Las personas que pasan muchas horas con el móvil lo hacen para evadir sus emociones, según los psicólogos

El autor de ‘Adictos a las pantallas’ asegura que emociones como la tristeza, el aburrimiento o el miedo empujan a muchas personas a refugiarse en el móvil

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Mujer sentada en un sillón verde con adornos, usando un teléfono móvil. Viste un suéter claro y jeans. Hay una ventana y una estantería en el fondo.
Una mujer utilizando su móvil. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Pasar horas deslizando el dedo por la pantalla del móvil se ha convertido en una rutina para millones de personas. Las redes sociales, los vídeos cortos o las aplicaciones de mensajería ocupan buena parte del tiempo libre, pero detrás de ese hábito no siempre hay entretenimiento o necesidad de estar conectado. Cada vez más especialistas en salud mental advierten de que, en muchos casos, el uso excesivo del teléfono responde a una necesidad mucho más profunda: evitar enfrentarse a determinadas emociones.

De ello ha hablado el psicólogo Rafa Guerrero, especialista en psicología educativa y autor de Adictos a las pantallas, durante una entrevista en el pódcast Entiende Tu Mente. En uno de los fragmentos compartidos en Instagram, el experto explica que el abuso de las pantallas suele estar relacionado con la dificultad para gestionar el malestar emocional y que muchas personas recurren al teléfono como una vía de escape cuando no saben cómo afrontar lo que sienten.

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“Creo que cualquier emoción desagradable nos empuja a meternos en la pantalla“, afirma Guerrero al analizar la relación entre las emociones y el uso de los dispositivos electrónicos. Según explica, no existe una única emoción que lleve a esa conducta, sino que son múltiples los estados emocionales que pueden desencadenar la necesidad de refugiarse en el móvil.

Una mujer mira su teléfono móvil, en una fotografía de archivo. (EFE/ Manuel Bruque)
Una mujer mira su teléfono móvil, en una fotografía de archivo. (EFE/ Manuel Bruque)

“Cuando uno está enfadado, cuando uno está aburrido, cuando uno vive una situación donde se ha sentido avergonzado, tristeza, miedo. Cuando uno quiere huir de esa emoción y no quiere conectar con ella, pues uno se va al dispositivo tecnológico“, señala el psicólogo. Sus palabras ponen el foco en un fenómeno cada vez más estudiado por los especialistas: el uso de las pantallas como mecanismo de regulación emocional.

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Guerrero considera que, entre todas las emociones difíciles, hay una que suele tener un peso especial. “La tristeza. Cuando uno se siente vacío, cuando uno se siente triste y está apenado, se sumerge en el mundo de las redes y ahí trata de ir encontrando algo de apoyo, algo que pueda un poco compensar ese vacío que tiene“, subraya. Esa búsqueda de apoyo, sin embargo, no siempre consigue el efecto esperado.

Aunque durante unos instantes el contenido que aparece en la pantalla pueda distraer o aliviar el malestar, el problema que originó esa emoción permanece intacto. De hecho, diversos expertos llevan años alertando de que recurrir constantemente al móvil para evitar emociones incómodas puede reforzar ese comportamiento y hacer que resulte cada vez más difícil gestionar el malestar sin recurrir a una pantalla.

El móvil como refugio emocional

El psicólogo insiste en que utilizar el teléfono para desconectar no es necesariamente algo negativo si ocurre de manera puntual. El problema aparece cuando esa estrategia se convierte en el único recurso para afrontar las emociones desagradables. En ese momento, la persona deja de desarrollar otras herramientas para gestionar lo que siente y depende cada vez más de la estimulación que ofrecen las redes sociales o las aplicaciones.

Adolescentes miran las pantallas de sus teléfonos móviles. (REUTERS)
Adolescentes miran las pantallas de sus teléfonos móviles. (REUTERS)

“Es una solución para aquellas personas que no tengan otros recursos o para aquellos momentos donde no podamos encontrar otros recursos, pero no es la solución“, señala. Con esta idea, el especialista no demoniza el uso de la tecnología, sino que invita a reflexionar sobre el papel que ocupa en la vida cotidiana. Las pantallas pueden proporcionar un descanso mental o una vía de entretenimiento, pero no sustituyen el trabajo emocional que requiere comprender, aceptar y gestionar los sentimientos.

Antes de abrir una aplicación o empezar a deslizar contenidos sin un objetivo concreto, puede ser útil preguntarse qué emoción hay detrás de ese impulso. En ocasiones, la respuesta no será la necesidad de información o de entretenimiento, sino el deseo de dejar de sentir, aunque solo sea durante unos minutos, aquello que resulta incómodo. Por ello, identificarlo es el primer paso para desarrollar estrategias más saludables de regulación emocional y evitar que el móvil se convierta en la única vía de escape.

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