Beatriz Martínez, psiquiatra: “Si tú te pasas horas usando pantallas, es difícil que tu hijo esté jugando con puzzles”

La especialista habla con ‘Infobae’ sobre la manera en la que es recomendable abordar el uso de móviles y tablets durante la infancia y la adolescencia

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La psiquiatra Beatriz Martínez explica
La psiquiatra Beatriz Martínez explica cuáles son los posibles efectos del sobreconsumo de pantallas a edades tempranas. (Freepik)

Las pantallas han llegado para quedarse, colonizando la mayoría de los aspectos de nuestra vida diaria: la educación, el trabajo, el ocio, las relaciones interpersonales... y también la crianza. Cada vez es más frecuente ver a adolescentes inmersos en el scroll infinito de las redes sociales, niños con la tablet en un restaurante o incluso bebés en el carrito con las pantallas, observando el mundo digital en lugar del que tienen a su alrededor.

La sobreexposición y la recepción constante de estímulos visuales ya está provocando efectos en la capacidad de atención y concentración de muchas personas. Y si estas consecuencias son grandes en adultos, en niños y jóvenes que se encuentran en desarrollo, todavía más.

Lejos de demonizar las pantallas, que son un recurso muy útil en términos de educación y socialización, la doctora Beatriz Martínez incide en la importancia de valorar sus riesgos sin perder de vista que son herramientas necesarias y eficaces en muchos contextos actuales. Tras la publicación de su nuevo libro, Manual de supervivencia para padres en la era digital (Espasa, 2026), la especialista en psiquiatría infantil y de la adolescencia habla con Infobae sobre la manera en la que las familias pueden abordar la cuestión de las pantallas desde la conciencia de su uso, la eliminación de la culpa y la comunicación sobre los riesgos que entrañan.

La dra. Beatriz Martínez publica
La dra. Beatriz Martínez publica 'Manual de supervivencia para padres en la era digital' (Espasa, 2026). (Montaje Infobae con imágenes cedidas)

-Pregunta: Empiezas tu libro hablando de una pregunta a la que muchos padres ya se habrán enfrentado: “¿Cuándo voy a tener un móvil?”. ¿Hay una edad ideal o más correcta a la que los niños puedan empezar a tener móvil propio?

-Respuesta: Hay que distinguir lo que es un smartphone de un móvil de llamadas, el ‘patatófono’, que lo puede tener en cuanto empieza a salir de forma autónoma de casa. Esto suele ser normalmente con el paso a la secundaria, sobre los 12 años. Otra cosa es un smartphone. Si nos ceñimos a la evidencia, en los estudios internacionales que tenemos a día de hoy ya se habla de que aquellos adolescentes que tuvieron un móvil por debajo de los 15 años tienen peores indicadores de salud mental: depresión, ansiedad, ideación suicida... Entonces, yo pienso que antes de los 15 no sería prudente entregar un smartphone de los que tenemos ahora, con acceso a todo.

-P: Algunos expertos ya hablan de que la gran cantidad de estímulos visuales y auditivos que reciben estos jóvenes está provocando falta de atención incluso en el ocio. Por ejemplo, adolescentes que no son capaces de ver una película sin coger el móvil. ¿Has visto un aumento de estos casos en consulta?

-R: Hace unas semanas, Matt Damon, hablando de su última película con la plataforma Netflix, decía que ahora los guionistas tienen en cuenta que el espectador no va a estar en un consumo único de la pantalla donde se está proyectando la película o la serie. Entonces, hacen guiones mucho más reiterativos, atendiendo a que el consumidor habitual de Netflix está con el móvil. ¿Esto qué supone? Por ejemplo, que estos giros sutiles de guion donde te señalan una imagen, ahora hay que explicitarlo con lenguaje, o que varias veces tienen que hacer alusión al contenido de la trama para que no se pierda. Entonces, claramente estamos cambiando las maneras de consumir y esto supone que muchos adolescentes se aburran. Ellos te lo cuentan [en consulta], incluso te dicen “es que esta serie es muy lenta” y que incluso consumen a más velocidad, aumentándola a 1.5x o 2.0x. Claro, leer un libro o ver películas más antiguas les parece un rollo.

Varios estudios ya señalan que
Varios estudios ya señalan que los adolescentes que tuvieron móvil antes de los 15 años suelen presentar peores indicadores de salud mental. (Freepik)

-P: Muchos padres se sienten desbordados y tienen que recurrir a las pantallas para entretener a sus hijos. ¿Qué soluciones planteas en este sentido?

-R: La intención del libro también es no tener esa sensación de culpa. Yo soy madre también, trabajo mucho y soy consciente de que la conciliación es muy difícil, pero sí que me gustaría que al menos hiciéramos un poco de reflexión. Aunque parezca el recurso más fácil, que no sea la pantalla el único que tengamos: por ejemplo, cuando vamos a un restaurante o cuando estamos en la sala de espera del médico, que intentemos emplear otras estrategias del pasado como dibujar, juegos de mesa o cartas... También hay otras maneras de entretener a tu hijo. Y, si no te queda más remedio, que no lo conviertas en rutina.

Si consumen pantallas, que sea un contenido largo, no esos vídeos cortos o esos juegos, sobre todo cuando los niños son más pequeños, pues suponen mucha estimulación. Además, un niño no debería estar viendo la pantalla individual solo nunca; debería haber un adulto al menos ahí cerca, así manejamos mucha parte del riesgo.

-P: Muchos padres también estarán acostumbrados a la rabieta cuando al niño se le quita la pantalla. ¿Cómo debe actuarse en esta situación?

-R: Aquí también hay un tema nuestro. Los padres venimos de una generación con una educación menos emocional donde se hablaba menos de las emociones, donde a veces el castigo eran silencios o “vete a tu cuarto a pensar”; un estilo educativo más basado en la autorreflexión y no tanto en la reflexión compartida. Entonces, ahora intentamos evitar que nuestros hijos sufran y está claro que tolerar la frustración no es malo en sí mismo.

La experta señala la importancia
La experta señala la importancia de establecer límites de uso de las pantallas para los niños pequeños. (Freepik)

Yo a veces le digo a los padres: “Pero, ¿dónde está el problema en que tenga una rabieta?”. ¿Dónde está la ansiedad? Porque si la ansiedad está en ti, es una gestión tuya, no algo que esté mal en tu hijo. Las rabietas hay que acompañarlas; las emociones que no se alimentan se agotan solas. A veces hace falta esta frustración para aprender lo que está bien, lo que está mal y que en la vida no siempre tenemos todo. Además, si lo piensas, para los padres es un regalo darles ese “no” a los niños, porque es mejor que el primer “no” de tu vida te lo dé tu madre o tu padre, que te tiene un cariño y un amor incondicional, que no un extraño cuando seas adulto.

Además, que los niños no son tontos. Si tú les explicas, ellos lo acaban entendiendo porque también se dan cuenta de lo nerviosos que se ponen con la tablet o incluso lo que les interfiere con el sueño. Yo creo que a veces somos muy condescendientes con la infancia y, teniendo con ellos un diálogo abierto adaptado a su edad, podemos llegar a muchos más acuerdos de lo que parece.

-P: El libro también puede servir para que los adultos tomen conciencia sobre cómo utilizan ellos mismos las pantallas. ¿Por qué es esto tan importante?

-R: Lo primero es el ejemplo. Si tú haces mucho uso de las pantallas, si te pasas horas y horas consumiendo vídeos cortos, es difícil que tu hijo esté jugando con puzzles. Al final, a los niños también les llama la atención lo que ven en el entorno, sobre todo cuando son muy pequeños. Somos sus referentes y tienden a querer imitarnos.

Muchos niños sienten la necesidad
Muchos niños sienten la necesidad de utilizar pantallas porque ven a sus padres usándolas. (Freepik)

Lo segundo, porque también nos quita una ventana de oportunidad. Si estamos consumiendo cosas en el teléfono, no podemos hablar, no podemos estar pendientes del otro. El móvil o la tablet es una barrera de comunicación en casa. Si como adultos entendemos el efecto que tiene el sobreconsumo de pantallas en nuestro día a día, nos podemos imaginar el efecto que va a tener para los más jóvenes.

La cara y la cruz de las pantallas

-P: Dedicas espacio a riesgos como el ciberacoso, la sextorsión, el grooming, los deepfakes... ¿Cómo de importante es que los padres conozcan estos términos y que hablen sobre ellos con sus hijos?

-R: Al igual que es importante que podamos hablar de educación afectivo-sexual, de consumo de drogas o de los peligros potenciales que te encuentras si sales a la calle y hablas con extraños, esto es un poco lo mismo. De lo que no se habla, parece que no existe. Lo habitual es que no tengas mala suerte porque son cosas que afortunadamente no les ocurren a todos los jóvenes ni a todos los niños. Pero, para cuando estas cosas aparezcan, es importante que quitemos mucha culpa. Si tú has hablado de ello antes y entienden que en el mundo hay gente que no siempre tiene buenas intenciones, externalizan de cierta manera la responsabilidad. Que les toque es una cuestión de mala suerte y no porque hagan algo malo, porque, cuando la sensación es de culpa, tendemos más a no pedir ayuda porque nos asusta la consecuencia. Poder hablar de estos riesgos también normaliza que nos puedan contar qué está pasando antes de que la cosa se vaya haciendo cada vez más grande.

-P: También hablas de la importancia de no demonizar las pantallas. ¿Qué beneficios pueden tener en la infancia y la adolescencia?

-R: La tecnología claramente ha venido para quedarse. No comparto la idea de que tengamos que volver la cabeza y desdigitalizarnos. La tecnología, además, es 100% humana porque la hemos creado los humanos y deberíamos aprovecharla como una herramienta más. A veces se toman decisiones muy polarizadas: “Vamos a poner pantallas en todos lados, en todos los niveles de educación y para todos”. Luego está lo contrario: “Vamos a quitar todas las pantallas digitales y ya no podemos tener ningún documental en clase”. El mundo de internet genera muchísimas oportunidades. Imagínate lo que es una clase de Historia del Arte en la que puedas entrar en el Louvre y ver casi en directo esos cuadros o a través de la realidad aumentada.

El uso de pantallas en
El uso de pantallas en las escuelas puede ser beneficioso para ciertas actividades. (Freepik)

No solamente a nivel educación, sino que para algunos adolescentes las redes sociales a veces han sido un salvavidas. Si tú tienes un interés muy restringido, muy extraño, o perteneces a una comunidad como la LGTBI y en tu casa no entienden tu realidad, a través de Discord o de comunidades online puedes encontrar ese apoyo que no estás teniendo en tu entorno cercano.

Al final, el mundo de internet es como la calle: no encerramos a los adolescentes en casa, sino que les vamos dotando de capacidad para estas salidas. Primero que sean acompañadas de nosotros, luego con un toque de queda muy cerrado o incluso estamos nosotros por ahí cerca, hasta que posteriormente pueden hacer una navegación autónoma en la calle y en internet. Yo creo que esto debería ser hacia donde vayamos porque también negar toda esa parte positiva sería mentir.

-P: Recientemente, el presidente del Gobierno ha anunciado que se va a prohibir el acceso de los menores de 16 años a las plataformas digitales. Como experta, ¿qué opinión tienes sobre esto?

-R: Atendiendo a cómo está diseñado el uso de estas plataformas, no lo veo mal porque esos indicadores de aumento de la incidencia de la depresión o del suicidio consumado en los más jóvenes en nuestro país son una realidad innegable. Pero yo creo que todo esto no solo tiene que ver con las pantallas o con las redes sociales porque estas son un reflejo de la sociedad. Si en las redes sociales se mueve odio o hay un ambiente polarizado, extremo o incluso tóxico es porque también los humanos vamos por esas líneas.

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, anuncia la prohibición del uso de redes sociales a menores de 16 años. (Europa Press)

Como están planteadas estas redes, me parece una medida positiva, pero creo que no es una medida única. Me da un poco de miedo que, si ya tenemos esa tranquilidad de que no van a acceder, perdamos esa parte de prevención, de apoyo, de educación, y que dejemos a esos futuros adolescentes con 16 años desprotegidos [cuando ya puedan utilizarlas]. Esto no puede ir sin acompañamiento de todas estas medidas de protección y del mensaje de que todavía uno con 16 años necesita cuidado.

-P: ¿Y en qué potenciales riesgos habría que poner el foco desde la educación en este sentido?

-R: No solamente en el tiempo de uso, que es el más obvio y del que más hablamos, sino también en el derecho a la intimidad. Al final, en internet compartimos a veces muchas cosas. Todas estas redes sociales son gratis y no lo son: les estás dando un montón de información a grandes compañías privadas que lo podrán usar desde para venderte cosas hasta para perfilar cómo es tu familia, cómo es tu ideología, tu espiritualidad, si estás soltero o no... A través de los algoritmos se puede inferir muchísima información de ti.

Ojo también con el pensamiento crítico. Antes decíamos: “Si no lo veo, no lo creo”. Es que ahora, aunque lo veas, a lo mejor no lo tienes que creer. Esto es importante también decírselo a los chicos y chicas, más ahora con la inteligencia artificial generativa.

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