Un estudio señala que los microplásticos empeoran el hígado graso: las células hepáticas responden al estrés del polietileno

Una investigación estadounidense encuentra una relación entre la exposición a los microplásticos y el daño hepático

Una botella de plástico (Magnific)
Una botella de plástico (Magnific)
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Los microplásticos de polietileno podrían tener un impacto más profundo en la salud hepática de lo que se pensaba hasta ahora. Una investigación internacional, liderada por la Universidad de Oklahoma, ha demostrado en ratones que la exposición prolongada a estas partículas altera cientos de genes y puede agravar las lesiones asociadas a enfermedades metabólicas del hígado.

El estudio, publicado en la revista Science Advances, se centró en el polietileno (PE), uno de los microplásticos más frecuentes detectados en muestras humanas. Durante ocho semanas, los investigadores administraron diariamente PE por vía oral a ratones macho adultos. Los animales fueron divididos en dos grupos: uno recibió una dieta convencional y otro una alimentación diseñada para reproducir características de la esteatohepatitis asociada a disfunción metabólica (MASH), lo que antes se conocía como hígado graso no alcohólico.

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Para determinar cómo respondía el órgano, el equipo combinó análisis de ARN a escala global con técnicas de transcriptómica espacial de célula única. Esta tecnología permitió observar los cambios en la expresión de los genes y, al mismo tiempo, localizar en qué regiones del hígado se producían. La investigación contó con la colaboración de instituciones de Estados Unidos, Corea del Sur y Suecia.

Signos de daño hepático tras la exposición al microplástico

Los resultados mostraron signos de daño hepático en los animales expuestos al microplástico. Entre ellos figuraron un aumento de los niveles de alanina aminotransferasa (ALT), un marcador de lesión hepática, así como mayores concentraciones de triglicéridos y alteraciones inflamatorias. Los efectos fueron especialmente intensos en los ratones que, además de recibir polietileno, seguían la dieta utilizada para inducir el modelo de MASH.

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El análisis genético reveló una alteración considerable de la actividad de los genes. El PE modificó por sí solo la regulación de unos 600 genes, mientras que la dieta MASH afectó a otros 1.437. La combinación de ambos factores provocó cambios específicos en 279 genes. Las rutas alteradas estaban relacionadas principalmente con el metabolismo de las grasas, la inflamación y la respuesta de las células frente al daño.

Uno de los protagonistas del hallazgo fue PPARα, un regulador fundamental del metabolismo de los ácidos grasos y de la respuesta inflamatoria del hígado. Gracias al mapeo espacial, los investigadores localizaron regiones especialmente vulnerables, caracterizadas por una menor diversidad celular y la presencia de focos inflamatorios.

En estas zonas identificaron una relación entre PPARα y Anxa2, un gen asociado con la reparación y regeneración de los tejidos. Los experimentos realizados por el equipo indicaron que la exposición al polietileno activa PPARα, que a su vez favorece la expresión de Anxa2. Cuando los investigadores bloquearon PPARα mediante intervenciones farmacológicas, el aumento de Anxa2 desapareció.

Episodio: ¿Qué es el hígado graso?

El hígado intenta responder al estrés de los microplásticos

El hallazgo apunta así a un posible mecanismo mediante el cual el hígado intenta responder al estrés provocado por los microplásticos. También abre una nueva línea de investigación sobre el denominado eje PPARα-Anxa2, que podría convertirse en una futura diana para estudiar o modular el daño hepático relacionado con contaminantes ambientales.

No obstante, los resultados deben interpretarse con cautela. El trabajo se realizó en ratones y todavía no demuestra que los mismos mecanismos se produzcan en humanos. Además, la plataforma utilizada analiza un conjunto dirigido de genes, por lo que otras alteraciones podrían no haber sido detectadas.

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