
Un coche de gasolina tiene más probabilidades de arder que uno eléctrico, y uno diésel, más todavía. Los datos recabados por organismos especializados en España y el norte de Europa desmienten de forma sistemática la percepción extendida de que las baterías de litio convierten a los vehículos eléctricos en un riesgo de incendio superior al de los motores térmicos.
La Asociación Empresarial para el Desarrollo e Impulso de la Movilidad Eléctrica (Aedive) publicó un análisis técnico sobre una muestra de 736.000 vehículos de hasta cinco años de antigüedad matriculados en España, de los que aproximadamente 28.000 eran eléctricos. Los resultados arrojan 2,9 incendios por cada 10.000 eléctricos, frente a 3,1 por cada 10.000 de gasolina y 3,7 por cada 10.000 de diésel.
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“Las estadísticas de los países con alta penetración del vehículo eléctrico reflejan que la probabilidad de que un eléctrico se incendie es menor que la de uno de combustión en relación con el número total de coches”, afirmó Javier Izquierdo, director técnico de Aedive. La Organización de Consumidores y Usuarios (OCU), a partir de estudios realizados en los países nórdicos, cifra ese diferencial en diez veces.
El ejemplo nórdico
Los países con mayor penetración de eléctricos en Europa ofrecen los registros estadísticos más completos. La Agencia Sueca de Contingencias Civiles (MSB) contabilizó en 2024 un total de 40 incendios en vehículos eléctricos o híbridos frente a 3.060 en coches de gasolina o diésel, sobre un parque de 4,97 millones de turismos, de los que 880.958 eran eléctricos o híbridos.
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Noruega aporta la muestra más representativa de Europa. A finales de 2025, el 32,1% de los coches en circulación en el país eran eléctricos puros. En el primer semestre de ese año, los servicios de emergencia noruegos atendieron 403 incendios de vehículos: 359 afectaron a coches de combustión, 12 a híbridos y solo 30 a eléctricos puros.
Por qué arden más los de combustión
La explicación está en la física del combustible y en la complejidad mecánica del motor térmico. La gasolina y el diésel son líquidos altamente inflamables que circulan bajo presión por un sistema de mangueras, inyectores y depósitos sometidos a calor, vibración y desgaste continuos. Cualquier fuga en ese circuito ante una chispa o una superficie caliente puede desencadenar un incendio en cuestión de segundos.
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El convertidor catalítico alcanza temperaturas que superan los 800 °C y puede prender materiales combustibles próximos al vehículo. A eso se añaden los múltiples fluidos que circulan por el motor -aceite, líquido de frenos, refrigerante, líquido de dirección asistida- cuya filtración sobre superficies calientes también puede originar fuego.
“El peligro de incendio y explosión depende de factores como el entorno, el diseño, la gestión térmica y las condiciones de uso”, señala Rafael Moro, vicepresidente de la Asociación Española de Lucha Contra el Fuego (Aself). Moro precisa que los vehículos eléctricos o híbridos “están afectados por un mayor riesgo físico, debido a impactos, accidentes y vibraciones”, lo que sitúa el origen del riesgo en el daño mecánico externo más que en una propensión intrínseca de la batería a incendiarse.
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Menos frecuentes, pero más complejos
Cuando se produce un incendio en un vehículo eléctrico, su dinámica difiere sustancialmente de la de un coche de combustión. Si la batería de iones de litio se daña -por un golpe, una sobrecarga o un defecto de fabricación-, puede desencadenarse la denominada fuga térmica: una reacción en cadena entre celdas que genera calor extremo y gases inflamables de forma autosostenida.
Según la Aself, las temperaturas en estos siniestros pueden superar los 1.000 °C, con emisión de fluoruro de hidrógeno (HF), un gas tóxico ausente en los incendios de vehículos de combustión, que obliga a los bomberos a intervenir con equipo de protección completo y respiración autónoma.
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César Martín-Gómez, catedrático de Arquitectura de la Universidad de Navarra, analizó junto al químico especialista en baterías Mohd Zahirasri un centenar de incendios de vehículos eléctricos en varios países europeos. Sus conclusiones revelan que en el 42% de los casos la causa era desconocida, en el 29% se debía a fallos del propio vehículo, en el 13% a factores externos y en el 9% a factores humanos.
Martín-Gómez advierte de que los incendios de eléctricos pueden alcanzar tasas de liberación de calor más elevadas que los de combustión, y que esa magnitud aumenta con el tamaño de la batería.
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Por qué creemos lo contrario
La brecha entre estadística y percepción tiene una causa identificable. Los siniestros con baterías generan imágenes de gran impacto -llamas intensas, humo negro, dificultad manifiesta de extinción- mientras que los incendios de vehículos de combustión, mucho más frecuentes, se atienden con mayor rutina y sin cobertura comparable.
Sobre este respecto, Aedive señala en su informe técnico que “hay mucha desinformación al respecto” y que ningún estudio acredita que aparcar un vehículo eléctrico incremente el riesgo de incendio en un aparcamiento respecto a uno de combustión.
La MSB sueca registró en 2024 un total de 122 incendios adicionales relacionados con bicicletas y patinetes eléctricos, dispositivos con baterías mucho menos protegidas que las de los automóviles y sometidos a un trato mecánico más agresivo, lo que los expertos advierten que no debe confundirse con el perfil de riesgo de los turismos eléctricos.
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Por la luz interior
En un reciente vídeo en redes sociales, Johnny, mecánico de Desguaces Motocoche y rostro reconocible entre seguidores de información de Motor, ha mostrado el ejemplo de un Audi Q3 del año 2028 recibido en su negocio. “Los coches arden y todo el mundo dice lo mismo: seguro que era eléctrico. Pero la realidad es otra”, comienza diciendo.
“Este Q3 -explica Johnny- ha echado a arder por la luz interior -dice señalando el techo sobre los asientos traseros del modelo alemán-. De hecho, es más común que arda un coche de combustión que uno eléctrico. Un coche de combustión tiene muchas más piezas que pueden echar a arder: pérdidas de combustible, aceite o las altas temperaturas alcanzadas en el filtro de partícula”.
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“Y muchos diréis -puntualiza- que se me ha olvidado la más importante, la avería eléctrica. Pero esa avería está compartida en los dos modelos”. Sabedor de que le van a acusar de parcial, continúa diciendo tres cosas malas de los eléctricos: “Cuando arde, la batería no puede apagarse, arden con mucha más violencia y no avisa”.
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