Bacterias en la orina, una fuente de testosterona: así es la relación entre el cáncer de próstata y el microbioma urinario

Ciertos microorganismos capaces de transformar precursores hormonales en testosterona plantean nuevas preguntas sobre su posible influencia en la próstata

Trabajos en un laboratorio (Magnific)
Trabajos en un laboratorio (Magnific)
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La orina es mucho más que agua y sustancias de desecho disueltas. En ella podría estar la clave para comprender mejor el comportamiento del cáncer de próstata, el más común en hombres en todo el mundo. El descubrimiento de que las bacterias presentes en la orina pueden producir testosterona supone un paso adelante en la investigación de esta enfermedad que cada año deja en torno a 34.800 nuevos casos en España, según datos de la Sociedad Española de Oncología Médica (SEOM).

Investigaciones recientes, como la publicada en Nature Communications por la Universidad de Illinois en Urbana-Champaign, describen cómo cepas de Actinobaculum massiliense obtuvieron la capacidad de sintetizar andrógenos a partir de precursores, mediante rutas enzimáticas únicas, lo que puede afectar el entorno hormonal de la próstata y tener un impacto directo en el desarrollo y progresión del cáncer.

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El equipo de investigadores analizó muestras de orina de 27 pacientes del Carle Foundation Hospital, obtenidas antes de someterse a biopsias prostáticas. Mediante el ensayo funcional Human Sterolbiome Discovery High-throughput (HSDH), los científicos buscaron microorganismos capaces de transformar compuestos esteroideos en andrógenos. El análisis permitió identificar tres cepas de A. massiliense y ocho de Propionimicrobium lymphophilum con esta capacidad.

Un paciente de cáncer de próstata acude al urólogo (Shutterstock)
Un paciente de cáncer de próstata acude al urólogo (Shutterstock)

El genoma de las bacterias

El hallazgo más llamativo se produjo al estudiar el genoma de las bacterias. Los investigadores identificaron en A. massiliense dos genes, denominados dirA y dirB, implicados en la conversión de DHEA en testosterona. A diferencia de las rutas habituales de síntesis de andrógenos en las células humanas, este proceso bacteriano puede desarrollarse mediante mecanismos independientes del oxígeno.

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Los experimentos realizados con la cepa A. massiliense CFH19 ofrecen una muestra del potencial de este metabolismo. En 72 horas, la concentración de DHEA descendió de 26,25 a 5,79 micromoles por litro, mientras que la testosterona aumentó de 4,14 a 17,15 micromoles por litro. Según los autores, estos resultados indican que las bacterias urinarias podrían constituir una fuente hasta ahora poco reconocida de andrógenos en el entorno prostático.

La posible relación con el cáncer resulta especialmente relevante. De los nueve pacientes en cuyas muestras se encontraron bacterias productoras de esteroides, siete recibieron posteriormente un diagnóstico confirmado de cáncer de próstata. Sin embargo, los investigadores subrayan que esta asociación no demuestra que las bacterias provoquen el tumor. La muestra es pequeña y no permite establecer una relación causal.

En el año 2024 se produjeron en España 433.357 defunciones, solo 194 defunciones más que el pasado año en la misma fecha, según los datos provisionales del informe 'Defunciones según la Causa de Muerte', publicado este martes por el Instituto Nacional de Estadística (INE), que por segundo año consecutivo sitúa a los tumores como primera causa de muerte en 2024, con un 26,6% del total de defunciones, seguidos de las enfermedades del sistema circulatorio (26%). Fuente: Europa Press

Las señales que intervienen en el crecimiento de tumores

El estudio plantea, no obstante, una cuestión importante para la investigación oncológica: si determinados microorganismos pueden generar testosterona localmente, podrían modificar las señales hormonales que intervienen en el crecimiento de algunos tumores prostáticos. Además, los autores señalan que tratamientos utilizados para bloquear la producción de andrógenos, como abiraterona y prednisona, no impedirían necesariamente que estas bacterias transformasen sus propios sustratos en testosterona.

El descubrimiento abre varias vías de investigación. Los genes dirA y dirB podrían utilizarse como marcadores para buscar estas bacterias en cohortes más amplias y comparar su presencia entre personas sanas y pacientes con distintas enfermedades prostáticas.

Por ahora, la principal incógnita sigue siendo cuánto influyen realmente estos andrógenos bacterianos en el organismo. Además, será necesario determinar si alcanzan concentraciones suficientes para modificar el tejido prostático y si su presencia afecta a la evolución o a la respuesta al tratamiento del cáncer. El trabajo no demuestra todavía que las bacterias urinarias impulsen el cáncer de próstata, pero sí refuerza una idea cada vez más relevante: el microbioma puede participar activamente en procesos biológicos que hasta ahora se atribuían casi exclusivamente a las células humanas.

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