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La psicología confirma que las personas que saben adaptarse a las circunstancias desarrollan mayor resiliencia y flexibilidad

Desenvolverse con naturalidad incluso cuando los planes cambian en el último momento demuestra rasgos de la personalidad y conducta

Magdalena Correa expone su investigación sobre la resilencia sin luz y a -40ºC en Svalbard. (Europa Press)
Magdalena Correa expone su investigación sobre la resilencia sin luz y a -40ºC en Svalbard. (Europa Press)
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Algunas personas logran desenvolverse con naturalidad incluso cuando los planes cambian de forma inesperada o surgen complicaciones. En lugar de frustrarse, buscan alternativas y siguen adelante. Aunque a simple vista esa actitud podría confundirse con resignación o conformismo, desde la psicología se sostiene que responde a un proceso más complejo vinculado a la adaptación y la regulación emocional. Este comportamiento no implica la ausencia de estrés o malestar, sino que revela una manera particular de enfrentar las dificultades: lejos de quedarse atrapadas en lo que no pueden modificar, concentran su energía en los aspectos que sí están bajo su control.

Un estudio de la revista ‘Psicología Clínica Positiva’, editada por Alex Wood y Nicholas Tarrier, psicólogos de la Universidad de Manchester, señala que la flexibilidad psicológica se ha consolidado como un factor esencial para la salud mental. Lejos de limitarse a la promoción de emociones y pensamientos positivos, la investigación actual destaca que la capacidad de adaptarse a demandas cambiantes, modificar estrategias y mantener la coherencia con valores personales permite afrontar las adversidades con mayores recursos internos.

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En el plano tradicional, la psicología ha valorado el desarrollo de emociones positivas y la satisfacción de necesidades como la pertenencia, competencia y autonomía. Sin embargo, especialistas advierten que estos pilares resultan insuficientes para explicar cómo las personas enfrentan entornos cambiantes en la vida cotidiana. La flexibilidad psicológica, de acuerdo con los expertos, permite reconocer y responder a distintas situaciones, ajustar la conducta y conservar el equilibrio entre los ámbitos más relevantes para cada individuo.

Qué significa este desarrollo de resiliencia y flexibilidad

El desarrollo de resiliencia y flexibilidad psicológica implica mucho más que mantener pensamientos positivos o satisfacer necesidades básicas como la pertenencia, la competencia y la autonomía. Si bien estos elementos han sido considerados durante años como los pilares de la salud mental, los especialistas señalan que no explican completamente cómo las personas enfrentan las fuerzas cambiantes y a menudo conflictivas que surgen en la interacción con el entorno y el mundo social. La resiliencia permite afrontar la incertidumbre con mayor equilibrio y evitar que cada obstáculo se convierta en un conflicto constante.

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Un joven habla por un teléfono móvil sentado en la terraza de una cafetería, con una taza de café en la mesa y una calle de fondo borroso.
Un joven en la terraza de un café conversa por teléfono móvil y asimila un cambio de planes. (Imagen Ilustrativa Infobae)

La flexibilidad psicológica, concepto central en la Terapia de Aceptación y Compromiso desarrollada por Steven C. Hayes, abarca una serie de habilidades humanas esenciales: reconocer y adaptarse a diferentes demandas del entorno, modificar mentalidades o conductas cuando dejan de ser funcionales, mantener el equilibrio entre las distintas áreas de la vida y actuar de manera congruente con valores personales profundos. Este enfoque se diferencia de otros modelos tradicionales porque se centra en la capacidad de ajustarse a la complejidad y a los cambios, en lugar de evitar emociones difíciles o buscar el control absoluto de las circunstancias.

Diversos estudios, como los publicados en la revista ‘Psicología Clínica Positiva’, destacan que la ausencia de flexibilidad psicológica está presente en muchas formas de psicopatología. Por el contrario, las personas que desarrollan esta habilidad demuestran una mejor adaptación y salud mental. La investigación básica y aplicada en regulación emocional, atención plena, psicología social y neuropsicología ha permitido identificar intervenciones útiles para fortalecer la resiliencia y la flexibilidad, subrayando la importancia de abordajes dinámicos que reflejen la fluidez de estos procesos en la vida real.

Por qué les resulta más fácil

Las personas con mayor capacidad de adaptación aceptan que el cambio y la incertidumbre forman parte natural de la vida. Frente a lo inesperado, no buscan resistirse ni requieren tener todas las respuestas de inmediato, sino que comprenden que muchas situaciones exigen tiempo y flexibilidad para encontrar la mejor manera de actuar. Esta actitud les permite enfrentar los desafíos sin convertir cada obstáculo en una fuente de ansiedad, sino como parte del proceso vital.

Además, quienes cultivan la resiliencia distinguen con claridad entre aquello que pueden controlar y lo que está fuera de su alcance. Prefieren enfocar su energía en las decisiones y acciones que dependen de ellos, en lugar de intentar modificar circunstancias imposibles de cambiar. En ese proceso, regulan sus emociones y reconocen que experimentar frustración o enfado es habitual, pero evitan que esos sentimientos condicionen todas sus conductas. Se toman el tiempo necesario para procesar sus emociones antes de actuar.

Persona sentada meditando en el suelo con mudras en las manos, un collar, ropa holgada, plantas y objetos decorativos frente a una ventana soleada.
Una persona practica meditación para la regulación de sus emociones. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Por último, estas personas buscan activamente soluciones y no dudan en cambiar de estrategia cuando lo consideran necesario. Ante una dificultad, dedican más esfuerzo a explorar alternativas que a lamentarse por lo ocurrido, y si un plan deja de ser útil, lo modifican sin interpretar el ajuste como un fracaso. Ven las experiencias difíciles como oportunidades para aprender y adquirir herramientas útiles para el futuro. No confunden resiliencia con resignación ni con soportar situaciones perjudiciales sin límite; adaptarse también implica reconocer los propios límites y solicitar ayuda cuando es necesario. Como resumen, adaptarse no significa que las dificultades desaparezcan, sino desarrollar la capacidad de seguir adelante sin que cada obstáculo se convierta en el centro de la vida.

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