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Reino unido transforma 55.000 pelotas de tenis en refugios para ratones de campo

En el tenis profesional, las pelotas solo se pueden usar un par de veces. Cada vez que acaba el Wimbledon, sobran decenas de miles y, en lugar de desecharlas, una parte se destina a proyectos que ayudan a proteger la fauna local

Un ratón dentro de una pelota de tenis (EFE/David Hollins)
Un ratón dentro de una pelota de tenis (EFE/David Hollins)
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Cada vez que acaba el Wimbledon —todos los años lo hace—, sobran 55.000 pelotas de tenis. Si el tenis lo están jugando uno cualquiera y su primo (si no es Alcaraz o algún equivalente), esas pelotas se podrían usar 55.000 veces más cada una, pero en la alta competición la norma es que se utilicen unas pocas jugadas antes de ser sustituidas por otras nuevas. Cuando pierden la presión exigida por el reglamento, los tenistas las descartan, aunque su estructura de caucho y su recubrimiento de fieltro siguen intactos. Simplemente no botan igual.

Pelotas de tenis como refugios de ratón

Tirar 55.000 pelotas de tenis, hechas de materiales no biodegradables, sería insostenible. Podría donarse algunas cuantas a clubes locales de tenis, a colegios o centros deportivos públicos o a cualquiera que juegue el tenis a pelota usada. Un destino quizás menos intuitivo es, sin embargo, el de miles de estas pelotas: son donadas a organizaciones de conservación como The Wildlife Trusts, en el Reino Unido, que las transforman en refugios para ratones de campo y ratones espigueros, según Wired.

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El sistema es sencillo: se les realiza un corte de dos o tres centímetros, lo justo para que el roedor pueda entrar, y se introduce un poco de paja en su interior. Después, la pelota se coloca a un metro de altura en una caña o un poste, escondida entre los matorrales altos.

Las pelotas de tenis pueden convertirse en refugio para pequeños ratones silvestres (Needpix)
Las pelotas de tenis pueden convertirse en refugio para pequeños ratones silvestres (Needpix)

El diseño y los materiales de la pelota son útiles para los ratones en el entorno natural. El caucho exterior mantiene el interior cálido y seco, protegiendo a los animales de la lluvia y del viento. Además, al igual que con los refugios construidos por los propios ratones, la pequeña entrada evita que puedan acceder sus depredadores naturales, como aves rapaces, comadrejas o gatos. A diferencia de los nidos hechos con vegetación, que suelen destruirse en invierno, la pelota puede durar varias temporadas sin estropearse.

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Los ratones espigueros, que llegan a medir entre 5,5 y 7,5 centímetros y pesan menos de 7 gramos, son los mamíferos más pequeños de Europa. Su cola prensil —que permite agarrar o sujetar objetos— les ayuda a moverse entre la vegetación y suelen vivir en arrozales y campos británicos, cerca de sus fuentes de alimento: brotes, semillas e insectos. Normalmente construyen nidos esféricos con hojas y briznas de hierba, muy parecidos a una pelota de tenis.

Cada pelota puede alojar hasta diez ratones, ofreciendo protección frente al clima y los depredadores. Utilizar pelotas de tenis como refugios de ratones no es nada nuevo: el All England Lawn Tennis Club, junto a varias organizaciones, puso en marcha este programa a principios de la década de 2000.

No todas las pelotas acaban acogiendo diez ratones. Una gran parte se revende a aficionados, y otras se usan en entrenamientos y partidos menores. Alrededor de 700 pelotas desaparecen cada año porque los asistentes se las llevan como recuerdo. El proyecto, que no requiere tecnología avanzada ni grandes inversiones, busca aprovechar materiales que ya no sirven en el deporte para favorecer la biodiversidad local. Los ratones no solo usan estas pelotas para protegerse del mal tiempo, sino que también las eligen para criar a sus camadas, acondicionando el interior con musgo y hojas secas.

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