
Un avión es una máquina imponente. Rara vez se ve uno de cerca si no es desde dentro y, solamente cuando se tiene la oportunidad de verlo en su totalidad, se da cuenta uno de lo verdaderamente poco apetecible que es subirse a él y que a su vez él le suba a uno, pero a 10.000 metros de altura con sus entre 80 y 500 y pico toneladas de peso y nada por debajo para sostenerlo más que esos 10.000 metros que separan el suelo de los pies de uno.
El despegue y el aterrizaje son los momentos de mayor riesgo. Entre otros motivos, tiene que ver con la aceleración y desaceleración que experimentan tanto la aeronave como todos sus componentes, incluidas las ruedas. Durante el despegue, el avión pasa de estar completamente parado a alcanzar velocidades superiores a los 250 kilómetros por hora en pocos segundos, mientras que en el aterrizaje la frenada y el contacto con la pista someten a los neumáticos a una presión y una temperatura extremas.
PUBLICIDAD
Todo ese peso, la fuerza y el calor se transmiten directamente a las ruedas, que deben responder de forma precisa y sin margen de error para garantizar la seguridad de la maniobra. El Airbus 380, uno de los mayores aviones comerciales, utiliza 22 neumáticos, mientras que el Antonov 225, dedicado al transporte de carga, tiene 32: estos números responden a la necesidad de distribuir el peso del avión de forma eficiente y asegurar la estabilidad, sobre todo si se produce un pinchazo o reventón en alguna rueda.

Las ruedas de avión están diseñadas para soportar condiciones extremas
Ni que decir tiene, entonces, que las ruedas son una parte fundamental del avión y deben ser capaces de resistir estas condiciones extremas: “Deben lograr un equilibrio entre la tracción, confort, durabilidad, eficiencia energética y el coste total. Como resultado de estas necesidades que compiten, los neumáticos son más complejos para diseñar y construir de lo que se piensa”, señala Hugo Ureta-Alonso, responsable de Relaciones Institucionales de Michelin España, en Signus Ecovalor.
PUBLICIDAD
Según datos recogidos por Signus Ecovalor, al tomar tierra, los neumáticos pueden pasar de estar completamente parados a girar a 200 kilómetros por hora en cuestión de segundos. En los cazas militares, la velocidad puede alcanzar los 400 kilómetros por hora. A lo largo de su vida útil, un neumático de avión comercial recorre en torno a 8.000 kilómetros por las pistas de los aeropuertos.
Durante el vuelo, los neumáticos se enfrentan regularmente a los 20 grados bajo cero que hacen a 10.000 metros de altura y, minutos después, alcanzan los 260 grados al tomar tierra tras el frenazo. Es por esto que en su interior llevan nitrógeno seco. Ureta-Alonso lo explica en declaraciones recogidas por Signus Ecovalor: “El nitrógeno no arde, cosa que podría ocurrir a causa del calor que se produce al tocar el suelo y frenar, o si sufriera un reventón; y, dado que las temperaturas en vuelo son tan bajas, no se congela, y así la rueda no se somete a diferencias de presión”.
PUBLICIDAD

La presión de inflado es muy superior a la que llevan los coches. Los neumáticos de los aviones pueden alcanzar entre 12 y 14 bares, frente a los 2,5 que suelen emplearse en vehículos terrestres. Según información de Tireclick, esta presión permite soportar el peso de la aeronave y la fuerza de impacto durante los aterrizajes, sin que la estructura interna pierda integridad.
El diseño del dibujo de la banda de rodadura también es diferente. Mientras que los neumáticos de los coches están pensados para evacuar agua y mantener el agarre en distintas condiciones meteorológicas, los de los aviones buscan favorecer la estabilidad y la frenada sobre superficies secas, ya que las pistas se mantienen limpias y libres de charcos. La estructura interna de estas ruedas está especialmente reforzada para soportar grandes deformaciones y cargas durante las maniobras. La vida útil de un neumático de avión ronda los 700 aterrizajes, aunque el recauchutado permite reutilizar una misma carcasa hasta siete veces, dependiendo del uso y el mantenimiento.
PUBLICIDAD
El tamaño de las ruedas varía según el modelo del avión. Los neumáticos de un avión medio miden unos 70 centímetros de diámetro exterior, y los de los aviones de mayor tamaño apenas superan el metro. En los cazas militares, el diámetro se acerca al de un coche pequeño, tal y como recoge Signus Ecovalor. Estas diferencias en materiales, presión, diseño y mantenimiento muestran cómo los neumáticos de los aviones están adaptados a condiciones y exigencias únicas, distintas de las que afrontan los vehículos terrestres en su día a día. Un coche nunca tendrá que frenar a 250 kilómetros por hora desde el aire.
PUBLICIDAD
PUBLICIDAD
Últimas Noticias
La factura oculta del edadismo: despedir a los mayores de 45 años les sale caro a las empresas españolas, más de 27.000 millones al año
Las compañías prescindieron de 1.138.519 trabajadores mayores de 45 años entre 2020 y 2024, lo que equivale al 14,30% de los ocupados de esa edad y al 5,10% del total de personas con empleo en el país

Elecciones generales 29-N, en directo: Mónica García renuncia a la lista de Frente Amplio y Tesh Sidi será la número dos en Madrid
A 40 días del 29N, la izquierda llega dividida tras el fracaso del pacto entre Frente Amplio y Podemos. Las encuestas otorgan la victoria al bloque de derechas con una suma PP-Vox que rozaría los 200 diputados

Siete trucos para ahorrar en los gastos del coche sin descuidar la seguridad
El combustible, el seguro, las revisiones y el aparcamiento concentran buena parte del presupuesto anual de los conductores

El iPhone tendría más funciones en Reino Unido: este sería el cambio con Apple Pay y el NFC
La propuesta busca impulsar billeteras digitales que compitan con Apple Pay y facilitar pagos, identificaciones y pases de transporte desde el iPhone

Alfred Marshall, economista británico, sobre por qué construir más no siempre baja los alquileres: “El precio de la vivienda nunca cae mucho, salvo cuando se pierden habitantes”
El autor de ‘Principios de economía’ estudió cómo la oferta y la demanda determinan los precios, que no dependen de un único factor


