había pasado el día en el valle de Tena, nadando y haciendo senderismo.
Y también tienen su propia historia las que han venido a continuación, ‘Maria do Mar’ y ‘Maria Feliz’, dos de las más bellas de su repertorio, perfectas para su voz cristalina, y que anunciaban una batería de canciones que muestran la sensibilidad musical y personal de su autora.
Momento mágico ha sido el de ‘Só um beijo’, que grabó con su hermano, Salvador Sobral, para quien en 2017 compuso la canción ganadora de Eurovisión, ‘Amar pelos dois’.
Un espacio privilegiado ha ocupado su nuevo disco, ‘DanSando’, que escribió durante la pandemia al darse cuenta de que todas sus canciones eran demasiado “tristes” como para bailarlas con sus hijos.
Así que compuso temas que mostraran también su lado más feliz y que han salido de su hogar para poner en movimiento a públicos de todo el mundo en su gira.
‘Amo como eu sei’, ‘Serei sempre una mulher’ y ‘O quadro que pintei’, con la que se ha despedido, han sido algunas de las más aclamadas.
Era el turno de la reina de la canción francesa y del jazz gypsy de la cantautora francesa Zaz. Antes de que apareciera, su banda tocaba ya los primeros acordes de ‘Les jours heureux’, de su último disco, ‘Isa’.
La voz de la artista se ha comenzado entonces a escuchar, pero no en el escenario. Las miradas del público la buscaban entre bambalinas o en una embarcación en el lago, pero entonces cientos de manos han señalado a una zona de las gradas, por donde cruzaba, empuñando el micrófono, la voz que esperaban.
“En el escenario quise celebrar los cinco elementos: aire, tierra, agua, fuego y vosotros. Cuando todo está demasiado oscuro enciendo velas, me recuerdan que la llama sigue vive dentro de mí”, ha dicho ya sobre el escenario Zaz, mientras realizaba ese acto simbólico.
La primera parte de su concierto la ha dedicado a su disco más reciente, ‘Isa’, que es el diminutivo de Isabelle Geffroy, su nombre, con temas como ‘Imagine’ o ‘De couleurs vives’.
En el concierto ha habido momentos emocionantes, como la interpretación de ‘Ma valse’, que ha dedicado a su madre, acompañada al piano, en un escenario iluminado de pequeñas lucecitas que acompañaban a la vela encendida, que representa el elemento de Zaz: fuego.
“¿Conocéis mi gusto por el swing y por el jazz? Me gusta toda la música, pero esta forma parte de mí”, ha preguntado antes de comenzar a cantar ‘Les passants’, con buena parte de los asistentes tocando palmas y coreando: “Passe, passe, passera. La dernière restera”.
Ha llegado entonces el momento más danzante del concierto, con temas como ‘Comme-ci, come-ça’, ‘Paris sera toujours’ o una versión rockera de ‘La fée’, que seguro que ha permitido a la incansable Zaz entrar en calor ante los 14 grados a los que ya había descendido este entorno entre agua y montañas.
Piano y voz han comenzado su ‘Dans ma rue’, en un escenario teñido de un azul que tan bien encajaba con los toques swing de esta canción. Un tema que ha servido de transición para la sensación que iba a causar la versión de ‘Clavelitos’, que la cantante descubrió gracias a la Tuna de Ávila que visitó en su día su colegio.
Entre clavel y clavel, el público había calentado de sobra su voz para poder entonar temas como ‘Éblouie par la nuit’, que brilla en la garganta de la francesa, y ‘Je veux’, canción que la catapultó a la fama mundial hace más de una década y que inauguró la jornada de baño nocturno en el embalse.
Desde entonces, Zaz se ha hecho un merecido hueco en la ‘chanson française’, lo que le ha permitido despedirse, tras volver por sonada aclamación, con su maravillosa versión 'La vie en rose', del mito del género, Édith Piaf.
Con ellas, Zaz y Sobral, y la pinchada de ‘Face Down Ass Up’ ha dicho adiós el festival que este año soplaba 30 velas y que ha acogido a otros tantos artistas en su escenario. ‘Au revoir, Tchau!’. EFE
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