La experiencia traumática de Pastora Soler con su exrepresentante, que también llevó a Rocío Jurado y Lola Flores: “Siempre me veía gorda, me pasó factura”

La cantante relató en sus memorias los distintos episodios vividos con Luis Sanz durante 10 años

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Pastora Soler, en imagen de archivo (Europa Press)
Pastora Soler, en imagen de archivo (Europa Press)

Pastora Soler relató en su biografía Cuando se apagan las luces, aparecen las estrellas cómo la relación con Luis Sanz, el representante que también llevó a Rocío Jurado y Lola Flores, marcó su carrera y dañó su autoestima durante años. El libro, publicado en noviembre, conecta ese control con una historia personal atravesada por la exigencia.

La cantante sevillana sitúa el origen de ese vínculo en 1994, cuando Sanz asistió a una audición suya y pasó a convertirse en su mánager. Pastora Soler tenía entonces 15 años, estuvo con él durante 10 años, hasta los 25, y sostiene que aquella etapa coincidió con una edad “complicada” en la que buscaba la perfección y dependía de su aprobación.

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En el libro, la artista, nacida como Pili Sánchez en Coria del Río y hoy con 47 años, describe a Sanz como “una persona complicada” y afirma que su influencia dominante llegó a afectar a su familia. Según relata, el representante trataba de controlar todos los aspectos de su vida: la imagen, las decisiones artísticas y hasta lo que hacía en su día a día.

Pastora Soler en la alfombra roja de la gala de los Latin Grammy 2023

La relación de Pastora Soler con su exmánager

“Él quería controlar mi vida entera, y mis padres, con la mejor de sus intenciones, le dejaron. Sanz era capaz de llamar a mi casa a las tres de la madrugada porque se le había ocurrido una idea”, escribe. La presión, según su testimonio, no se limitó al plano profesional. La cantante asegura que vivió bajo un cuestionamiento constante y que nunca recibió de él el apoyo que esperaba de la persona encargada de conducir su carrera.

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“Se supone que la persona que lleva tu carrera te tiene que apoyar, ayudarte a crecer... Pues nada de eso. Siempre resaltaba lo que había salido mal o menos bien”, recuerda. Añade que buscaba de forma permanente su aprobación y que asumió el alto grado de disciplina que le impuso, aunque “a veces se pasara de la raya”.

Ese control alcanzó incluso su aspecto físico. Pastora Soler cuenta que, desde que cumplió 16 años y durante tres años consecutivos, tuvo que irse unos días en verano a casa de su representante en Marbella, una etapa en la que él insistía en que tenía sobrepeso, la puso a dieta y la empujó a hacer ejercicio.

Pastora Soler, en imagen de archivo (Europa Press)
Pastora Soler, en imagen de archivo (Europa Press)

Su obsesión con el peso

Siempre me veía gorda, me puso a dieta y yo empecé a cuidarme y a practicar ejercicio. Quería convertirme en la muñequita que tenía en su cabeza. Gracias a Dios, la situación no me provocó ningún trastorno alimenticio”, explica. También sostiene que la criticaba por su nariz, a la que calificaba de “muy fea”, y que le pedía que se la operara, algo a lo que se negó.

La artista sí accedió, en cambio, a operarse el pecho. “Estaba algo acomplejada por mi falta de pecho”, admite en el libro. Aunque el contrato terminó cuando ella tenía 25 años, la cantante asegura que Sanz siguió presente en su vida. Según cuenta, la llamaba después de verla en televisión para decirle que estaba “gordísima”, y esa dinámica consolidó una inseguridad que, con el tiempo, terminó por pasarle factura.

Incluso cuando el representante falleció en 2012, se las arregló para seguir custodiando la cabeza de Pastora Soler: “Su obsesión, que hice mía, era que fuese perfecta. Todo eso afectó a mi autoestima y me generó mucha inseguridad. Me pasó factura, lo he comprendido con el tiempo”.

La cantante Pastora Soler (Europa Press)
La cantante Pastora Soler (Europa Press)

Las consecuencias para Pastora Soler

En su relato, la presión de Sanz también afectó a decisiones artísticas y personales. Pastora Soler recuerda que perdió una canción compuesta por Alejandro Sanz porque tomó decisiones que su representante no compartía, y que la reacción fue un estallido de insultos y gritos en el que la acusó de haberle traicionado y de ser “una miserable”.

Tiempo después, oyó ese tema en la radio interpretado por otro artista cuyo nombre no desvela. “Me cerraba más puertas de las que me abría. Había gente que me decía que era imposible hacer negocios con él”, sostiene. La cantante también afirma que su representante intentó decidir quién debía ser su pareja.

Pensó, según su versión, que el torero Morante de la Puebla, amigo suyo, del mismo pueblo y de la misma edad, era el candidato adecuado. Una noche de verano en la playa con amigos de ambos terminó convertida en un rumor sentimental después de que ella misma se lo contara a Sanz al día siguiente.

Pastora Soler, en imagen de archivo (Europa Press)
Pastora Soler, en imagen de archivo (Europa Press)

“Fue la excusa perfecta para que llamara a un par de amigos suyos periodistas y darles la información. De aquella noche de risas nació el bulo que durante años me estuvo persiguiendo como si nosotros hubiéramos tenido algo. Y eso nunca sucedió”, desmiente tres décadas después.

La relación profesional terminó con una llamada en la que él le comunicó que dejaba de ser su representante porque se jubilaba. Según la artista, Sanz ya había dejado firmado quién sería su sucesor, sin permitirle tener voz ni voto. Sin embargo, pasados los años Pastora Soler ha conseguido coger las riendas de su carrera y exponer lo vivido.

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