Ni Vox toca techo ni el PSOE estaba muerto: los errores de cálculo sobre Castilla y León lanzan un mensaje sobre Andalucía

Del 15M solo se han cumplido los grandes rasgos, pero ha habido bastantes sorpresas, incluso a la hora de interpretarse los resultados

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Feijóo posa con Azcón, Guardiola
Feijóo posa con Azcón, Guardiola y Mañueco en Génova. (EFE/ Javier Lizón)

Las elecciones en Castilla y León merecían atención porque poco tenían que ver con Extremadura ni Aragón, primero de todo por no tratarse de un adelanto, pero fundamentalmente por las particularidades del territorio. Ahora, no es posible leer los resultados sin el filtro de los pronósticos. Terminado el escrutinio, también caben los diagnósticos precipitados, particularmente si se pretende trasladar a Andalucía lo que han votado Soria o Valladolid. Empecemos por algunas conclusiones del escrutinio.

En el imaginario, Alfonso Fernández Mañueco era distinto a los pujantes, también más jóvenes María Guardiola y Jorge Azcón. Un líder desgastado, incapaz de generar ilusión, hasta una suerte para Vox. A 16 de marzo, tiene dos escaños más que en 2022, ha recuperado Valladolid, Burgos y Palencia y doblado en escaños a la extrema derecha. Su victoria no solo le da una posición de poder en la negociación, sino que da oxígeno y argumentos a Guardiola y a Azcón en las suyas.

Carlos Martínez valora el resultado
Carlos Martínez valora el resultado electoral del PSOE. (EFE/Wifredo García)

Desde fuera, Carlos Martínez era un completo desconocido y poco más podía hacer que evitar un descalabro como el de Miguel Ángel Gallardo y Pilar Alegría. La derecha, mirando a Pedro Sánchez, se frotaba las manos. Pero Martínez, que poco tiene que ver con Sánchez, gobierna Soria desde hace 19 años y hasta este 15M no sabía lo que es perder. En un contexto de desplome socialista, suma dos procuradores y mantiene el objetivo: estar en disposición de ganar la Junta en cuatro años.

El cielo de Vox, el suelo de Podemos

Vox exploraba su cielo, pero encontró el techo. Esto, si atendemos a los análisis previos. Santiago Abascal compareció serio y comparada con las fiestas en Mérida y Zaragoza, la de Valladolid lo pareció menos. Y debió serlo más, pero se apuntó al 20%, hasta al sorpasso. Con esa expectativa, lógica la decepción que, fuera de ese marco, sería incomprensible. En Extremadura, Vox obtuvo el 16,9% de los votos; en Aragón, el 17,9%; en Castilla y León, el 18,9%, el mejor resultado en la historia de la formación.

Carlos Pollán atiende a la
Carlos Pollán atiende a la declaración de Santiago Abascal la noche electoral. (EFE/Nacho Gallego)

Pero también hubo aciertos, previsiones que se ajustaron a lo ocurrido, aunque sus protagonistas no se dieron por aludidos. La izquierda a la izquierda del PSOE ha sacado un cero tras su determinación de presentarse por separado, sabiendo de la competencia de UPL, Soria ¡Ya! y Por Ávila por las inquietudes más locales. IU-Sumar un 2,23% y Podemos, un 0,7%, la mitad que la plataforma de Alvise Pérez. El partido morado entró en las Cortes en 2015, y hoy está fuera y es intrascendente.

De vuelta a lo imprevisto, el CIS, como ya hizo en las elecciones generales de 2023, ha sido la casa demoscópica que más aproximó el escrutinio. Cierto que sus horquillas eran amplias, pero también que el número de escaños de cada partido ha quedado en el punto medio de ellas. De modo que el sondeo que muchos desecharon por parcial, era el indicado. La mayor parte de los privados presagiaron una mejor noche para Vox y una nueva pesadilla para el PSOE.

El presidente de la Junta de Andalucía, Juanma Moreno (PP-A), ha reivindicado este lunes la "moderación, seriedad y cercanía" como valores políticos con la vista puesta en las elecciones autonómicas andaluzas.

Andalucía

Se suceden ahora las lecturas a toro pasado y se proyectan sobre Andalucía, las siguientes elecciones, todavía sin fecha. Y quienes despreciaban a Martínez piden al PSOE que tome nota de cómo un candidato con arraigo, que no mira a Moncloa, es quien ha triunfado, y no ministros ‘paracaidistas’ como Alegría, pronto María Jesús Montero, luego Óscar López o Diana Morant. Esto si la política fuera una matemática, porque el mayor bastión socialista en España es Cataluña, mérito de un aterrizado llamado Salvador Illa.

Y se escucha que las guerras internas en Vox han pesado, y las diferentes posturas ante el conflicto en Irán. Difícil saber lo que ha movido a cada uno de los votantes, o desmovilizado a los que se quedaron en casa. Más todavía, lo que pueda ocurrir en los tres meses hasta que se coloquen las urnas en Sevilla, Cádiz o Málaga. De partida, lo más prudente es entender, dados los precedentes, que ni el momento ni el territorio se parecen, y que los únicos que deciden esto siguen siendo los votantes.