Andreu Escrivà, ambientólogo: “Algunas especies aún no se han extinguido, pero todo parece indicar que lo harán porque se han quedado sin su hábitat”

El divulgador habla con ‘Infobae’ sobre la crisis de biodiversidad actual, las acciones humanas que la motivan y las posibles soluciones que podrían frenarla

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El ambientólogo y doctor en
El ambientólogo y doctor en Biodiversidad Andreu Escrivà publica 'La Tierra no es tu planeta'. (Montaje Infobae con imágenes cedidas por Arpa)

En la actualidad, nos enfrentamos a una seria crisis de biodiversidad: según la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), más de 48.600 especies en todo el mundo se encuentran amenazadas o en peligro de extinción, unas cifras que han llevado a los expertos a identificar este fenómeno como la sexta extinción masiva desde el comienzo de la vida en la Tierra. Para ser conscientes de la magnitud del problema, el meteorito que acabó con la mayoría de los dinosaurios —la quinta extinción en masa— supuso la desaparición de más del 75% de las especies y hubo que esperar millones de años para que la biodiversidad global alcanzara niveles comparables a los anteriores. En la actualidad, el ser humano es el meteorito.

Andreu Escrivà, ambientólogo y doctor en Biodiversidad, señala en su nuevo libro La Tierra no es tu planeta (Arpa, 2026) que este es un problema que nos incumbe y nos afecta a todos. En una entrevista con Infobae, el experto habla de las causas y las posibles soluciones a esta situación, así como las dificultades para aplicarlas y el negacionismo que impregna todo lo relacionado con la crisis ecológica.

-Pregunta: Al finalizar el libro, explicas que escribirlo te ha resultado difícil. ¿Encontraste al menos en el camino algún reducto de esperanza?

-Respuesta: Ha sido una experiencia dura porque, para hacer una síntesis del diagnóstico de en qué estado está la vida en nuestro planeta, pasas casi por distintas etapas del duelo. Hay muchos datos abrumadores, las historias de destrucción de hábitat son infinitas. Después, cuando se enlaza ese diagnóstico con el sistema socioeconómico del capitalismo, puedes llegar hasta un punto casi de bloqueo y decir: “Estamos muy mal, pero es que encima la salida está casi taponada”. Todo esto es culpa de un sistema extractivista que mercantiliza la naturaleza y cambiarlo tiene unas dificultades enormes. Con lo cual, la desesperanza es una emoción que sale enseguida.

Los orangutanes se encuentran en
Los orangutanes se encuentran en peligro crítico de extinción principalmente por la fragmentación y pérdida de sus hábitats, que se ven muchas veces motivadas por la tala de árboles para plantaciones de palma aceitera. (Arie Bas/Wikimedia Commons)

Pero sí, hay partes de esperanza y de casi alegría, de belleza y de futuro porque la vida es muy agradecida. En cuanto le das un cachito de algo, renace. Cuanto dejas un ecosistema tranquilo, aunque a veces le ayudes un poquito, la vida vuelve con una facilidad pasmosa. Yo creo que esta es la parte de esperanza: que podemos ver victorias con muchísima más rapidez que, por ejemplo, en el campo climático. Lo que tenemos que hacer es buscar estas historias de renacimiento escondidas a nuestro alrededor, sacarlas a la luz y transformar nuestra realidad sin perder de vista que también tenemos que transformar el sistema que está provocando toda esta crisis.

-P: Estamos ante la sexta extinción masiva. Debido a que ha habido otras cinco, algunas personas pueden pensar que este evento es algo que debe ocurrir cada cierto tiempo y que no lo podemos evitar. Sin embargo, ¿es el ser humano el causante y, por tanto, también el responsable de buscar una solución?

-R: En mi libro planteo el tema de la sexta extinción como una pregunta abierta. Creo que es legítimo y saludable hacerse esas preguntas y decir: “Si ha pasado esto antes, igual que ha habido otros cambios climáticos antes, ¿cómo sabemos que somos nosotros?”. Lamentablemente, la respuesta es sí: somos nosotros. Estamos en unas tasas de extinción de especies entre 100 y 1.000 veces superiores a la tasa de extinción de fondo, que es, por así decirlo, la “tasa de extinción normal”. Tenemos incluso deudas de extinción: algunas especies todavía no han desaparecido, pero todo parece indicar que lo acabarán haciendo porque se han quedado sin hábitat o algunas plantas no tienen quien les disperse las semillas.

Yo venía de divulgar el cambio climático y me he encontrado con que hay negacionismo de la crisis de la biodiversidad, cosa que honestamente no la tenía yo muy controlada. Hay gente que utiliza estrategias como: “Oye, esto ha pasado antes, ¿qué problema hay? Tampoco será tan grave" o “bueno, la vida ocupa los huecos”. Todo esto, lamentablemente, nace de un desconocimiento de cómo funciona la vida en nuestro planeta y cuáles son sus tiempos. Sí, la vida se recupera y vuelve a ocupar todos esos espacios, pero tarda millones de años. No tenemos millones de años; de hecho, no tenemos ni siglos, tenemos décadas para revertir esto. Nosotros estamos aquí porque dependemos del tejido vivo para seguir viviendo y prosperando, así que más nos vale darnos cuenta de que esto también va con nosotros.

El dodo es uno de
El dodo es uno de los iconos más conocidos de la extinción provocada por la acción humana. (F. Hart/Wikimedia Commons)

-P: ¿Crees que la sociedad siente mayor preocupación por salvar unas especies antes que otras?

-R: Sí, yo mismo me doy cuenta cuando comienzo el último capítulo con un par de ballenas y digo: “Si te hubiese hablado de dos escarabajos o dos gusanos, a ver si me hubieras hecho caso”. Seguramente no. Todo el mundo tiene en la cabeza el oso panda como icónico, las focas, las ballenas, los delfines... animales achuchables, muchas veces con pelo, mamíferos; salen menos reptiles, pájaros si son más bonitos... Tenemos un problema si nos centramos únicamente en algunas especies conocidas o más icónicas porque lo que sustenta la trama de la vida en nuestro planeta no son estas cuatro que nos gustaría tener de peluche, sino todas las interacciones de todas las especies, algunas microscópicas, otras enormes. Creo que lo que falta es entender lo que son las relaciones ecológicas, las redes tróficas, cómo funcionan los ecosistemas.

-P: Quizá ahora se está viendo este sesgo de belleza entre el lince ibérico y la anguila.

-R: Totalmente. La anguila es un bicho que se come y que es un plato tradicional en muchos sitios, que encima se parece a una serpiente y que es un poco babosillo y feo —aunque a mí no me parece feo—. La pregunta es: ¿te comerías un lince? Todo esto sin entrar en cuestiones de comer o no animales, sino simplemente por el estatus. Ahí hay un sesgo porque el lince lo hemos conservado y hemos hecho esfuerzos tremendos estando en peligro crítico de extinción, porque es bonito, porque es icónico, porque nos habla de ecosistemas muy identitarios de la Península Ibérica. Pero después tenemos la anguila, que también nos habla de algunos ecosistemas clave de la Península Ibérica, como zonas marítimas, húmedas, estuarios..., y no le estamos dedicando esa atención.

Creo que necesitamos entender que la valía de un animal o de una planta no radica en su belleza —que es muy subjetiva—, en su utilidad para las personas o en si nos parece más o menos apto como animal de compañía, sino en que tiene una función en el ecosistema y en que tiene derecho a existir per se.

La anguila europea se encuentra
La anguila europea se encuentra en peligro crítico de extinción. Sin embargo, recientemente las autonomías españolas han decidido no prohibir su pesca. (ANSE/Europa Press)

La desextinción: el ‘greenwashing’ de la biodiversidad

-P: La extinción es un punto de no retorno. Sin embargo, empresas como Colossal Biosciences promocionan que son capaces de “desextinguir” una especie. Con esta idea, ¿se corre el riesgo de pensar que nuestro daño a la biodiversidad es reversible?

-R: Sí, justamente. Es una idea que es una solución tecnooptimista, algo que yo no pensaba que hubiese en el mundo de la biodiversidad. Al final parece que, si extinguimos un animal, no pasa nada porque es cuestión de tiempo que podamos desextinguir a las especies. Es una cosa que mola mucho desde Jurassic Park.

Ahora la pregunta es: ¿de qué vale desextinguir una especie si le has robado todo su espacio, si has destruido su ecosistema natural, si no puede establecer ninguna relación funcional? La biodiversidad no es una cuestión únicamente de conteo de especies, lo que importa es que se establezcan esas relaciones funcionales. Si desextinguimos un animal que vivía en un tipo de bosque que nos hemos cargado, ¿qué sentido tiene?

Estos lobos [terribles] de la empresa Colossal son puro marketing, una especie de greenwashing de biodiversidad. No tiene futuro como solución a los problemas que plantea esta crisis. ¿Que en algunos casos muy concretos, en coordinación con programas de restauración, de hábitats tenga sentido? Sí. ¿Que vaya a ser la forma en la que recuperemos el tejido vivo de nuestro planeta que nos hemos ido cargando durante los últimos siglos? No.

Un investigador sostiene a Rómulo y Remo, dos cachorros de lobo con genes de lobo terrible

La pregunta que deberíamos hacer es: ¿para qué lo estamos reviviendo? Porque nosotros queremos verlo vivo, no porque el animal vaya a vivir mejor, no porque vaya a restablecer ninguna relación con el ecosistema, no porque el ecosistema vaya a mejorar gracias a su presencia. Toda la desextinción que esté basada únicamente en el deseo humano de volver a ver moverse un animal para mí es una especie de limpieza de mala conciencia, de intentar expiar nuestros pecados. Y no se expían por ahí, se expían restaurando ecosistemas y dejándoles hacer la vida.

-P: En tu libro también expones que la sociedad actual nos está empujando hacia una rapidez y una productividad constante y que esto está contribuyendo a la crisis ecológica. ¿En qué sentido?

-R: La aceleración y el hiperproductivismo están entroncando con la crisis civilizatoria que vivimos y con todo lo que tiene que ver con la crisis ecológica. Tenemos que estar todo el rato haciendo cosas, movernos muy rápidos, ser productivos todo el tiempo. Al final, la contemplación de la naturaleza requiere tiempo, reposo, evitar estar pendientes todo el rato de las notificaciones del móvil, no tener la culpabilidad perpetua de tener que estar produciendo algo... y eso no lo tenemos en nuestra vida diaria.

No tener tiempo nos desconecta y, si no estamos conectados, no vamos a entender la naturaleza, ni a querer conservarla ni a sentir pena cuando desaparezca. Mucha gente cree que reconectar con la naturaleza es tumbarse desnudo en un prado mirando las estrellas. No, es poder mirar por la ventana de tu casa y ver árboles; es poder tener tiempo y medios de transporte públicos que te lleven a espacios naturales; que la naturaleza esté en medios de comunicación, en la televisión, en libros de texto, en cuentos donde nos podamos tropezar con ella y podamos alimentar esa curiosidad. Sin eso, no vamos a tener la sensación de que necesitamos cuidarla, restaurarla, protegerla y, sobre todo, de que forma parte esencial de lo que somos como humanos.

La jara de Cartagena, la
La jara de Cartagena, la única planta declarada en situación crítica en España. (Carme Ripollés/Europa Press)

¿Es posible evitar la extinción de miles de especies?

-P: ¿Qué medidas deben adoptarse desde los gobiernos y las instituciones para frenar esta crisis?

-R: Lo primero es ser conscientes de que esta crisis existe. El problema está en que los gobiernos y las instituciones, la inmensa mayoría, están muy focalizados en la cuestión climática, y encima dentro de esto únicamente preocupados de la parte energética.

Lo segundo, necesitamos ejemplos tangibles de cómo funciona la restauración de la naturaleza, sobre todo en entornos próximos. Creo que la gente, en cuanto vea lo agradecida que es la naturaleza y esas victorias a corto plazo que se pueden conseguir, va a entender mucho mejor todos los esfuerzos que se hagan.

-P: ¿Y nosotros?, ¿qué podemos hacer como individuos?

-R: Con la crisis de biodiversidad es más difícil que con el cambio climático porque parece aún más lejana, tiene menos presencia mediática, estamos más desconectados de esa realidad y la vemos menos como una amenaza directa. Cuando tú dices que desaparece tal bicho del Amazonas, en Noruega o en el Congo, la gente dice: ‘Pues muy bien, pero ¿esto en qué me afecta a mí?’, por mucha empatía que tenga. Entonces, es muy difícil esa acción individual.

Manifestación por la emergencia climática
Manifestación por la emergencia climática en Barcelona bajo el título 'El problema no es el clima...el problema es el capitalismo', el 27 de septiembre de 2019. (David Zorraquino/Europa Press)

Yo lo que diría es: uno, buscar formas de reconectar con la naturaleza, sea adoptando un alcorque, poniendo plantas en nuestra casa o buscando momentos en el día para poder tocar algo vivo; dos, hablar de ello, explicar cómo nos sentimos, comunicar esa pérdida que sentimos también por todo lo que va desapareciendo, la ecoansiedad; tres, unirnos con otras personas; cuatro, apoyar aquellos medios e iniciativas que hablen de esto, pues algunos lo obvian por completo; cinco, intentar unirse a algún grupo ecologista de tu pueblo, comunidad o ciudad en el que te van a saber orientar; seis, votar a partidos que tomen esto en serio, empujar para cambios sistémicos; y, siete, una cosa que vale tanto para la crisis climática como para la crisis de biodiversidad, consumir solo aquello que necesitemos.

Hay que preguntarnos si esto lo necesito o no, si esto lo puedo reparar o no. Y ojo, no es fácil cuestionarse el propio consumo y no significa que siempre haya que estar optando por no consumir, porque habrá momentos en que no podemos casi ni escoger, pero intentar al menos buscar alternativas cuando sea posible.

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