La ciencia lo confirma: estos cinco hábitos mejoran tu memoria y tu capacidad de estudio, según un psicólogo

Algunos factores pueden favorecer que la información se consolide y pueda recuperarse posteriormente

Para retener la información pueden llevarse a cabo varias técnicas de memoria (@amv.psicologia / Montaje Infobae)
Para retener la información pueden llevarse a cabo varias técnicas de memoria (@amv.psicologia / Montaje Infobae)
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La memoria no es un almacén en el que los recuerdos y los conocimientos quedan guardados de forma automática, puesto que recordar implica varios procesos que requieren un esfuerzo: prestar atención a la información, incorporarla y, después, ser capaz de recuperarla cuando se necesita. Por eso, la manera en la que se adquiere un conocimiento puede influir tanto en que permanezca en la memoria como en que termine olvidándose.

Además, olvidar forma parte del propio funcionamiento de la memoria. No todo lo que aprendemos se conserva con la misma facilidad ni durante el mismo tiempo. La buena noticia es que la investigación sobre aprendizaje y memoria ha identificado algunos factores que pueden favorecer que la información se consolide y pueda recuperarse posteriormente.

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El psicólogo Alberto Miranda, psicólogo general sanitario, aborda precisamente esta cuestión en uno de sus vídeos publicados en redes sociales (@amv.psicologia). En la publicación, el especialista explica qué puede ayudar a que aquello que aprendemos permanezca durante más tiempo y podamos recuperarlo cuando lo necesitemos.

Intentar recordar en lugar de releer

La primera recomendación consiste en cambiar la forma habitual de repasar. En lugar de leer una página varias veces, Miranda propone cerrar el libro e intentar explicar qué se acaba de aprender. Es lo que se conoce como práctica de recuperación: hacer un esfuerzo por traer la información a la memoria en lugar de limitarse a volver a verla.

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“Recordar es una forma de aprender”, resume el psicólogo. Una investigación de 2021 sobre el llamado efecto de prueba respalda esta idea: los estudios han encontrado que recuperar activamente información puede favorecer más su retención posterior que limitarse a estudiarla de nuevo.

Repartir el estudio en el tiempo

La segunda estrategia es evitar concentrar todo el aprendizaje en una única sesión. Miranda lo plantea de forma muy gráfica: “No estudies todo de golpe”. La práctica espaciada consiste en distribuir las sesiones de aprendizaje a lo largo del tiempo. De hecho, los análisis de investigaciones sobre aprendizaje han encontrado ventajas de esta distribución frente a concentrar las sesiones, especialmente cuando se pretende conservar la información durante más tiempo.

Por eso, como apunta el psicólogo, “cuatro repasos repartidos pueden ser mucho más interesantes que una paliza de cuatro horas el domingo”.

Ponerse a prueba antes de estar preparado

La tercera propuesta está relacionada de nuevo con la recuperación activa, pero añade un elemento importante: no esperar a dominar completamente el contenido para empezar a comprobar cuánto se recuerda.

“Ponte a prueba antes de sentirte preparado”, recomienda Miranda. Para hacerlo, propone utilizar preguntas, tarjetas o simplemente intentar escribir lo que se sabe sin consultar los apuntes. La práctica de recuperación puede contribuir a ralentizar el olvido y, además, el esfuerzo necesario para recuperar una información puede formar parte del propio proceso de aprendizaje.

No se trata, por tanto, de comprobar únicamente si ya se sabe la respuesta, sino de utilizar el intento de recordarla como una herramienta de estudio.

Prestar atención de verdad

La cuarta clave parece más sencilla, pero resulta fundamental: atender. “Cuando quieras recordar algo, préstale atención de verdad”, explica Miranda. La razón es que la información necesita ser atendida y procesada para poder quedar posteriormente almacenada y recuperarse.

Un estudio publicado en Nature reveló que los lapsos de atención estaban relacionados con una mayor probabilidad de olvidar posteriormente la información. La investigación también observó una relación entre una mayor tendencia a realizar varias tareas con medios digitales y los lapsos de atención. La conclusión que extrae el psicólogo es directa: para recordar algo, primero hay que haberle prestado atención.

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Combinar las estrategias y alejar el móvil

La quinta propuesta no añade una nueva técnica, sino que reúne las anteriores. “No leas diez veces lo mismo. Aprende, intenta recuperar sin mirar, comprueba tus errores y vuelve a intentarlo días después”, resume el psicólogo. Y todavía queda un último consejo: sacar el teléfono del lugar de estudio. Miranda recuerda una investigación sobre el efecto de la mera presencia del móvil en la capacidad cognitiva. La investigación mencionada reveló que tener el propio teléfono cerca podía reducir la capacidad cognitiva disponible incluso cuando no se estaba utilizando.

De ahí su recomendación final: “Así que deja el móvil fuera”. Porque, como plantea Miranda al cerrar el vídeo, quizá el problema no sea tener “mala memoria”, sino no haber aprendido todavía cómo estudiar de una manera que ayude a la memoria a trabajar mejor.

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