
Cualquiera que haya atendido a la agenda política en las dos últimas semanas, las que han continuado al dolor por las 46 vidas perdidas en Adamuz, observará que Pedro Sánchez ha querido para sí los focos, tendiendo distintas trampas a sus oponentes. El presidente se prometió llevar la legislatura a término, no dejarla languidecer, pero se encuentra en un momento crítico si de cumplir ese propósito se trata por dos motivos principales: las elecciones en Aragón y el escudo social.
Las elecciones de Aragón porque Pilar Alegría apunta a obtener un muy mal resultado. No estaba prevista su victoria, pero tampoco que no lograra levantar la estimación de voto previa a que abandonara el Gobierno para centrarse en la precampaña y la campaña. Que Vox pueda quedarse a unos escaños. A apenas un mes de que se vote en Castilla y León y a cuatro de que se haga en Andalucía, donde las expectativas no son optimistas. Apunta a ser un lunes de caras largas.
Con el escudo social, el PSOE se está empleando a fondo, constatando como no antes la incompatibilidad entre los socios que le dieron la investidura, de Junts a Podemos. Ha dejado caer otras, pero esta votación la quiere ganar. Lo intentó metiendo en el saco la revalorización de las pensiones -si no se trataba tan solo de hacer al PP oponerse, estando a favor-, pero no será tan fácil. Tiene un mes para contentar a todos, si tal cosa es posible.
Socio a socio
Por separado, lo intenta. Con ERC, pactando la nueva financiación para Cataluña -no acabó bien-; con Junts, mostrándose a favor de agravar la multirreincidencia; con el PNV, consensuando que la moratoria antidesahucios excluya a los propietarios con una vivienda en alquiler; con Podemos, consensuando la regularización masiva de migrantes. A Sumar, aliado predilecto, al punto que es la otra pata de la coalición, no lo tiene satisfecho pero tampoco en rebeldía.
Sánchez se juega mucho en Aragón y en el Congreso y su hiperactividad es la mayor muestra. Es urgente que frene la sangría en las urnas y en el hemiciclo para que partido y Gobierno exhiban algo distinto a la debilidad. Salir del callejón que conduce a unas elecciones anticipadas. Al mismo tiempo, el presidente abona el terreno por si tiene que tomar la determinación. Esta semana ha llevado la pelea a las más altas esferas internacionales.
La regularización masiva de migrantes, que puede beneficiar a medio millón de personas, favorecida por un comentario crítico de Elon Musk, llevó a Sánchez a difundir un vídeo en el que, en inglés, presenta a España como “un país de acogida”. Le sirvió para situarse al otro lado, reafirmar posición en el escenario global: “Algunos dicen que vamos demasiado lejos, que vamos contra la corriente. ¿Cuándo el reconocimiento de derechos se convirtió en algo radical?“

Centrar atención, fijar posición
El PP salió en defensa de Musk, o contra Sánchez. Este martes lo hizo Vox, pero por otro asunto. Sánchez anunció que nuestro país prohibirá el acceso a redes sociales a menores de 16 años o perseguirá a los responsables de estas compañías ante contenidos de odio. “El sucio Sánchez es un tirano y un traidor al pueblo de España”, reaccionó Musk. Y de un plumazo, el socialista de nuevo en el lugar que pretendía, con sus rivales en el lugar que esperaba.
Sobre rivales y lugares, sentó el lunes a Alberto Núñez Feijóo en la comisión de investigación del Congreso sobre la gestión de la DANA, una comparecencia que de poco sirvió a efectos de esclarecer nada en lo que no estén ya trabajando los tribunales. PSOE o ERC trataron de acorralar al líder de la oposición, pero la jornada se resolvió en un empate que todas las partes coinciden en calificar de poco edificante.
Toda estrategia acabará malograda si Alegría rebaja el umbral del PSOE en Aragón o si votaciones sensiblemente más ‘amables’ que la de unos presupuestos generales terminan en un serio dolor de cabeza. Este miércoles, Sánchez ha continuado a la carga. Nuevo anuncio: un decreto para acabar con los “chiringuitos” en la FP privada. Y la ministra de Vivienda le ha puesto un cebo a Isabel Díaz Ayuso, asegurando que aplicaría el 155 en la Comunidad de Madrid.
Pareciera que se acercan elecciones, además de en Aragón, además de en Castilla y León, además de en Andalucía. Extremadura ya dio lugar a un conato de crisis interna, con Emiliano García-Page a la cabeza. El río revuelto continuó con la fallida propuesta de financiación autonómica. El Gobierno ha pisado el acelerador y centrado su acción en centrar la atención, fijar posición y salvar los muebles. Lo último es lo único por confirmar.
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