Es mucho más probable que se incendie un coche gasolina o diésel que uno eléctrico: “Este ha echado a arder por la luz interior”

Pese a la espectacularidad de las imágenes cuando lo hace un eléctrico, muy difícil de extinguir, las cifras dicen otra cosa

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Un vehículo ardiendo. (Imagen ilustrativa Infobae)
Un vehículo ardiendo. (Imagen ilustrativa Infobae)

Un coche de gasolina tiene más probabilidades de arder que uno eléctrico, y uno diésel, más todavía. Los datos recabados por organismos especializados en España y el norte de Europa desmienten de forma sistemática la percepción extendida de que las baterías de litio convierten a los vehículos eléctricos en un riesgo de incendio superior al de los motores térmicos.

La Asociación Empresarial para el Desarrollo e Impulso de la Movilidad Eléctrica (Aedive) publicó un análisis técnico sobre una muestra de 736.000 vehículos de hasta cinco años de antigüedad matriculados en España, de los que aproximadamente 28.000 eran eléctricos. Los resultados arrojan 2,9 incendios por cada 10.000 eléctricos, frente a 3,1 por cada 10.000 de gasolina y 3,7 por cada 10.000 de diésel.

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“Las estadísticas de los países con alta penetración del vehículo eléctrico reflejan que la probabilidad de que un eléctrico se incendie es menor que la de uno de combustión en relación con el número total de coches”, afirmó Javier Izquierdo, director técnico de Aedive. La Organización de Consumidores y Usuarios (OCU), a partir de estudios realizados en los países nórdicos, cifra ese diferencial en diez veces.

Los conductores que compren un vehículo sostenible se podrán beneficiar de hasta 4.500 euros en forma de subvención con efectos retroactivos desde el 1 de enero de 2026.

El ejemplo nórdico

Los países con mayor penetración de eléctricos en Europa ofrecen los registros estadísticos más completos. La Agencia Sueca de Contingencias Civiles (MSB) contabilizó en 2024 un total de 40 incendios en vehículos eléctricos o híbridos frente a 3.060 en coches de gasolina o diésel, sobre un parque de 4,97 millones de turismos, de los que 880.958 eran eléctricos o híbridos.

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Noruega aporta la muestra más representativa de Europa. A finales de 2025, el 32,1% de los coches en circulación en el país eran eléctricos puros. En el primer semestre de ese año, los servicios de emergencia noruegos atendieron 403 incendios de vehículos: 359 afectaron a coches de combustión, 12 a híbridos y solo 30 a eléctricos puros.

Por qué arden más los de combustión

La explicación está en la física del combustible y en la complejidad mecánica del motor térmico. La gasolina y el diésel son líquidos altamente inflamables que circulan bajo presión por un sistema de mangueras, inyectores y depósitos sometidos a calor, vibración y desgaste continuos. Cualquier fuga en ese circuito ante una chispa o una superficie caliente puede desencadenar un incendio en cuestión de segundos.

El convertidor catalítico alcanza temperaturas que superan los 800 °C y puede prender materiales combustibles próximos al vehículo. A eso se añaden los múltiples fluidos que circulan por el motor -aceite, líquido de frenos, refrigerante, líquido de dirección asistida- cuya filtración sobre superficies calientes también puede originar fuego.

“El peligro de incendio y explosión depende de factores como el entorno, el diseño, la gestión térmica y las condiciones de uso”, señala Rafael Moro, vicepresidente de la Asociación Española de Lucha Contra el Fuego (Aself). Moro precisa que los vehículos eléctricos o híbridos “están afectados por un mayor riesgo físico, debido a impactos, accidentes y vibraciones”, lo que sitúa el origen del riesgo en el daño mecánico externo más que en una propensión intrínseca de la batería a incendiarse.

Punto de recarga de coches eléctricos.
Punto de recarga de coches eléctricos.

Menos frecuentes, pero más complejos

Cuando se produce un incendio en un vehículo eléctrico, su dinámica difiere sustancialmente de la de un coche de combustión. Si la batería de iones de litio se daña -por un golpe, una sobrecarga o un defecto de fabricación-, puede desencadenarse la denominada fuga térmica: una reacción en cadena entre celdas que genera calor extremo y gases inflamables de forma autosostenida.

Según la Aself, las temperaturas en estos siniestros pueden superar los 1.000 °C, con emisión de fluoruro de hidrógeno (HF), un gas tóxico ausente en los incendios de vehículos de combustión, que obliga a los bomberos a intervenir con equipo de protección completo y respiración autónoma.

César Martín-Gómez, catedrático de Arquitectura de la Universidad de Navarra, analizó junto al químico especialista en baterías Mohd Zahirasri un centenar de incendios de vehículos eléctricos en varios países europeos. Sus conclusiones revelan que en el 42% de los casos la causa era desconocida, en el 29% se debía a fallos del propio vehículo, en el 13% a factores externos y en el 9% a factores humanos.

Martín-Gómez advierte de que los incendios de eléctricos pueden alcanzar tasas de liberación de calor más elevadas que los de combustión, y que esa magnitud aumenta con el tamaño de la batería.

Los bomberos de la Comunidad de Madrid extinguen un incendio en un parking originado en un vehículo. (Europa Press)
Los bomberos de la Comunidad de Madrid extinguen un incendio en un parking originado en un vehículo. (Europa Press)

Por qué creemos lo contrario

La brecha entre estadística y percepción tiene una causa identificable. Los siniestros con baterías generan imágenes de gran impacto -llamas intensas, humo negro, dificultad manifiesta de extinción- mientras que los incendios de vehículos de combustión, mucho más frecuentes, se atienden con mayor rutina y sin cobertura comparable.

Sobre este respecto, Aedive señala en su informe técnico que “hay mucha desinformación al respecto” y que ningún estudio acredita que aparcar un vehículo eléctrico incremente el riesgo de incendio en un aparcamiento respecto a uno de combustión.

La MSB sueca registró en 2024 un total de 122 incendios adicionales relacionados con bicicletas y patinetes eléctricos, dispositivos con baterías mucho menos protegidas que las de los automóviles y sometidos a un trato mecánico más agresivo, lo que los expertos advierten que no debe confundirse con el perfil de riesgo de los turismos eléctricos.

Johnny, mecánico de Desguace Motocoche, muestra el origen del incendio en un coche.
Johnny, mecánico de Desguace Motocoche, muestra el origen del incendio en un coche.

Por la luz interior

En un reciente vídeo en redes sociales, Johnny, mecánico de Desguaces Motocoche y rostro reconocible entre seguidores de información de Motor, ha mostrado el ejemplo de un Audi Q3 del año 2028 recibido en su negocio. “Los coches arden y todo el mundo dice lo mismo: seguro que era eléctrico. Pero la realidad es otra”, comienza diciendo.

“Este Q3 -explica Johnny- ha echado a arder por la luz interior -dice señalando el techo sobre los asientos traseros del modelo alemán-. De hecho, es más común que arda un coche de combustión que uno eléctrico. Un coche de combustión tiene muchas más piezas que pueden echar a arder: pérdidas de combustible, aceite o las altas temperaturas alcanzadas en el filtro de partícula”.

“Y muchos diréis -puntualiza- que se me ha olvidado la más importante, la avería eléctrica. Pero esa avería está compartida en los dos modelos”. Sabedor de que le van a acusar de parcial, continúa diciendo tres cosas malas de los eléctricos: “Cuando arde, la batería no puede apagarse, arden con mucha más violencia y no avisa”.

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