De reforzar las defensas a estimular la digestión: los beneficios de comer piña para la salud

Esta fruta es rica en vitamina C, yodo y otros nutrientes que cuidan el organismo

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La piña es una fruta llena de beneficios para la salud (Adobe Stock)
La piña es una fruta llena de beneficios para la salud (Adobe Stock)

Entre las frutas tropicales destaca una por su sabor refrescante, su versatilidad en la cocina y sus propiedades nutricionales. Se trata de la piña, una fruta cuya calidad depende en gran medida del punto de maduración, ya que solo alcanza su máximo valor nutricional cuando completa el proceso en la planta.

Además de su aporte energético, la Fundación Española de Nutrición (FEN) expone que la piña destaca por su contenido en vitamina C y yodo. La primera contribuye a la protección de las células frente al daño oxidativo, mientras que el segundo es esencial para el metabolismo energético normal y el correcto funcionamiento de la glándula tiroides.

A estas propiedades se suman ácidos orgánicos como el cítrico y el málico, responsables del característico sabor ácido de la piña, y una enzima singular: la bromelina, una enzima con efectos proteolíticos.

Un escudo para las defensas

Uno de los beneficios más reconocidos de la piña es su aporte de vitamina C, un nutriente clave en la protección de las células frente al estrés oxidativo. Este proceso, asociado al envejecimiento y a múltiples enfermedades, puede verse contrarrestado por una dieta rica en antioxidantes. Consumir piña madura contribuye a reforzar las defensas del organismo y a mantener la integridad celular. La FEN destaca precisamente este papel protector de la vitamina C como uno de los puntos fuertes de la fruta.

Apoyo al metabolismo

La piña es también fuente de yodo, un micronutriente menos conocido pero esencial. Este mineral interviene en la producción de hormonas tiroideas, que regulan el metabolismo energético del cuerpo. Un consumo adecuado de yodo contribuye al funcionamiento normal de la tiroides, influyendo en procesos como el gasto calórico o la regulación de la temperatura corporal. Por ello, incluir piña en la dieta puede aportar un apoyo nutricional interesante en este ámbito.

Una fruta que facilita la digestión

Entre los componentes más singulares de la piña destaca la bromelina, una enzima con acción proteolítica capaz de descomponer las proteínas en aminoácidos. Este mecanismo puede favorecer la digestión, especialmente en comidas ricas en proteínas. La FEN señala que esta enzima es sensible al procesado, por lo que su actividad se reduce significativamente en productos en conserva. Aun así, en fruta fresca, su presencia la convierte en un alimento funcional de interés.

Esta es la fruta más nutritiva del mundo: ayuda al sistema nervioso y tiene propiedades anticancerígenas.

La piña, fuente de energía natural

Cuando la piña ha madurado correctamente en la planta, su contenido en hidratos de carbono ronda el 11%, lo que la convierte en una fuente de energía moderada y natural. Este aporte procede de azúcares que se desarrollan durante las últimas semanas de maduración, duplicando su presencia respecto a frutos recolectados antes de tiempo. Por ello, la FEN advierte que la maduración es clave para obtener no solo mejor sabor, sino también mayor valor nutricional.

Un escudo para la salud digestiva

El sabor característico de la piña se debe a los ácidos cítrico y málico, compuestos orgánicos que también pueden estimular la digestión. Estas sustancias, junto con su contenido en agua y fibra, contribuyen a una sensación de frescor tras su consumo. Sin embargo, la FEN advierte que la piña en conserva, aunque mantiene parte de sus vitaminas y minerales, pierde bromelina y aumenta su contenido calórico debido al almíbar. Por ello, la fruta fresca y bien madurada sigue siendo la opción más recomendable.