La “trampa del alquiler” o cómo los altos precios de la renta impiden ahorrar al 61% de la población: “Es un mercado asfixiante”

Un estudio de Oxfam Intermón señala que, por el contrario, el 60% de quienes tienen su casa completamente pagada sí ahorra todos los meses

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Imagen de la fachada de
Imagen de la fachada de un edificio en Barcelona. (David Zorrakino / Europa Press)

El acceso a la vivienda marca una clara línea divisoria en la desigualdad social en España, un desafío que se acentúa entre quienes alquilan, ya que el 61% no consigue ahorrar debido al elevado coste de la renta, según un nuevo informe de Oxfam Intermón que sitúa el alquiler como un obstáculo central en la economía de miles de hogares y advierte sobre el riesgo de perpetuar una brecha social de difícil superación. En contraste, indica el estudio, el 60% de quienes tienen su casa completamente pagada sí ahorra todos los meses.

“El acceso a la vivienda supone un gran esfuerzo para millones de personas pero es especialmente difícil para quienes pagan una renta. En esta situación se perpetúa la ‘trampa del alquiler’: los altos precios impiden ahorrar y dificultan reunir la entrada para una hipoteca. Como resultado, muchas personas quedan atrapadas en un mercado del alquiler cada vez más asfixiante”, ha explicado Alejandro García-Gil, autor del informe y responsable de políticas de protección social y empleo de Oxfam Intermón.

El estudio La vivienda, cimiento de desigualdades, elaborado a partir de una encuesta a más de 4.000 personas, también indica que más de la mitad de quienes viven de alquiler, el 58%, considera improbable poder adquirir una vivienda en el futuro.

La organización recuerda que, actualmente, el 85% de las personas inquilinas destina más del 30% de sus ingresos al pago de la renta y una de cada tres supera el 50%. Entre los hogares con hipoteca, la presión también es muy elevada: el 62% dedica más del 30% de sus ingresos al pago de la vivienda, y una de cada cinco, el 50%, añaden.

Mismos ingresos, menor ahorro en alquiler

El informe también evidencia que el régimen de vivienda condiciona la capacidad de ahorrar más que el propio nivel de ingresos. Entre quienes perciben el salario mínimo interprofesional (SMI), el 58,6 % de los propietarios logra ahorrar frente a solo el 32,4 % de los inquilinos. Incluso, una persona con vivienda pagada y SMI tiene más probabilidad de ahorrar que un inquilino con un salario de 2.000 euros. Un inquilino que gana 2.000 euros al mes presenta prácticamente la misma capacidad de ahorro (51,9%) que alguien con hipoteca y un salario de 1.500 euros (50,2%), añade el estudio.

Escaparate de una inmobiliaria. (Marta
Escaparate de una inmobiliaria. (Marta Fernández / Europa Press)

Por ello, desde Oxfam Intermón advierten sobre la consolidación de una brecha estructural. “Corremos el riesgo de consolidar una brecha cada vez mayor entre quienes destinan gran parte de sus ingresos al alquiler y quienes ya cuentan con vivienda y capacidad de ahorro. Una desigualdad que puede marcar el futuro social y económico del país”, señala García-Gil.

Desahucios invisibles

El encarecimiento del alquiler no solo ha reducido la capacidad de ahorro, sino que ha incrementado la inestabilidad residencial. Una de cada tres personas inquilinas, alrededor de tres millones, sufrió en el último año los llamados “desahucios invisibles”, es decir, finalizaciones de contrato o subidas inasumibles de la renta que forzaron mudanzas. Esta situación afecta con más fuerza a personas extracomunitarias (37%) y a jóvenes menores de 35 años (31,9%), de los cuales uno de cada dos tuvo que regresar al hogar familiar. Seis de cada diez mudanzas implicaron abandonar el barrio o el municipio de residencia, lo que, según el informe, debilita las redes sociales y comunitarias.

En esta entrevista, Javier Gil explora las causas y consecuencias de la crisis de la vivienda en España. Desde el 'rentismo' que expulsa a familias para aumentar beneficios, hasta las posibles soluciones que pasan por reordenar el mercado.

El aumento del precio del alquiler no solo ha dejado a miles de hogares sin margen para ahorrar, sino que también ha incrementado la inestabilidad residencial. En el último año, una de cada tres personas inquilinas, alrededor de tres millones, se ha visto afectada por los llamados “desahucios invisibles”, ya que se han visto obligadas a mudarse por el fin del contrato o por subidas de renta imposibles de asumir. Estos desahucios, acalra el informe, golpean con más fuerza a personas extracomunitarias y a jóvenes menores de 35 años. En este último grupo, una de cada dos personas tuvo que regresar a casa de sus padres. Además, el 60% de las mudanzas supuso dejar atrás el barrio o el municipio, debilitando los lazos sociales y las redes de apoyo que sostienen la vida cotidiana.