El misterio de las células del hígado, ¿un arma de doble filo?: regeneradoras de un órgano vital y posibles precursoras del cáncer

La extraordinaria capacidad de regeneración del hígado podría tener un precio a pagar

Una científica investiga en un laboratorio con una muestra de células (Magnific)
Una científica investiga en un laboratorio con una muestra de células (Magnific)
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El hígado es el único órgano del cuerpo humano capaz de regenerarse por completo tras perder o extirpar hasta el 75 % de su masa, lo que confiere una extraordinaria habilidad para la supervivencia. Este órgano vital, indispensable para la digestión, el metabolismo y la eliminación de toxinas, puede reemplazar las células hepáticas dañadas en un periodo de tiempo muy breve.

Sin embargo, en los últimos años, la comunidad científica ha empezado a observar con otros ojos esta aptitud del hígado, cuyos mecanismos moleculares que permiten esa reparación podrían estar relacionados con el desarrollo del cáncer cuando existe daño crónico. Pero, ¿hasta qué punto esa capacidad para regenerarse pueden aprovecharlas las células tumorales para sobrevivir y multiplicarse?

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La cuestión encierra una paradoja biológica para la investigación oncológica: un proceso diseñado para preservar la vida puede convertirse, en determinadas circunstancias, en un factor que favorezca una enfermedad potencialmente mortal.

El hígado está expuesto continuamente a sustancias, agentes infecciosos y señales metabólicas que pueden provocar lesiones, puesto que él mismo es el principal órgano encargado de depurar dichas toxinas. Para responder a estas agresiones, dispone de sofisticados mecanismos de reparación en los que sus células funcionales, los hepatocitos, pueden multiplicarse para recuperar el tejido perdido y restablecer su actividad.

En condiciones normales, esta respuesta está estrictamente regulada. El problema aparece cuando el órgano permanece sometido a agresiones continuadas, como sucede en la hepatitis crónica, la cirrosis o determinadas enfermedades hepáticas metabólicas. En estos escenarios, la regeneración deja de ser una respuesta puntual y puede convertirse en un proceso repetitivo, acompañado de inflamación y alteraciones celulares.

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Investigadora trabajando en un laboratorio con muestras de ADN (Magnific)
Investigadora trabajando en un laboratorio con muestras de ADN (Magnific)

Células dañadas que se escapan

Uno de los trabajos que mejor ha explorado esta relación fue publicado en 2010 en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS), en el que el equipo estudió a un grupo ratones modificados genéticamente para desarrollar inflamación hepática crónica y observó que, tras una extirpación parcial del hígado, se aceleraba el desarrollo de tumores. En sus conclusiones, los investigadores plantearon que las células previamente dañadas por la inflamación podían escapar de los mecanismos de senescencia y muerte celular y volver a entrar en el ciclo de proliferación. El resultado apuntaba a una conexión entre daño genético, regeneración y carcinogénesis, aunque sus conclusiones proceden de modelos animales y no deben trasladarse directamente a pacientes.

Entre las investigaciones más recientes sobresale una revisión publicada en 2023 por el Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (CNIO) donde se analizó cómo los mecanismos regenerativos podrían influir en el desarrollo del carcinoma hepatocelular, uno de los tumores hepáticos más frecuentes y agresivos.

No obstante, los autores advierten de que la relación entre regeneración y cáncer todavía no está completamente esclarecida. Entre las cuestiones pendientes figura determinar si existen subpoblaciones de hepatocitos con características metabólicas o genéticas particulares que participan tanto en la reparación del tejido como en la formación de tumores. No se trata, por tanto, de afirmar que la regeneración provoque cáncer, sino de comprender cómo un proceso fisiológico puede verse alterado por un entorno patológico.

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Un cáncer difícil de detectar

A la complejidad biológica de esta paradoja del hígado se suma otro desafío: detectar el tumor antes de que avance. El carcinoma hepatocelular puede desarrollarse sin síntomas específicos en sus primeras fases, especialmente en pacientes con enfermedades hepáticas crónicas. En España, la Sociedad Española de Oncología Médica (SEOM) estima que más de 6.800 personas desarrollarán cáncer de hígado en 2026.

La vigilancia mediante ecografía, habitualmente acompañada de análisis de alfafetoproteína, permite identificar muchos casos, pero no todos. Un metaanálisis publicado en 2023 en Liver Cancer, que incluyó 7.131 pacientes, encontró limitaciones en la visualización del hígado en el 48,9 % de las ecografías analizadas, obstaculizando así la identificación de lesiones pequeñas.

En la actualidad, la investigación continúa buscando métodos más precisos para identificar estos tumores en fases iniciales. Mientras tanto, la regeneración hepática plantea una cuestión fundamental para la medicina: cómo conservar su extraordinaria capacidad reparadora sin favorecer los procesos celulares que pueden conducir a la malignidad oncológica.

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