La psicología lo confirma: las personas que han tenido padres estrictos tienden a ser más controladoras

Una educación basada en numerosas normas y restricciones puede influir en cómo se relacionan los hijos cuando se hacen adultos

Tener padres estrictos puede hacerte controlador
Padres regañando a su hijo. (Magnific)
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La niñez y la adolescencia son dos etapas fundamentales en el desarrollo de una persona, ya que durante estos años se adquieren numerosos conocimientos, se construyen valores y se desarrollan habilidades que pueden influir en la vida adulta.

Durante estos años, la educación es un factor fundamental, por lo que la actitud de los padres puede repercutir en cómo se actúa en la etapa adulta. La forma de establecer límites, comunicarse o afrontar los conflictos puede influir en la manera en la que los hijos desarrollan sus relaciones sociales y gestionan determinadas situaciones con el paso del tiempo.

Aunque no hay una única forma de actuar, hay patrones que se repiten, y uno de ellos es la figura de los padres restrictivos. Esta conducta puede llegar a ser perjudicial para los niños, ya que puede limitar el desarrollo emocional y la autonomía de los hijos.

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Cómo afecta psicológicamente tener padres muy estrictos

Según explica el psicólogo Oriol Lugo Real en el canal de YouTube de Álex García (@alexcomunicaTV), crecer en un entorno familiar excesivamente estricto puede dejar determinadas consecuencias en la forma en la que una persona se relaciona con los demás durante la edad adulta.

El especialista señala que las experiencias de la infancia pueden estar detrás de algunas heridas emocionales que, si no se trabajan, terminan influyendo en determinados comportamientos. Una de ellas está relacionada con la sensación de injusticia, que puede aparecer cuando un niño crece sometido a demasiadas normas, restricciones o exigencias.

“Las personas que se han criado en un entorno muy estricto, rígido y con muchas normas son muy controladoras”, afirma el psicólogo. Este tipo de educación no implica necesariamente que todos los niños vayan a desarrollar los mismos comportamientos al llegar a la edad adulta.

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Por qué se vuelven controladoras estas personas

En este contexto, el control puede convertirse en una forma de compensar la inseguridad o la sensación de falta de autonomía experimentada durante la infancia. Cuando una persona ha crecido con muchas normas y con poco margen para tomar sus propias decisiones, puede desarrollar una necesidad mayor de anticiparse a lo que ocurre a su alrededor.

Esta conducta puede trasladarse especialmente a las relaciones personales, donde puede manifestarse a través de la necesidad de saber en todo momento qué hace la otra persona, de imponer determinadas decisiones o de tener dificultades para aceptar que los demás actúen de una manera diferente a la esperada.

En algunos casos, esta necesidad de control también puede estar relacionada con el miedo a que algo salga mal. Después de haber crecido en un ambiente en el que los errores estaban muy penalizados y en el que existían numerosas restricciones, algunas personas pueden intentar reducir la incertidumbre estableciendo sus propias reglas.

No obstante, haber tenido padres estrictos no determina que una persona vaya a convertirse en controladora. La personalidad adulta es el resultado de numerosos factores y las experiencias de la infancia son solo una parte de ese proceso.

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