El truco de Loquillo para mantenerse joven a los 65 años que también emplean los futbolistas profesionales, en ‘Lo de Évole’

El mítico rockero catalán relata en el programa de La Sexta cómo opta por encerrarse en neveras para mantener su juventud, igual que deportistas de élite

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Loquillo, durante una entrevista con Jordi Évole, en La Sexta
El rockero barcelonés relata en el programa de La Sexta cómo decide por emplear neveras como método de mantener la juventud. / Captura de pantalla

El cantante Loquillo ha revelado durante una entrevista en Lo de Évole que a sus 65 años mantiene una rutina poco convencional para conservar su vitalidad: el uso periódicamente de cámaras frigoríficas a temperaturas de 7, 9 u 11 grados para recuperarse tras sus conciertos. Esta es una técnica que, según sus palabras a Jordi Évole y recogidas por La Sexta, también emplean futbolistas profesionales para aliviar el desgaste muscular.

Entre sus hábitos específicos, Loquillo ha resaltado que evita bañarse en hielo, pero que ingresa desnudo en una cámara diseñada para terapias de recuperación física, especialmente tras continuados conciertos. La práctica, atribuida originalmente a Mick Jagger, le permite “recuperar el tono” físico tras secuencias de alto rendimiento en los escenarios musicales. El intérprete ha reconocido también que mantiene una constante actividad creativa con proyectos que incluyen libros, documentales y películas, lo que considera esencial para la agilidad mental y el bienestar: “Tengo que estar en funcionamiento. Porque así agilizo la mente y no envejezco”, afirmó en la entrevista.

Consultado por Jordi Évole sobre si estos métodos reflejan temor a la vejez, Loquillo ha rechazado la idea y se ha declarado orgulloso de su edad, subrayando que la lleva “muy bien” porque se lo ha “buscado”. El músico ha añadido que alguna vez se ha sometido a tratamientos de limpieza de sangre, aunque ha preferido no detallar estos procedimientos en la charla.

Los excesos del rock que preceden a su “buscada” juventud

La transformación de Barcelona, de urbe singular a ciudad marcada por la uniformización turística, emerge en la conversación entre Loquillo y Jordi Évole como sinónimo del recorrido paralelo en la leyend del rock. El cantante lamenta la pérdida de diversidad en las ciudades, señalando que “todas parecen franquicias”, aunque manifiesta el deseo de que la ciudad condal siga siendo un lugar abierto y receptivo, donde se mezclen distintas culturas y maneras de vivir. “Me gusta que represente eso”, afirma en el programa de La Sexta.

Sobre el consumo de drogas en esa misma Barcelona, el músico ha afirmado que “he probado todas las drogas que he podido”, estableciendo su límite en la heroína debido a su temor a las agujas. Plantea que la verdadera diferencia entre una estrella y una persona corriente es la capacidad para crear tanto bajo el influjo de sustancias como en estado de sobriedad.

A lo largo de su trayectoria, Loquillo ha mantenido un posicionamiento político explícito. En los 80 y 90 participó en festivales organizados por el PSUC, donde congregó a más de 100.000 personas, y en 1993 respaldó públicamente a Felipe González. Ese mismo año publicó una canción en la que denunciaba torturas en comisarías del País Vasco, hecho que, según detalla, provocó su veto en ayuntamientos y radios durante meses.

La veteranía del artista, sumada a la reflexión sobre los excesos y episodios oscuros del pasado, desemboca en una actitud de distanciamiento frente a la polémica. “No digo que ya no lo hagamos, pero ahora, pisar a destiempo te puede costar el resto de tu vida. Soy la mayor estrella del rock, ya lo tengo hecho, no me toca a mí”, concluye en el programa presentado por Évole.

El grupo, que en la década de los 90 rompió con todas las normas establecidas, se disolvió en 2016

Con vistas desde las alturas de la ciudad que marcó el principio de todo, Loquillo reafirma que la mezcla y la acogida definen la idiosincrasia barcelonesa que todavía reconoce. Para terminar el recorrido, una declaración a cámara subraya el valor del tiempo con los padres: “No perdáis un puto segundo”. La crónica de La Sexta concluye así el retrato de una leyenda que ha hecho de la resistencia, la fábula y el inconformismo sus principales emblemas.