La propuesta que podría cambiar tu jubilación: inscripción automática en planes de pensiones para millones de trabajadores

El envejecimiento de la población amenaza la sostenibilidad del sistema público y abre la puerta a un modelo que incorporaría por defecto a los empleados a planes de pensiones de empresa para complementar pensión

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Dos hombres y una mujer, todos mayores, sentados en un banco de madera bajo un árbol en un parque florido. Se observa un edificio antiguo al fondo y otras personas.
Un grupo de jubilados descansa en un parque. (Imagen Ilustrativa Infobae)

España se enfrenta a una de las mayores transformaciones de su sistema de protección social en décadas. El rápido envejecimiento de la población, la caída prevista del número de trabajadores por pensionista y el aumento constante del gasto público en pensiones han situado el debate sobre la jubilación en el centro de la agenda económica.

Ante este escenario, gana fuerza una propuesta de los analistas de Bolsas y Mercados Españoles (BME) que ya ha demostrado su eficacia en otros países europeos: la inscripción automática de los trabajadores en planes de pensiones de empleo.

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El objetivo es crear una segunda fuente de ingresos para la jubilación que complemente la pensión pública y permita afrontar con mayores garantías los retos demográficos que se avecinan.

Las cifras explican la magnitud del desafío. Actualmente, España cuenta con alrededor de 2,1 trabajadores por cada pensionista. Sin embargo, las previsiones apuntan a que esa ratio caerá hasta apenas 1,3 ocupados por jubilado en 2050. Paralelamente, el gasto en pensiones, que representó el 13,1% del PIB en 2024, podría alcanzar el 17,3% en las próximas décadas, según las proyecciones europeas.

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Un sistema bajo presión

El modelo español se apoya principalmente en el denominado Pilar I, es decir, la pensión pública financiada mediante las cotizaciones sociales de los trabajadores en activo. Este sistema ha permitido durante décadas garantizar una elevada cobertura social, pero la evolución demográfica está poniendo a prueba su sostenibilidad financiera.

Los expertos de BME consideran que el reto no pasa por sustituir el sistema público, sino por complementarlo. En este contexto aparece el denominado Pilar II, basado en los planes de pensiones de empleo promovidos por empresas, sectores o convenios colectivos.

La idea es sencilla: mientras el Estado continúa garantizando una pensión básica, los trabajadores acumulan un ahorro adicional durante su vida laboral que les permita mantener mejor su nivel de ingresos cuando se jubilen.

El esquema se completa con un tercer nivel, conocido como Pilar III, que engloba el ahorro privado voluntario que cada ciudadano puede realizar mediante productos financieros destinados a la jubilación.

Fuente: BME.
Fuente: BME.

El ahorro automático gana terreno

La principal novedad que plantea el informe es la implantación progresiva de un sistema de inscripción automática o 'autoenrolment’. Bajo este modelo, los trabajadores serían incorporados por defecto a un plan de pensiones de empleo desde el momento de su contratación.

No obstante, la adhesión no sería obligatoria. Los empleados conservarían en todo momento el derecho a abandonar el sistema si así lo desean mediante un mecanismo de salida voluntaria.

La clave de esta fórmula radica en un fenómeno ampliamente estudiado por la economía del comportamiento: muchas personas retrasan decisiones financieras importantes aunque les resulten beneficiosas a largo plazo. Al convertir el ahorro en la opción predeterminada, la participación aumenta de forma significativa.

Los expertos de BME destacan que beneficia especialmente a colectivos que tradicionalmente presentan menores tasas de ahorro previsional, como los jóvenes, los trabajadores con salarios medios y bajos o los empleados de pequeñas empresas.

Santiago Carbó, catedrático del Departamento de Economía en CUNEF Universidad, afirma que el sueldo que cobran los jóvenes es menor que las pensiones que reciben los jubilados, por lo que considera necesario llevar a cabo medidas que reduzcan esa desigualdad.

España, muy lejos de otros países

La situación actual de España muestra un amplio margen de mejora. En 2025 apenas 3,13 millones de trabajadores participaban en planes de pensiones de empleo, lo que representa únicamente el 14,4% de los afiliados a la Seguridad Social.

La distancia con otras economías desarrolladas es notable. Los activos gestionados por los sistemas de pensiones complementarios en España equivalen al 10,8% del PIB, frente al 32% de media de la Unión Europea.

La diferencia es aún mayor si se compara con países que han desarrollado sistemas multipilar durante décadas. En Dinamarca, los activos de pensiones representan más del 206% del PIB. En Islandia alcanzan el 191%, mientras que en Canadá superan el 157%. También destacan Estados Unidos, Países Bajos o Australia, donde el ahorro acumulado para la jubilación supera ampliamente el tamaño anual de sus respectivas economías.

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El ejemplo británico que mira España

Uno de los casos más citados por los expertos es el de Reino Unido. En 2012, el Gobierno británico puso en marcha un sistema de inscripción automática para impulsar los planes de pensiones de empresa.

Los resultados fueron contundentes. La participación de los trabajadores pasó del 47% al 82% en apenas doce años. Además, el número de empleados incluidos en planes de contribución definida se duplicó, superando los 23 millones de personas.

El modelo británico combina varios elementos considerados clave para su éxito: inscripción automática, posibilidad de renuncia voluntaria, aportaciones compartidas entre trabajadores y empresas, incremento gradual de las contribuciones y vehículos de inversión de bajo coste.

Los analistas consideran que España podría adaptar muchos de estos mecanismos a su realidad económica y laboral sin necesidad de realizar cambios radicales en el sistema actual.

Enrique Devesa, investigador del Instituto Valenciano de Investigaciones Económicas (IVIE), nos explica cómo la pensión que cobran los jubilados en España es un 60% más de lo que han cotizado a la Seguridad Social.

Más allá de las pensiones

El fortalecimiento de los planes de empleo tendría efectos que van mucho más allá de la jubilación de los trabajadores. Desde el punto de vista social, permitiría mejorar la denominada tasa de sustitución, es decir, el porcentaje del salario previo que una persona mantiene una vez deja de trabajar. También contribuiría a reducir la dependencia exclusiva de la pensión pública.

Pero las implicaciones económicas son igualmente relevantes. Los fondos acumulados en estos planes suelen invertirse a largo plazo en empresas, infraestructuras, innovación tecnológica o proyectos vinculados a la transición energética.

Este flujo de capital proporciona financiación estable a la economía y favorece el crecimiento empresarial, la creación de empleo y el desarrollo de nuevos proyectos productivos.

El papel de la Bolsa y los mercados financieros

Para que este sistema funcione correctamente, resulta imprescindible contar con mercados financieros sólidos, transparentes y eficientes capaces de canalizar el ahorro hacia inversiones productivas. Los mercados de capitales actúan como puente entre los recursos acumulados por los trabajadores y las necesidades de financiación de empresas e instituciones.

Por ello, los expertos de BMEconsideran que el desarrollo de los planes de pensiones de empleo y la profundización de los mercados financieros son procesos estrechamente vinculados. Además, la rentabilidad desempeña un papel decisivo. Según los datos históricos analizados, la Bolsa española ha ofrecido una rentabilidad media nominal anual cercana al 8,3% durante los últimos 120 años, incluyendo dividendos.

Una vez descontada la inflación, la rentabilidad real se sitúa en torno al 3% anual. Aunque pueda parecer una cifra modesta, el efecto del interés compuesto durante varias décadas puede multiplicar significativamente el ahorro acumulado por un trabajador.

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