¿Estamos cerca del fin del tratamiento diario para el VIH?: el reto de la medicina por dominar una enfermedad controlable, pero incurable

Los nuevos anticuerpos que buscan la remisión del patógeno se postulan como el tratamiento del futuro del VIH

Un farmacéutico sostiene un frasco de Lenacapavir, el nuevo medicamento inyectable para la prevención del VIH (AP Foto/Nardus Engelbrecht, Archivo)
Un farmacéutico sostiene un frasco de Lenacapavir, el nuevo medicamento inyectable para la prevención del VIH (AP Foto/Nardus Engelbrecht, Archivo)
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Durante más de cuatro décadas, uno de los grandes objetivos de la investigación sobre el Virus de la Inmunodeficiencia Humana (VIH) ha sido conseguir que la enfermedad pueda permanecer controlada sin necesidad de un tratamiento antirretroviral continuo. Hoy, gracias a los medicamentos disponibles, una persona diagnosticada y tratada puede llevar una vida larga y saludable, y cuando mantiene una carga viral indetectable no transmite el VIH por vía sexual.

Sin embargo, todavía no somos capaces de eliminar el virus del organismo, algo que no solo implica que el paciente dependa de forma crónica de un tratamiento (ya sea tomándolo diariamente o unas pocas veces al año con los fármacos de acción prolongada), sino que también puede acarrearles, en muchas ocasiones, el sufrimiento de un estigma social.

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Ese es precisamente el problema que intenta abordar una nueva estrategia basada en anticuerpos ampliamente neutralizantes. Los resultados del ensayo internacional RIO, que acaban de ser publicados en la revista Nature Medicine, muestran que la combinación de dos anticuerpos han conseguido retrasar de forma notable el rebote viral después de interrumpir temporalmente la terapia antirretroviral.

Una enfermedad controlable, pero incurable

La diferencia entre controlar el VIH y curarlo es fundamental. Los antirretrovirales impiden que el virus se multiplique y permiten que el sistema inmunitario se recupere. No obstante, una pequeña cantidad de material viral puede permanecer en determinadas células, formando lo que se conoce como reservorio viral. Mientras una persona continúa tomando tratamiento, ese reservorio permanece generalmente bajo control; cuando se interrumpe la terapia, algunos virus pueden volver a replicarse y provocar un rebote de la carga viral.

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Por ello, la investigación sobre una posible remisión no consiste simplemente en encontrar un medicamento que reduzca la cantidad de virus en sangre. El desafío es conseguir que el propio sistema inmunitario, ayudado por otras intervenciones, mantenga a raya el virus residual durante largos periodos.

Según datos de ONUSIDA y la Organización Mundial de la Salud (OMS), en torno a 41 millones de personas vivían con VIH en el mundo en 2025, lo que equivale a toda la población de Canadá. Además, ese mismo año se produjeron alrededor de 1,3 millones de nuevas infecciones y 630.000 muertes relacionadas con el SIDA (Síndrome de Inmunodeficiencia Adquirida), la fase más avanzada del VIH.

Los avances son enormes respecto a décadas anteriores, pero también muestran que la respuesta mundial todavía tiene importantes brechas. De hecho, nueve millones de personas no tienen acceso a los tratamientos antirretrovirales que les permitirían llevar la enfermedad como una patología crónica y controlable.

Imagen de archivo de una vacuna (AdobeStock)
Imagen de archivo de una vacuna (AdobeStock)

Lo que traen los nuevos anticuerpos neutralizantes

Los llamados anticuerpos ampliamente neutralizantes, o bNAb, son moléculas capaces de reconocer determinadas regiones del VIH y bloquear diferentes variantes del virus. La idea es distinta de la de los antirretrovirales tradicionales: en lugar de actuar principalmente sobre las proteínas necesarias para la replicación viral, los anticuerpos se unen al virus y dificultan que infecte nuevas células.

El problema es que el VIH presenta una enorme diversidad genética y puede desarrollar resistencia. De ahí que el ensayo RIO utilizara simultáneamente dos anticuerpos, 3BNC117-LS y 10-1074-LS, dirigidos contra diferentes zonas del virus. Además, las modificaciones “LS” permiten prolongar su permanencia en el organismo, reduciendo la frecuencia de administración.

En el estudio, los 68 participantes fueron distribuidos aleatoriamente entre el grupo que recibió los dos anticuerpos y el grupo placebo. Todos interrumpieron temporalmente el tratamiento antirretroviral bajo estricta supervisión médica. Además, el protocolo establecía criterios para reiniciar la terapia si la carga viral aumentaba de forma sostenida, descendían los CD4 o aparecían síntomas, entre otras circunstancias.

El resultado más llamativo fue la duración del control. La mediana de tiempo hasta reiniciar el tratamiento fue de 45,4 semanas en el grupo de anticuerpos frente a 4,6 semanas con placebo. A las 96 semanas del ensayo, siete de los 29 participantes evaluables que habían recibido los anticuerpos continuaban sin tratamiento y con el virus controlado, frente a dos de 32 en el grupo placebo. Esto no significa, sin embargo, que los participantes estuvieran curados.

Uno de los aspectos más interesantes del trabajo es que no todos los participantes respondieron de la misma manera. Los investigadores encontraron una relación entre la sensibilidad inicial del virus a los anticuerpos y el tiempo que tardó en producirse el rebote, lo que apunta hacia una cuestión central en la investigación de la remisión: el reservorio no es idéntico en todas las personas. Su tamaño, composición y sensibilidad a las defensas inmunitarias pueden influir en la capacidad de mantener el virus bajo control.

Mientras estas investigaciones exploran lo que podría ser el futuro del tratamiento, la tasa de infectados en España continúa descendiendo. De acuerdo con los últimos datos del Ministerio de Sanidad, en 2024 se notificaron 3.340 nuevos casos de VIH. No obstante, la detección precoz sigue siendo un reto, en tanto que el 51,1% de los casos recibió un diagnóstico tardío.

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De los anticuerpos a una posible remisión

El RIO no supone el final del camino, sino una demostración de que es posible prolongar el control del VIH después de retirar temporalmente los antirretrovirales en determinados pacientes. El siguiente reto será comprobar si estos resultados pueden reproducirse en poblaciones más amplias y diversas, durante periodos más largos y con diferentes combinaciones de anticuerpos.

La propia composición del ensayo obliga a interpretar los resultados con cautela: todos los participantes eran hombres adultos, la mayoría blancos, y habían iniciado el tratamiento muy pronto después de adquirir el VIH. Además, las características del reservorio se estudiaron principalmente en sangre, que no representa necesariamente todos los compartimentos donde puede persistir el virus.

La investigación sobre el VIH se encuentra así en un momento peculiar. Por un lado, los tratamientos actuales permiten controlar la infección de forma extraordinariamente eficaz. Por otro, las nuevas estrategias de acción prolongada, como Lenacapavir, intentan ir un paso más allá: no solo impedir que el virus se multiplique mientras dura el tratamiento, sino conseguir que el organismo pueda mantenerlo bajo control durante periodos prolongados sin medicación diaria.

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