La desinformación sobre la eutanasia de Noelia ataca la donación de órganos en España: “Una noticia falsa puede ser muy destructiva”

La joven catalana no donó sus órganos, pero las redes sociales difundieron el bulo que ahora se lleva a los tribunales.

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Noelia Castillo Ramos, la joven parapléjica que recibirá la eutanasia, durante su entrevista en 'Y ahora Sonsoles' (Antena 3)
Noelia Castillo Ramos, la joven parapléjica que recibirá la eutanasia, durante su entrevista en 'Y ahora Sonsoles' (Antena 3)

La muerte de Noelia Castillo, de 25 años, después de una batalla legal por recibir la eutanasia, puso a España en la primera plana de los diarios internacionales. La joven sufría una paraplejia desde el año 2022, consecuencia de un intento de suicidio, que le provocaba un sufrimiento constante y sin previsiones de mejora. Su padre no pudo aceptar la decisión de la muchacha y, durante cerca de dos años, intentó que la justicia parase la prestación de muerte asistida que ella misma había solicitado.

Las denuncias y recursos interpuestos no fueron fructíferos y Noelia falleció el pasado 26 de marzo, tal y como ella deseaba. La corta edad de la demandante y los detalles que rodean su historia, difundidos en una entrevista con la periodista Sonsoles Ónega, llamaron especialmente la atención de la población española y algunos utilizaron el caso para difundir bulos contra el derecho a la eutanasia. Entre ellos, la representante legal del padre, Polonia Castellanos, perteneciente a la organización ultracatólica Abogados Cristianos, llegó a afirmar que la muerte asistida de la joven “no podía retrasarse” porque “ya tenían sus órganos colocados a otros enfermos”.

Noelia no donó sus órganos tras su muerte, como confirmaría después su madre, pero la acusación se difundió rápidamente en redes sociales con mensajes de odio contra los médicos y llamamientos a dejar de donar órganos en un país líder en trasplantes en el mundo. Para Beatriz Domínguez-Gil, médica y directora de la Organización Nacional de Trasplantes (ONT), estas declaraciones “son inaceptables” y tienen “un potencial daño a la salud pública, si esto se revierte en negativas a la donación”.

Más de 200 donantes en cuatro años

España lleva más de tres décadas siendo el referente internacional de donación y trasplante de órganos. Desde la creación del programa de trasplantes hace más de 60 años, el país ha realizado más de 150.000 de estos procedimientos, con una media de cerca de 52 donantes por millón de habitantes. Los avances médicos han permitido expandir el perfil del donante de órganos, que ahora puede realizar este gesto solidario a personas desconocidas e incluso en vida.

En junio de 2021, la aprobación de la ley de eutanasia derribó otra frontera más. “Empezaron a llamar pacientes y profesionales que tenían pacientes que iban a solicitar la prestación, que ya estaba en curso o que ya la tenían autorizada y que querían ser donantes de órganos”, cuenta Domínguez-Gil. No tardó mucho en ocurrir: el primer donante tras eutanasia llegó en el mes de septiembre de ese año.

“No podíamos asumir que, en un país en el que no había ningún tipo de prohibición legal para ser donante, en un país en el que tenemos asumido que la donación tiene que formar parte de los cuidados al final de la vida, tuviéramos que negar a una persona con ese sufrimiento y con todo lo que había hecho, la posibilidad de ser donante, si eso era coherente con sus principios y sus valores”, valora la presidenta de la ONT.

Otras seis personas siguieron sus pasos en el año 2021 y, desde entonces, 226 pacientes han donado sus órganos después de la eutanasia. En total, el 14% de las personas fallecidas por eutanasia entre 2021 y 2024 son donantes de órganos.

Una ley garantista y un protocolo “impecable”

Más de 200 personas han donado sus órganos tras la eutanasia desde 2021. (Freepik)
Más de 200 personas han donado sus órganos tras la eutanasia desde 2021. (Freepik)

Poco a poco, la ONT empezó a elaborar unas guías basadas en la experiencia de países como Bélgica, Canadá y Holanda, y de la mano de técnicos, profesionales, legisladores y expertos éticos. “Hicimos guías muy rápidas y, posteriormente, desarrollamos un protocolo nacional que ya ha sufrido más de una revisión y, probablemente, con la experiencia, vayamos refinando más”, explica Domínguez-Gil, quien asegura que esta norma “se cumple de forma impecable”.

El protocolo de donación está muy alejado de presiones y compromisos. La decisión de recibir la eutanasia y la de donar los órganos están separadas y la segunda no comienza hasta que se han cumplido todos los cauces para autorizar la primera. Si, una vez recibido el visto bueno para la eutanasia, esa persona desea recibir información de la donación, se le remite a un coordinador de trasplantes, que puede encontrarse en su propio centro o en un centro de referencia.

Para donar órganos después de la eutanasia, se tiene que cumplir un requisito clave: fallecer en un hospital. Es una exigencia que echa a muchas personas para atrás, dice Domínguez-Gil, pues prefieren pasar sus últimos momentos en un entorno más amable. En el caso de Noelia, por ejemplo, la joven decidió que quería morir en su habitación del Hospital Residencia Sant Camil, centro no habilitado para la donación de órganos, que consideraba como su hogar.

Si, con la información en mano, la persona consiente a la donación de órganos, el proceso comienza a prepararse. “A veces se hace una evaluación antes del ingreso en el hospital o se recopila información que pueda estar disponible en su historia clínica. El propio día del ingreso, se completa toda la evaluación, se organiza la obtención de órganos y se asignan de acuerdo a los mismos criterios, principios y dinámicas que aplicaríamos a cualquier otro proceso”, explica Domínguez-Gil.

La médica insiste en que estos órganos no se comprometen ni se “colocan” antes de la eutanasia. “Tal es así que, en un proceso de donación normal, hasta el día que no se activa la donación, nosotros no podemos saber, por ejemplo, si hay urgencias ese día”, que serían los primeros destinatarios. “Se puede hacer una primera evaluación de a dónde podrían ir asignados, pero hasta inmediatamente antes de que ocurra la eutanasia y, posteriormente, tras la obtención y validación de los órganos, no se sabe cuál va a ser el destinatario final”, añade.

Noelia Castillo Ramos, una joven de 25 años, comparte su historia y su firme decisión de recibir la eutanasia. A pocos días de su muerte programada, explica las razones detrás de su elección para dejar de sufrir.

Domínguez-Gil, que conoce al dedillo el trabajo de la donación de órganos en España, considera “inaceptables” las acusaciones que han recibido los profesionales sanitarios tras la eutanasia de Noelia Castillo. “Son acusaciones muy graves, creo que son injurias, calumnias y, además, un potencial daño a la salud pública”. Desde Abogados Cristianos, han llevado a los tribunales a la médica que practicó la eutanasia de la joven catalana, pues consideran que ha habido un “conflicto de intereses”, pues la doctora era también coordinadora de trasplantes.

“Si tienen dudas, que vayan a los tribunales, pero hacer este tipo de publicidad lo que busca es hacer daño. Y me temo que, como veremos, todas sus demandas van a caer. Pero el daño ya está hecho. El movimiento que han generado en redes sociales es muy difícil de parar. Una noticia falsa puede ser muy destructiva”, lamenta la directora de la ONT.