Menos pantallas y precaución con la IA, las recomendaciones para evitar otra caída en el próximo Informe PISA: “Los alumnos responden igual que en el pasado, pero tienen menos capacidad de atención”

Lucas Gortazar , experto en políticas educativas, analiza en ‘Infobae’ los resultados del estudio que refleja una caída de las puntuaciones en lectura, ciencias y matemáticas en España

España suspende en el Informe PISA. Los estudiantes españoles obtienen resultados históricamente bajos, situándose por debajo de la media de la Unión Europea y de países vecinos como Francia o Italia. Te explicamos los datos clave de este "batacazo" educativo.

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España ha obtenido sus peores resultados en el Informe PISA. Nuestro país ha participado, desde su primera edición en el año 2000, en todos los ciclos (2003, 2006, 2009, 2012, 2015, 2018, 2020) y nunca había obtenido unas cifras similares, que no solo bajan a nivel nacional y autonómico, sino que también aumentan su distancia respecto al promedio de la OCDE y la Unión Europea. Ahora se plantea la pregunta más sencilla y a la vez más compleja: ¿por qué?

¿Por qué baja el rendimiento a nivel nacional y autonómico? ¿Por qué aumenta la brecha con los países de nuestro entorno si tienen una cultura de estudio similar? ¿Qué parte de culpa tiene la LOMLOE (si es que la tiene)? ¿Cómo influyen las pantallas y las nuevas tecnologías en estos resultados? Y, sobre todo tras conocerse los elevados datos de uso de la Inteligencia Artificial entre los alumnos españoles, ¿cómo afecta su irrupción en las aulas?

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Infobae ha planteado estas y otras cuestiones a Lucas Gortazar, investigador especializado en políticas y reformas educativas y director de Educación de Esade.

Pregunta: ¿Cuál es su balance general de los resultados de PISA ?

Respuesta: Para mí, lo más relevante es que estamos viendo una caída global muy importante, que afecta a muchos países de la OCDE, pero también a países en desarrollo. Está muy concentrada en la lectura, tiene una severidad muy alta y es todavía mayor en España. Además, la caída entre el alumnado de mayor nivel socioeconómico es una novedad. No esperábamos algo así y nunca había ocurrido un cambio tan claro.

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P: También hay diferencias importantes entre comunidades autónomas. ¿Cómo se explican en un sistema educativo descentralizado, pero con elementos comunes en todo el Estado?

R: Las diferencias entre comunidades de mayor renta y mayor nivel educativo, y las que tienen menos, son históricas. No pasan solo aquí. Los países que han participado con muestras regionales han mostrado diferencias de ese tamaño o incluso mayores, incluso en países no descentralizados. Lo que me llama la atención es que este año las comunidades autónomas que más han caído han sido las del norte. No solo el País Vasco o Navarra, sino todas las del norte. En cambio, las que mejor han resistido han sido varias del sur: Extremadura, Murcia y, sobre todo, Castilla-La Mancha.

P: ¿Qué explica que algunas comunidades hayan resistido mejor?

R: Las diferencias autonómicas se han estrechado pero, en realidad, aún no lo sabemos. Habría que mirar muy en detalle y estudiar las políticas una a una.

P: A nivel internacional, España retrocede más que algunos países de su entorno. ¿Qué factores pueden explicar esa diferencia?

R: Habrá que ver qué cosas nos están afectando a nosotros más que a ellos, si hay cuestiones que estamos haciendo mal en la escuela. Algunos apuntan a la LOMLOE [ley Orgánica de Modificación de la Ley Orgánica de Educación aprobada por el Gobierno de Pedro Sánchez en 2020, que consolidaba todos sus cambios el curso] pero yo no tengo claro que haya afectado tanto. Está la situación de la infancia en este país: mayor pobreza infantil, mayor vulnerabilidad, precariedad, problemas de vivienda y niños que llegan con más hambre a la escuela. Esto lo vimos en las últimas pruebas de PISA. Quizás está afectando más en España que en otros países, pero el motivo por el que a España le ha ido peor que a sus vecinos es pura especulación. Hay que investigarlo a fondo. Pensar que todos los males tienen que ver con la LOMLOE es muy cómodo, pero me parece que la cuestión es más compleja.

P: ¿Qué peso puede haber tenido la LOMLOE?

R: La LOMLOE puede estar afectando. Las políticas curriculares fueron confusas al principio, pero esta generación solo había tenido dos cursos con la LOMLOE. De haber sido negativo —y yo no tengo claro que la LOMLOE haya sido una ley claramente negativa—, su peso será pequeño, no tan grande como muchos le están atribuyendo.

P: La OCDE y el Gobierno apuntan a las pantallas y las nuevas tecnologías. ¿Cómo cree que afectan al aprendizaje?

R: A veces, para no hablar de los factores propios que agravan la caída con respecto a otros países, se habla de aquello que nos afecta a nosotros y al resto. Es un recurso que los políticos que han tenido que dar la cara están utilizando: “Bueno, a todos nos va mal”. Ya, pero a usted le va peor. En todo caso, lo que dice la OCDE es bastante factible. Han aportado muchos datos. Hay una caída clara de la atención sostenida por parte de los adolescentes. Son capaces de mantener su atención en textos largos en mucha menor medida. Es en ese tipo de preguntas, que incluyen textos largos, donde más ha caído el desempeño o la proporción de respuestas correctas por parte del alumnado. Los alumnos aciertan o responden más o menos igual que en el pasado en las preguntas abiertas, pero fallan más en las preguntas de respuesta múltiple, arriesgan más y responden más rápido. Tienen menos paciencia y una menor capacidad de atención. Eso no significa que tengan una comprensión menor, pero PISA también mide la paciencia y la capacidad de atención, no solo la comprensión.

P: España presenta un alto nivel de curiosidad entre los alumnos, pero sus resultados son peores. ¿Cómo interpreta esa aparente contradicción?

R: Se puede tener curiosidad, pero no curiosidad por la escuela o por aprender. Hay un puzle claro que hay que investigar. A mí también me ha llamado la atención.

(Foto de ARCHIVO)
Alumnos durante el primer día de selectividad en Galicia, a 3 de junio de 2025, en Santiago de Compostela, A Coruña, Galicia (España). Un total de 12.946 estudiantes gallegos están matriculados para participar, entre este martes y este jueves, 3, 4 y 5 de junio, en la convocatoria ordinaria de la Prueba de Acceso a la Universidad (PAU), según el nuevo nombre que se le ha dado a la tradicionalmente conocida como 'selectividad'. La convocatoria de este año contiene grandes novedades, después de que la del 2024 pusiese fin a unos modelos de examen instaurados con la covid-19 que permitían una mayor optatividad al responder las preguntas.

Álvaro Ballesteros / Europa Press
03/6/2025
Alumnos durante el primer día de la Prueba de Acceso a la Universidad en Santiago de Compostela. (Álvaro Ballesteros / Europa Press)

P: ¿Cómo explica la caída entre los alumnos con mejores condiciones socioeconómicas?

R: El único factor que se me ocurre para explicar por qué, por primera vez en la historia, los que caen son los de mayor renta es que la adopción de la inteligencia artificial, que ha sido un fenómeno fuerte desde 2022 hasta 2025, se ha concentrado con más intensidad en hogares con mayor nivel educativo. No es que el resto no use la inteligencia artificial, pero en esos hogares se utiliza para trabajar. Esto ha podido afectar más al alumnado. Esa es una hipótesis. La OCDE dice que este alumnado usa más la inteligencia artificial y también señala que su uso para sintetizar y escribir está asociado a peores resultados de aprendizaje. Pero hay que investigar si realmente se debe a esto o a otras cuestiones.

P: ¿Qué medidas deberían adoptar el Gobierno y las comunidades autónomas de cara al futuro?

R: La prohibición de teléfonos debería ser más dura dentro de los institutos y tendría que aplicarse con mayor fidelidad. No basta con lo que ponga en el BOE, sino que la aplicación de esta medida debería ajustarse más a la realidad. Los teléfonos deberían estar fuera del alcance de los alumnos durante las seis o siete horas que están en el instituto. También creo que hay que hacer un uso mucho más intencional de la tecnología en las aulas. Los materiales deberían estar preaprobados por grupos de profesores que los evalúen y analicen, como ocurre en otros países que se toman este asunto muy en serio. Debería haber un uso muy concreto y dirigido de la tecnología para fines específicos, no como se ha hecho en España, donde se ha utilizado de una manera más generalizada.

P: ¿Defiende limitar el acceso de los menores a las redes sociales?

R: Soy partidario de que las redes sociales estén fuera de la vida de la infancia hasta, al menos, los 16 años. No sé si es posible implementar esta medida, pero hay que intentarlo.

P: ¿Cuál debería ser el uso de la inteligencia artificial en el aula? Los profesores advierten de que no pueden controlar que los trabajos realizados fuera de clase no estén hechos con estas herramientas.

R: La escuela está en una situación muy débil, porque no puede controlar lo que pase fuera de ella. Hay que empezar a experimentar con formas de evaluar competencias y aprendizajes de tal manera que la inteligencia artificial no los pueda sustituir. Exámenes orales, trabajo de expresión escrita dentro del aula y mecanismos para verificar que no hay uso de inteligencia artificial. Todo este tipo de medidas. Pero todos los adultos occidentales estamos usando la inteligencia artificial para escribir. Pedirles a los niños y adolescentes que no lo hagan es un poco distópico.

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