El motivo por el que los expertos recomiendan lavarse los pies con sal y vinagre: beneficios y advertencias

Una práctica sencilla para mejorar la higiene y el bienestar tras largas horas con calzado cerrado

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Se recomienda para molestias leves, pero no sustituye la consulta médica si hay lesiones o infecciones.
Esta rutina puede suavizar la piel endurecida y aportar una sensación de frescura y limpieza (Magnific)

El cuidado de los pies suele quedar relegado frente a otras rutinas de higiene, aunque se trata de una parte del cuerpo que soporta largas horas de actividad y encierro en calzados poco transpirables.

La falta de ventilación, sumada a la transpiración, favorece la aparición de humedad, mal olor y endurecimiento de la piel. Para muchas personas, los pies son fuente de molestias cotidianas, sobre todo en climas cálidos o durante jornadas extendidas de trabajo o deporte.

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Lavarse los pies con sal y vinagre puede ayudar a reducir la sensación de humedad y mal olor tras muchas horas con calzado cerrado, además de ablandar la piel endurecida, aunque no sustituye un tratamiento médico si hay infección, dolor importante o lesiones.

Se trata de un remedio casero planteado como una rutina puntual de higiene: basta con una o dos veces por semana, con 1 litro de agua tibia, media taza de vinagre, dos cucharadas de sal gruesa y una inmersión de entre 15 y 20 minutos. Una frecuencia mayor puede resecar la piel en algunas personas.

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Cómo hacer un baño de pies con vinagre y sal paso a paso

Este baño de pies se sitúa en un contexto muy concreto: jornadas largas con zapatillas deportivas o calzado cerrado, pies húmedos tras muchas horas “encapsulados”, transpiración abundante y molestias leves como picor o escozor sin heridas. También puede incorporarse como medida de mantenimiento para controlar el mal olor persistente o reforzar la sensación de higiene. Además, es una alternativa sencilla y accesible, ya que los ingredientes suelen estar presentes en la mayoría de los hogares.

La combinación de vinagre y sal se usa porque puede contribuir a mantener los pies más limpios, reducir el olor asociado a la humedad y suavizar las durezas, sobre todo en los talones. El efecto que se produce es de mayor confort, no de curación. Algunas personas notan también una sensación de frescura y alivio tras el baño, lo que puede favorecer el bienestar tras una jornada exigente.

Es fundamental secar bien los pies después del baño para evitar la acumulación de humedad entre los dedos
La combinación de ambos ingredientes favorece el cuidado de la piel y previene molestias asociadas a la transpiración (DepositPhotos)

La preparación empieza con un recipiente en el que quepan cómodamente ambos pies. Hay que verter aproximadamente 1 litro de agua tibia, añadir media taza de vinagre y dos cucharadas de sal gruesa, y remover hasta que la sal quede bien disuelta.

Después hay que sumergir los pies entre 15 y 20 minutos. Al terminar, conviene enjuagarlos con agua limpia y secarlos muy bien, especialmente entre los dedos, que es la zona donde más se acumula la humedad. Existe también un último paso opcional: aplicar una crema hidratante para ayudar a mantener la piel flexible. La clave del proceso está en evitar que quede humedad retenida entre los dedos.

Cuándo hay que evitar este remedio y consultar a un profesional

El baño no se recomienda para todo el mundo. Si hay heridas abiertas, grietas profundas o diabetes, es aconsejable consultarlo antes con un profesional, porque en esos casos cualquier irritación o pequeña lesión puede complicarse con más facilidad.

La salud de los pies puede revelar alteraciones sistémicas o infecciosas a través de cambios en los dedos, las uñas o la piel (Imagen Ilustrativa Infobae)

Si es la primera vez que se prueba, la recomendación es hacer antes una prueba en una zona pequeña de la piel. Si aparece enrojecimiento o escozor intenso, hay que aclarar la zona y dejar de usarlo.

Si durante el uso aparece picor intenso, enrojecimiento o escozor, conviene reducir el tiempo de contacto, enjuagar y valorar la orientación médica si hace falta. Cuando los síntomas persisten y se manifiestan con dolor, descamación marcada, mal olor muy intenso o sospecha de hongos, el consejo es no prolongar los remedios caseros y acudir a un especialista.

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