Un robot gana a jugadores profesionales de ping-pong: así funciona la máquina que toma decisiones en tiempo real

El sistema autónomo Ace percibe la pelota y decide cada golpe en milisegundos mediante inteligencia artificial

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El robot autónomo Ace de Sony AI devuelve un golpe a su oponente humano, el jugador de tenis de mesa Yamato Kawamata. (Reuters)
El robot autónomo Ace de Sony AI devuelve un golpe a su oponente humano, el jugador de tenis de mesa Yamato Kawamata. (Reuters)

El sistema autónomo Ace, desarrollado por la división de inteligencia artificial de Sony (Sony AI), ha logrado competir con jugadores de alto nivel en partidos de ping-pong disputados bajo reglas oficiales. Los resultados, publicados en la revista Nature, muestran que este robot es capaz de desenvolverse en un entorno real y dinámico, y de ganar varios encuentros frente a deportistas profesionales.

En las pruebas realizadas en abril de 2025, Ace jugó contra cinco jugadores con más de diez años de experiencia competitiva y contra dos profesionales de la liga japonesa T.League. El robot ganó tres de los cinco partidos frente a los jugadores de élite y mantuvo un rendimiento competitivo en el resto. En total, se impuso en siete de los trece juegos disputados en esta categoría.

Un deporte donde todo ocurre en milésimas de segundo

Más allá del resultado, lo más relevante es la forma en la que juega. Según los investigadores, el sistema destaca por su consistencia y capacidad de adaptación, más que por la potencia de sus golpes.

El tenis de mesa profesional es uno de los deportes más exigentes para cualquier sistema robótico. La pelota puede superar los 20 metros por segundo y girar a velocidades de hasta 1.000 radianes por segundo, lo que deja márgenes de reacción inferiores a medio segundo.

El robot autónomo Ace de Sony AI dispara un tiro a su oponente humana, la jugadora de tenis de mesa Minami Ando. (Reuters)
El robot autónomo Ace de Sony AI dispara un tiro a su oponente humana, la jugadora de tenis de mesa Minami Ando. (Reuters)

Para enfrentarse a este reto, Ace utiliza un sistema de percepción avanzado basado en múltiples cámaras y sensores que permiten estimar en tiempo real tanto la trayectoria como el efecto de la pelota. Toda esta información se procesa mediante inteligencia artificial basada en aprendizaje por refuerzo, que toma decisiones cada 32 milisegundos.

Durante los partidos, el robot fue capaz de mantener intercambios largos, con una media de unos cinco golpes por punto, por encima de lo habitual en partidos humanos. También mostró gran habilidad para devolver pelotas con distintos efectos.

En los servicios, utilizó una amplia variedad de golpes y logró puntos directos con frecuencia. Alcanzó velocidades de devolución de hasta 16,4 metros por segundo y fue capaz de responder a golpes aún más rápidos de sus rivales.

Los investigadores destacan que su fortaleza no está en la potencia, sino en la regularidad. En palabras del equipo, el sistema demuestra “la capacidad de mantener el control del intercambio incluso en situaciones complicadas”.

Más allá del ping-pong

Para los investigadores de Sony AI, Ace representa mucho más que un experimento deportivo. Es una prueba de que la inteligencia artificial puede operar en el mundo físico con gran precisión.

El robot autónomo Ace de Sony AI dispara contra su oponente humano. (Reuters)
El robot autónomo Ace de Sony AI dispara contra su oponente humano. (Reuters)

Como explica Peter Stone, científico jefe del proyecto, “este avance va mucho más allá del ping-pong. Añade que “representa un momento clave en la investigación en inteligencia artificial, al mostrar, por primera vez, que un sistema de IA puede percibir, razonar y actuar de manera efectiva en entornos reales complejos y en rápida evolución”.

El sistema funciona de forma completamente autónoma. Durante los partidos no hay intervención humana directa. Todo, desde la percepción hasta el golpe final, lo decide el propio robot.

Aunque el ping-pong es el escenario, el verdadero avance está en lo que representa: una máquina capaz de percibir, decidir y actuar en el mundo físico con gran velocidad y precisión. Uno de los expertos citados en el estudio resume el impacto con una observación llamativa: “Nadie más habría sido capaz de hacer eso. No pensé que fuera posible”.