Francisco Fernández Yuste, orientador laboral: “Pagar la mejor de las terapias jamás cambiará un trabajo tóxico”

Estas herramientas no cambian el contexto externo en el que se produce el problema. Pueden ayudar a manejar mejor la situación, pero no transforman automáticamente la realidad laboral

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Un hombre con claros signos
Un hombre con claros signos de sobreestimulación se sujeta la cabeza mientras trabaja en una concurrida oficina, reflejando el estrés del ambiente laboral moderno. (Imagen Ilustrativa Infobae)

El bienestar emocional en el trabajo se ha convertido en una preocupación cada vez más presente en la sociedad actual. La presión laboral, los horarios extensos, los conflictos con superiores o compañeros y la sensación constante de estrés pueden terminar afectando seriamente a la salud mental de los trabajadores. En este contexto, el orientador laboral Francisco Fernández Yuste ha compartido una reflexión: acudir a terapia puede ayudar a gestionar el malestar, pero difícilmente solucionará por sí sola los problemas de un trabajo tóxico.

En su intervención, Fernández Yuste plantea una idea que muchos profesionales experimentan en silencio. Cuando una persona comienza a acudir a terapia debido a las dificultades que le genera su empleo, probablemente está enfrentándose a una situación laboral muy complicada. No se trata simplemente de estrés puntual o de un periodo de mayor carga de trabajo, sino de un entorno que está generando un malestar profundo y sostenido en el tiempo.

La terapia psicológica puede ser una herramienta muy valiosa para afrontar estas situaciones. Los profesionales de la salud mental ayudan a identificar patrones de comportamiento, aprender a gestionar emociones y desarrollar habilidades para afrontar conflictos. Sin embargo, el orientador laboral insiste en que estas herramientas no cambian el contexto externo en el que se produce el problema. Es decir, pueden ayudar a la persona a manejar mejor la situación, pero no transforman automáticamente la realidad laboral.

En muchos entornos de trabajo, los problemas estructurales son los que generan ese desgaste emocional. Jefes con estilos de liderazgo agresivos, culturas empresariales basadas en la presión constante, falta de reconocimiento o cargas de trabajo excesivas pueden convertir el día a día en una fuente permanente de tensión. Cuando estas dinámicas se mantienen durante meses o incluso años, el impacto psicológico puede ser considerable.

Fernández Yuste señala que, en estos casos, la terapia suele centrarse en proporcionar herramientas para proteger el bienestar del trabajador. Aprender a establecer límites, desarrollar estrategias para desconectar del trabajo o reducir el impacto emocional de determinados conflictos son algunas de las habilidades que se trabajan con frecuencia. Estas estrategias pueden aliviar el malestar y mejorar la capacidad de afrontamiento, pero no eliminan el origen del problema si el entorno sigue siendo el mismo.

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, ha criticado este miércoles, en el pleno del Congreso, al dueño de X, Elon Musk, al que ha acusado de "destruir la salud mental" de los ciudadanos y más concretamente de los jóvenes y ha avisado de que "hay que tomar el control de las redes sociales porque se está haciendo caja con la salud mental de los ciudadanos y ciudadanas, y particularmente de la gente joven". (Fuente: Congreso)

Dedicar parte del sueldo a la terapia

El orientador laboral también plantea una reflexión sobre el coste personal que puede implicar esta situación. Acudir a terapia requiere tiempo, energía y, en muchos casos, una inversión económica importante. Cuando una persona dedica parte de su salario a tratar de mitigar los efectos de su propio trabajo, surge una pregunta inevitable: hasta qué punto merece la pena permanecer en un entorno que genera ese nivel de desgaste emocional.

Por supuesto, cada caso es diferente. Hay situaciones en las que el problema se puede resolver con cambios internos dentro de la empresa, como una reorganización de funciones, una mejora en la comunicación con los superiores o incluso un cambio de departamento. Pero en otros casos, cuando las dinámicas negativas están profundamente arraigadas en la organización, la capacidad de transformación puede ser muy limitada.

En ese contexto, Fernández Yuste sugiere que muchas personas deberían plantearse seriamente si el empleo en el que están les compensa a largo plazo. Permanecer durante años en un entorno laboral que genera angustia, ansiedad o frustración constante puede tener consecuencias importantes en la salud mental y en la calidad de vida. Por eso insiste en que desarrollar habilidades para gestionar la situación puede ser útil, pero no siempre es suficiente.

El orientador utiliza una metáfora muy gráfica para explicar esta idea. Acudir cada día a un trabajo que genera ese nivel de malestar puede sentirse como un proceso de desgaste progresivo, una especie de veneno diario que afecta poco a poco al bienestar personal. En esos casos, más allá de aprender a resistir, muchas veces la decisión más saludable puede ser replantearse el proyecto profesional y buscar un entorno laboral más compatible con la propia salud emocional.