Tener los neumáticos con la presión baja puede tener graves consecuencias para tu bolsillo: así es como debes ajustarlos y cada cuánto tiempo debes revisarlo

La falta de presión adecuada incrementa el riesgo de accidente, reduce la estabilidad y eleva el consumo de combustible

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Esta es la presión que
Esta es la presión que debes llevar en los neumáticos para ahorrar combustible en invierno (Flickr)

Circular con una presión inadecuada en los neumáticos no solo compromete el control del coche, sino que puede aumentar de forma considerable el riesgo de accidente y el gasto medio en combustible. Mantener la presión adecuada ha cobrado especial relevancia desde que los fabricantes han incorporado sistemas automáticos de aviso, aunque en España todavía circulan vehículos que carecen de ellos.

Esta medida de seguridad ha pasado a ser prioritaria tanto para la estabilidad en las curvas como para una frenada efectiva, especialmente sobre calzadas mojadas o con condiciones de baja adherencia. Desde 2014, la normativa de la Unión Europea exige que todos los vehículos nuevos matriculados incluyan un sensor TPMS de control de presión.

Este sensor monitoriza en tiempo real los neumáticos y lanza una advertencia clara en el cuadro de instrumentos cuando detecta un nivel incorrecto de inflado. A pesar de su introducción, buena parte del parque móvil sigue dependiendo de comprobaciones manuales y del uso de medidores específicos, ante la ausencia de dicho sistema en coches antiguos.

Cómo identificar una presión incorrecta en los neumáticos

Todas las fuentes consultadas coinciden en que la presión excesivamente baja de los neumáticos se traduce en varios síntomas inmediatos: el coche responde con torpeza al girar el volante, la dirección puede vibrar, se percibe resistencia al maniobrar y a menudo el vehículo tiende a desviarse de la trayectoria marcada o tarda más en detenerse.

El uso habitual de manómetros resulta imprescindible cuando el vehículo no dispone de TPMS, aunque los compresores de aire disponibles en las gasolineras pueden llegar a ofrecer lecturas poco precisas, por lo que se aconseja la compra de un dispositivo de calidad o acudir a talleres especializados.

Otro aspecto a destacar es que la conducción se vuelve inestable, se incrementa el desgaste en las cubiertas y se eleva el consumo de carburante. Según este centro, una presión inadecuada puede provocar hasta un 10% de incremento en el gasto de gasolina o diésel, y el riesgo de pinchazos aumenta de forma notoria, además del peligro asociado a un mal comportamiento durante el frenado o la toma de curvas.

Conductor inflando los neumáticos (Christin
Conductor inflando los neumáticos (Christin Klose/dpa)

Un desgaste rápido y desigual en los flancos del neumático suele ser una señal evidente de que el inflado está por debajo de lo recomendado. Sin embargo, la presión excesiva también acarrea problemas: inflar un neumático por encima de los valores marcados puede generar un desgaste irregular de la banda de rodadura y reducir la tracción y la estabilidad del coche. En casos extremos, se incrementa el riesgo de reventón, afectando además al funcionamiento de la suspensión.

Las causas de la pérdida de presión suelen ir desde fugas en la llanta, mal estado de la válvula o simples cambios de temperatura ambiente. Los especialistas subrayan que tanto la presión insuficiente como la excesiva menoscaban la función básica del neumático: mantener el contacto eficaz con la calzada.

Comprobaciones periódicas, una garantía de seguridad

Los expertos recomiendan verificar la presión de los neumáticos al menos una vez al mes, aprovechando que, incluso en óptimas condiciones, un neumático puede perder hasta 0,1 bares en ese intervalo de tiempo. Además, hay que comprobar este aspecto antes de realizar desplazamientos largos, siempre con los neumáticos en frío, siguiendo las indicaciones especificadas en la etiqueta situada en el marco de la puerta del conductor.

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Las gasolineras están obligadas a facilitar compresores y manómetros, pero si detectamos cualquier testigo TPMS encendido, se debe actuar de inmediato y proceder a revisar la presión, sin confiar en que la alarma pueda deberse a un fallo electrónico. Los riesgos asociados a la presión inadecuada se reflejan en la siniestralidad: hasta un 15% de los accidentes mortales están vinculados a este factor.