
El fútbol español está de luto. Al accidente ferroviario en Toledo se sumó ayer jueves la muerte de Michel Pineda, leyenda del Espanyol. La noticia la dio Andrés Merello, director de comunicación del club, al terminar la rueda de prensa de Sergio García, la primera como entrenador interino tras la destitución de Manolo González tras la eliminación en Copa del Rey.
Pineda nació en Gien (Francia) el 9 de junio de 1964, pero jugó con España porque sus padres eran vitorianos. Con la selección sub-21 ganó el Europeo de 1986 y fue olímpico en Seúl 88. Con el Espanyol estuvo entre 1984 y 1990 y disputó la final de la Copa de la UEFA de 1988, la que se perdió ante el Bayer Leverkusen. Deja dos hijas, las gemelas María y Aloma.
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El club lo despidió con un “Glòria als herois de l’Espanyol”, en un comunicado que lo describía como un futbolista carismático y elegante que cautivó a todos los aficionados. Su nombre figura en la puerta 88 del RCDE Stadium, junto al de su amigo Ernesto Valverde.
Nació en Francia por una desgracia
Sus padres vivían en Vitoria y se trasladaron a Francia para salvar a su primer hijo, que no caminaba por diferencias en la médula espinal. En España no había cura, y en Francia tampoco la encontraron: el niño murió. Después nacieron Michel y su hermano, y la familia decidió quedarse. De ahí, y de su forma de jugar, le vino el apodo de ‘monsieur’.
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A los 16 años lo fichó el Auxerre, un club que le permitiría no alejarse de casa. Allí conoció a Eric Cantona, con quien compartió habitación y una amistad para toda la vida. Cuando el delantero del Manchester United atravesaba problemas, se refugiaba en la casa de Michel en Barcelona. Los dos llegaron a escribir una carta ofreciéndose al Alavés. Nadie les contestó.
Los dirigía Guy Roux, que estuvo 44 años en el banquillo del Auxerre. Según se cuenta, se llevaba a Pineda a ver partidos y, cuando quería castigarlos, mandaba a Cantona y a él a pintar las vallas del campo.
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Seis años en Sarrià
El Espanyol fue a por él en 1984, y Ramón París fue el gran artífice del fichaje. Pineda aconsejó que se trajeran también a Cantona, pero este ocupaba plaza de extranjero. En su primera temporada en Primera marcó 14 goles, los mismos que dos campañas más tarde, cuando el equipo acabó tercero en la Liga 1986-87 y se clasificó para la UEFA.
La campaña europea siguiente es la que quedó para siempre en la memoria perica. El equipo de Javier Clemente eliminó al Milan, al Inter y al Brujas. Pineda aportó tres goles: dos al Borussia Mönchengladbach y uno al Vitkovice. Es más, en la eliminatoria ante los alemanes fue capitán porque hablaba francés, igual que el árbitro.
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En la final, el Espanyol ganó 3-0 en Sarrià, pero perdió por el mismo resultado en Alemania y el título se escapó en la tanda de penaltis. “Éramos una banda que jugaba con alegría y todo se vino abajo en media hora”, recordó Pineda en El Periódico. Se despidió como el 25.º futbolista con más partidos en la historia del Espanyol, solo dos más que el propio Sergio García.
El gol que lloró
Tras dejar el Espanyol, pasó por el Toulon, el Racing de Santander, el Lleida y el Alavés, donde se retiró en 1996. Fue en el equipo de Cantabria donde le tocó vivir su gol más amargo. El 23 de junio de 1993, en Sarrià, marcó el único tanto de la promoción por la permanencia entre el Racing y el Espanyol, y con él mandó a su exequipo a Segunda.
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No lo celebró: lloró en el vestuario. Para entonces ya se declaraba perico, algo de lo que hizo gala hasta el final.

Pineda vivió en Andorra y después en Tarragona. Jugaba al pádel desde los 90, y el hermano de Sergi Casal llegó a proponerle que se hiciera profesional. Hacía años que no cogía una pala, pero se mantenía en forma, y se dedicaba a sus hijas.
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