
Pascual D. Diago revisa cada mañana su correo electrónico. El profesor de la Universidad de Valencia recibe a diario mensajes de lo que denomina “revistas pirata”, plataformas fraudulentas que intentan aprovecharse de la necesidad que tienen los académicos de publicar artículos constantemente. El día que atiende a Infobae por teléfono, ya ha recibido tres.
Para prosperar en el mundo académico, publicar artículos es un requisito indispensable del que depende el acceso a empleos, ascensos o bónuses salariales. “Dentro de la universidad, necesitas crear un currículum en el que, aparte de tus clases, necesitas investigación. La única forma de demostrar que tienes algo de investigación es publicando capítulos de libro o bien artículos, que te hacen ganar puntos de cara a las plazas de promoción. Estas revistas se aprovechan y te piden cantidades de dinero por publicar”, explica.
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Cansado de este ‘chantaje digital’, Diago decidió un día contestar a una de las revistas que le escribió el pasado mes de agosto. La publicación (Clinical Journal of Obstetrics and Gynecology) era de un ámbito completamente distinto al suyo. “Yo estoy en Didáctica de las Matemáticas y la revista era de ginecología y obstetricia”, cuenta. En vez de ignorar el mensaje, el profesor decidió gastarle una pequeña broma al estafador que se escondía tras la pantalla: envió un artículo completamente falso, elaborado con ChatGPT.
“La idea era perder el menor tiempo posible y demostrar de alguna manera que era una revista pirata. Empecé a redactar un resumen que enganchara la Didáctica de las Matemáticas con la ginecología y le di la instrucción a ChatGPT de que lo hiciera muy loco, que se notara que era absurdo”, explica Diago. Para sorpresa del profesor, el abstract encantó a la presunta revista y le pidieron un artículo entero.
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Diago decidió seguirles el juego: pidió a la inteligencia artificial que generara un artículo completo. La publicación sobre el impacto de las matemáticas en el parto se alargaba durante seis páginas y, entre sus citas, incluía hasta cuatro veces al doctor Me-Lo I. Nvent. Lo único que cambió del texto fue su propio nombre, de Diago a Chiago, para que el artículo no apareciese ligado a su firma académica. “El artículo pasó por todas las fases normales, lo revisaron y me dijeron que estaba aceptado. Nos pedían casi 3.000 dólares por publicarlo“, recuerda.
Así que Diago siguió la broma: “Generé una factura falsa, con el IBAN que me mandaban ellos, con ChatGPT le puse ‘PAGADO’ encima, emitido por el Cheat Bank of Spain [Banco Pirata de España]“. Pensó que ahí acabaría todo, que alguien se daría cuenta de que la transferencia nunca llegó, pero poco después vio su obra publicada en el falso Clinical Journal of Obstetrics and Gynecology.
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Más de 20.000 revistas ‘pirata’

Las revistas académicas fraudulentas son un fenómeno en expansión: el pasado 30 de enero, la empresa especializada Cabells informó de que su base de datos ya había contabilizado más de 20.000 revistas depredadoras, un incremento del 300% desde que comenzaron en el año 2017. “Las revistas depredadoras suelen ser falsas y buscan engañar a los autores para que paguen por la publicación, generalmente simulando ser revistas legítimas revisadas por pares, y perjudicando a la comunidad académica al explotar el modelo de acceso abierto y utilizar tácticas engañosas para solicitar la presentación de artículos”, explicaron en un comunicado.
Para evitar estas estafas, las universidades forman a sus docentes e investigadores en maneras de identificar si una publicación es o no verídica. Según explica Diago, normalmente estas revistas copian la apariencia del sitio web de otros boletines reales y utilizan un nombre parecido. “Otras veces se hacen pasar por la propia revista que tú sí conoces, pero utilizan un enlace falso. Lo que acaba pasando es que envías el manuscrito de tu artículo y lo secuestran, es decir, o pagas o se lo quedan y lo mandan ellos a otra publicación”, cuenta.
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El profesor de la Universidad de Valencia aconseja tanto a académicos como a la población general buscar si la revista en cuestión cumple dos criterios clave antes de darla por verdadera. Lo primero es revisar si está indexada, es decir, incluida en alguna base de datos bibliográfica reconocida, como Scopus o JCR. “Google Scholar no es ninguna garantía”, advierte. El segundo paso es fijarse en el comité editorial y ver quién está detrás de la revista. “Muchas veces este tipo de revistas ponen nombres de personas que no son reales”, avisa.
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