Agregar Infobae enGoogle

La especie en la que el macho es mucho más pequeño que la hembra y se funde con ella para poder sobrevivir: “Hasta sus sistemas circulatorios se fusionan”

El pez abisal vive en una oscuridad constante en las profundidades del océano, pero ¿cómo pueden interactuar y reproducirse sin ver nada?

Un pez abisal de color oscuro con dientes afilados y una antena bioluminiscente nada en el agua oscura del fondo oceánico.
Un pez abisal de la especie Melanocetus johnsonii, con su característica luz bioluminiscente, nada en las oscuras profundidades del océano. (Imagen Ilustrativa Infobae)
Guardar

La fauna salvaje esconde infinitos secretos que aún desconocemos por completo. Especialmente, aquella que vive en las profundidades del océano y a la que tenemos un muy difícil acceso. Aunque aún nos queda mucha información que recabar para terminar de entender cómo funciona y convive el fondo marino, lo cierto es que gracias a investigadores como James Yate podemos conocer ciertas pinceladas de lo que pasa a mil kilómetros de distancia de la superficie.

El naturalista inglés descubrió el 24 de diciembre de 1863 en la isla de Madeira la primera y la más característica especie del pez abisal, el Melanocetus johnsonii. Nuestro conocimiento sobre estos peces ha avanzado mucho desde entonces, pero en el consciente popular aún hay algunas incógnitas como: “¿Cómo los peces abisales que viven a más de mil metros de profundidad pueden encontrarse en la oscuridad total y reproducirse?”, se pregunta Ner, una de las conductoras del pódcast de No todo vale.

PUBLICIDAD

La joven, que siempre trae datos curiosos al programa, le dice a su compañero, Óscar Blanco, que cuando pensamos en esta especie, normalmente nos viene a la cabeza “el pez abisal que sale en Buscando a Nemo”. Este es un diablo negro hembra, pues tiene unas dimensiones considerables frente a Dory y Marlin. Ner explica que “hay muchísimas especies de peces abisales y en todas ellas la hembra es muchísimo más grande. De hecho, los machos suelen medir como mucho tres centímetros y la hembra es diez veces más, lo que hace que la reproducción en estas especies sea un poco especial”, dictamina.

Un pez abisal macho fusionado con una hembra (Rebisoff Foundation)
Un pez abisal macho fusionado con una hembra (Rebisoff Foundation)

“Un apéndice inseparable”

Bajo la opinión de Ner, los machos de esta especie “son completamente inútiles”. Sin embargo, desde el Natural History Museum lo describen como un factor “vital para la supervivencia de la especie”. Aunque solo las hembras poseen “la característica espina dorsal del pez pescador, con su señuelo de carne luminiscente en el extremo”, el macho “compensa con un impecable sentido del olfato”. De esta manera, puede nadar para rastrear a su futura pareja en la oscuridad absoluta.

PUBLICIDAD

Pero una vez se aferra al costado de una hembra con sus afilados dientes, su vida cambia por completo. Desde el museo explican que “poco a poco, se fusiona con ella, convirtiéndose en un apéndice inseparable”, una estrategia conocida como parasitismo sexual en la que él acaba solo extrayendo recursos de ella.

Además, con esta unión “recibe todo lo que necesita”, por lo que deja de necesitar sus ojos y “pierde la capacidad de usarlos”. De este modo pasa a depender de su huésped para su alimentación. “Tienen un sistema digestivo atrofiado y, a medida que va pasando el tiempo, se va atrofiando cada vez más”, describe Ner.

Pero lo curioso es que “hasta sus sistemas circulatorios se fusionan también”, continúa la podcaster.

Por qué la pareja vive fusionada el resto de su vida

Este proceso tan parasitario hace que se conviertan en “un par de gónadas pegadas a la hembra”. Incluso, se han visto casos en los que ella cuenta con más de un macho adherido.

Un pez abisal macho fusionado con una hembra (Rebisoff Foundation)
Un pez abisal macho fusionado con una hembra (Rebisoff Foundation)

A pesar de que Ner explica que “la hembra va de vez en cuando soltando hormonas que activan las gónadas del macho y se fecunda a sí misma”. Lo cierto es que la especie presenta un dismorfismo sexual extremo —cuentan con una notable diferencia de apariencia entre sexos— que solo se encuentra en peces pescadores de aguas muy profundas.

Pese a este factor, la pareja funciona como una “quimera autofertilizante” (self-fertilizing chimera), como indican los investigadores alemanes del Instituto Max Planck de Inmunobiología y Epigenética, Jeremy B. Swann y Thomas Boehm, en un estudio publicado en Science. Por lo que el material genético sigue siendo el de dos organismos diferentes.

Para que esta unión física tan íntima sea posible sin que el sistema inmunológico de la hembra detecte al macho como un cuerpo extraño y lo rechace (como ocurriría en cualquier otro vertebrado), estas especies de peces linterna experimentaron un proceso evolutivo donde perdieron o degeneraron partes críticas de su inmunidad adaptativa.

Tal y como comprobó el científico Noah Isakov de la Universidad Ben Gurion del Negev (Israel) en un estudio publicado en Life, carecen de genes funcionales para componentes clave como el MHC de clase I y II, receptores de células T (como CD4 y CD8) e incluso genes RAG encargados de estructurar los anticuerpos. Esto les permite tolerar el tejido genéticamente ajeno de su pareja de por vida.

PUBLICIDAD

PUBLICIDAD