Shangay cumple 30 años: de la primera carroza del Orgullo a descubrir a Mónica Naranjo

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Paula Boira Nacher

Madrid, 29 jun. La revista Shangay -primero conocida como "Shangay Express"- fue uno de los hitos de la historia LGTBI+ de España. Creada en 1993, sus páginas contienen anécdotas como la creación de la primera carroza del Orgullo de Madrid o el descubrimiento de la cantante Mónica Naranjo, una historia que este 2023 cumple 30 años.

"Estábamos allí en el momento adecuado en el sitio adecuado", relata a EFE el cofundador y director de la revista, Alfonso Llopart, que junto al periodista Jose Mola y al director de arte del magacín, Roberto S. Miguel, ha publicado el libro "Memorias de Shangay. 30 años de historia LGTBI+ en España".

LOS INICIOS DE SHANGAY

Como no, Shangay nace en Chueca, que en aquel momento era un "barrio marginal del centro de Madrid con mucha droga, mucha prostitución y mucha delincuencia, pero donde casualmente también estaban la mayoría de los bares dirigidos a gais y lesbianas", relata Llopart.

Esa situación hacía que los locales fueran muy baratos, lo que provocó que algunos de los clientes de esos establecimientos se animaran a abrir negocios "de día", como la librería Berkana.

Es en ese momento cuando Llopart y Roberto S. Miguel decidieron crear la fiesta "Shangay Tea Dance", que en 1993 empezó a celebrarse los domingos en el China Club a imagen y semejanza de las fiestas gais a las que su director acudía durante su etapa estudiantil en Londres.

El director de Shangay cuenta también como en ese momento las revistas gais españolas tenían un marcado "carácter reivindicativo", o eran de contenido erótico o pornográfico.

"No existían revistas de entretenimiento", asegura Llopart, quien se dio cuenta de que las publicaciones con contenido cultural y de ocio, con entrevistas a iconos LGTBI+ o reportajes de moda y belleza dirigidas al hombre gay "brillaban por su ausencia", una coyuntura que junto a su socio Roberto aprovechó para lanzar el primer número de Shangay Express en septiembre de 1994.

El primer objetivo de la publicación era promocionar la Shangay Tea Dance. Tenía 4 páginas y contaba con secciones como un recorrido por la nocturnidad gay madrileña, el horóscopo y entrevistas falsas.

Más adelante se introdujo un consultorio de salud con consejos sobre temas como el VIH, las drogas o los esteroides y anabolizantes, así como una página de "contactos", a través de la que muchos gais que no habían salido del armario, no se movían en el ambiente o no vivían en una gran ciudad podían conocer gente del colectivo.

"Acabó convirtiéndose en el diario de Chueca", cuenta Llopart, a quien los dueños de los negocios del barrio le pedían anunciarse en las páginas de su revista.

LA NECESIDAD DE HACERSE VISIBLE

Sobre la necesidad de una revista dirigida expresamente al público gay, el director de Shangay apunta que "estamos hablando de una época en la que visibilizarse era complicado" porque había "muy pocos referentes positivos del colectivo".

"Contribuimos a crear una sensación de comunidad, a que la gente se sintiera más unida", defiende.

No obstante, el director lamenta que se haya criticado a la revista por no ser "reivindicativa al uso", ante lo que Llopart argumenta que su idea siempre ha sido "utilizar la cultura, el ocio y el entretenimiento para visibilizar una realidad que en aquel entonces era difícil de ver y que no tenía una imagen positiva".

"Hicimos que hubiera un sitio donde personas reconocidas e importantes hablaban con naturalidad y daban su apoyo al colectivo", expresa Llopart, quien asegura que mucha gente se ha acercado a él para contarle que leía la revista a escondidas y le ayudaba a "conocerse a si mismo, reivindicarse y dejar de ocultarse".

Ese trabajo, defiende el director de Shangay, fue "un granito de arena a la normalización y los avances en derechos de España", que, en sus palabras, "ha pasado de ser un país católico, apostólico y romano, de tradiciones y valores, a un país líder en derechos humanos".

LA PROFESIONALIZACIÓN DE LA REVISTA

"El primero que se dio cuenta de que estábamos haciendo un medio de comunicación fue Pedro Zerolo", señala Llopart, que en el libro cuenta como el activista y exdiputado socialista les hizo crear una empresa editorial y se convirtió en el socio capitalista aportando cuatro millones de pesetas.

A partir de entonces vinieron las anécdotas más preciadas de la revista, como crear la primera carroza de la marcha del Orgullo de Madrid en 1996, ser la primera publicación en España en sacar a Mónica Naranjo en portada en 1997 o celebrar el número 100 de la publicación con una actuación de Cher en 1998.

Esos hitos supusieron que las discográficas pusieran el ojo en la revista al "darse cuenta de que los gais también compraban discos y de que había artistas que están claramente enfocados a la comunidad", explica Llopart.

Así, entre las portadas de Shangay destacan caras como las de Alaska, Marta Sánchez, Miguel Bosé, Ana Torroja, Luz Casal, Beyoncé Malú o Vanesa Martín.

"Todo el mundo se ha sentido cómodo a la hora de hablar con nosotros y han contado historias muy íntimas", resalta Llopart, que recuerda el caso del actor Alejandro Amenábar, quien durante la promoción de su película "Mar Adentro" contó en Shangay que era gay.

La razón de esta confianza, según el director, reside en que Shangay "no hacía titulares porque, como era gratuita, no tenía la necesidad de vender revistas".

"Soy gay no es un titular para nosotros, siempre hemos respetado las decisiones y los tiempos de cada uno", asevera.

UNA MIRADA HACIA EL FUTURO

Sobre si revistas como Shangay siguen siendo necesarias, Llopart asegura que "desgraciadamente aún hay personas que viven situaciones de violencia y discriminación en sus casas, colegios o en la calle". "Todavía no ha llegado el momento en el que un niño LGTBI+ puede hablar abiertamente sin ser discriminado", lamenta.

Hasta entonces, avisa el director de Shangay, "todo lo que se pueda hacer es necesario y fundamental para que los que nos quieren devolver a las cavernas, que tienen nombres y apellidos, sepan que no tienen nada que hacer".

"Ha llegado un momento de parar a esta gente los pies y dejarles claro que no hay sitio para ellos, que el tren de la diversidad ha salido ya y si no quieren subir se quedan en el andén con todo lo que eso significa", alega Llopart. EFE

pbn/aam