
En 1978, se aprobó una nueva Carta Magna que marcaría el orden de la nueva democracia. Aquel año se promulgaría la actual y, a partir de ahora más longeva, Constitución. Este martes, en el Congreso de los Diputados, el rey Felipe VI y la reina Leticia presiden un acto para celebrar que supera a la de 1876 como la que más días acumula.
Aquel momento transformó la sociedad española en muchos aspectos, y no iba a ser menos en el caso de las Fuerzas Armadas y de Seguridad. El Ejército y la Guardia Civil pasarían a un nuevo escenario tras la Dictadura, mientras que la Policía Nacional, tal y como la conocemos, tardaría unos años en aparecer, pero su principal antecedente se formaría en 1978 con la unión de varios cuerpos.
La figura del Rey y el cambio en el poder para permitir un Gobierno elegido por los ciudadanos cambiaron los órganos e instituciones que deciden sobre las distintas fuerzas. En la actualidad, el Ejecutivo nacional, a través del Ministerio del Interior y de Defensa, tiene el dominio sobre las actuaciones del Ejército o los cuerpos policiales.
Reestructuración de las Fuerzas Armadas
Las Fuerzas Armadas (FAS) experimentaron una profunda transformación en su posición dentro del Estado. Como explica Federico Trillo-Figueroa, ministro de Defensa entre 2000 y 2004, tradicionalmente, el Ejército había ejercido un papel de árbitro político, asumiendo frecuencia intervenciones directas en la vida pública cuando consideraba débil al poder civil.
Con la transición democrática, las FAS se institucionalizaron como un pilar fundamental subordinado al Estado democrático. El artículo 8 de la Constitución les atribuye la misión de “garantizar la soberanía e independencia de España, defender su integridad territorial y el ordenamiento constitucional”. Jerárquicamente, aunque el Rey mantiene el Mando Supremo de las FAS, la dirección efectiva de la política de defensa corresponde al Gobierno, bajo el control parlamentario.
Cambios en la Guardia Civil y Policía
Según el Artículo 104, “las Fuerzas y Cuerpos de seguridad, bajo la dependencia del Gobierno, tendrán como misión proteger el libre ejercicio de los derechos y libertades y garantizar la seguridad ciudadana”. Las dos principales a nivel nacional son la Guardia Civil y la Policía Nacional, más allá de la Ertzaintza en País Vasco, los Mossos d’Esquadra en Cataluña y los distintos policías municipales o locales.
“La Guardia Civil sólo tendrá consideración de fuerza armada en el cumplimiento de las misiones de carácter militar que se le encomienden”, asegura la Constitución. De esta forma, el escrito buscaba reconducir al cuerpo a una función de seguridad interna y menos activa militarmente. Durante los años del régimen de Franco, se suprimió el Cuerpo de Carabineros y sus funciones pasaron a la Guardia Civil. La Benemérita pasó a tener una mayor dependencia del Ejército de Tierra, con la creación de un Estado Mayor formado por oficiales.
El caso de la Policía Nacional es muy diferente. En 1941, dos años después de la Guerra Civil se crea el Cuerpo de Policía Armada, mediante la fusión del antiguo Cuerpo de Seguridad y el de Vigilantes de Caminos. En la Dictadura, las labores policiales se dividen entre este organismo, conocidos popularmente con los ‘Grises’, que se encargaban de la vigilancia ciudadana, y el Cuerpo General de Policía (CGP), para las labores de investigación. En 1978, surge el Cuerpo de Policía Nacional, que sirvió de transición entre el antiguo de Policía Armada y el actual, nacido en 1986.
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