
Las ballenas beluga de la bahía de Bristol, en Alaska, protagonizan una historia poco conocida sobre adaptación y supervivencia. En vez de quedarse con una sola pareja, estas ballenas cambian de compañero de apareamiento varias veces a lo largo de los años. Este comportamiento, lejos de ser una curiosidad, es esencial para que la población, que apenas llega a 2.000 ejemplares y vive aislada de otros grupos, conserve la salud genética.
Durante trece años, científicos de la Universidad Atlántica de Florida recolectaron muestras genéticas de más de 600 ballenas beluga y estudiaron de cerca cómo se relacionan entre ellas. Descubrieron que, en este grupo, ni los machos más grandes ni las hembras más experimentadas dominan la reproducción. En cambio, padres y madres se reparten las oportunidades de tener crías, lo que ayuda a que los genes circulen y la población se mantenga fuerte frente a posibles amenazas, como enfermedades o cambios en el clima.
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El hallazgo marca un giro importante en lo que se creía sobre las belugas. Hasta ahora, los expertos pensaban que unos pocos machos controlaban la descendencia. Sin embargo, la realidad es distinta: tanto machos como hembras eligen varias parejas a lo largo de sus vidas, lo que multiplica los lazos familiares entre los miembros del grupo y protege su diversidad genética.
Cómo se emparejan las ballenas de Alaska
En la bahía de Bristol, las belugas no forman parejas fijas. A lo largo de varias temporadas de cría, machos y hembras se aparean con diferentes ejemplares. La consecuencia es que la mayoría de las crías resultan ser medio hermanas, ya que no comparten a ambos padres. Esta forma de emparejarse se llama sistema poliginándrico y es menos común de lo que se pensaba en mamíferos marinos.
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La elección de pareja no es casual. Los machos, aunque más grandes, no acumulan todas las crías. Reparten el éxito reproductivo de manera más equilibrada y, en vez de luchar por todas las hembras en una sola temporada, aprovechan su larga vida para tener descendencia en distintos momentos. Las hembras, por su parte, cambian de pareja cada temporada, lo que les permite evitar machos poco aptos y aumentar la probabilidad de tener crías sanas.
Por qué es clave para su supervivencia
Al repartir la descendencia entre muchos adultos, la población reduce el riesgo de endogamia, una amenaza común en grupos pequeños o aislados. Si solo unos pocos machos fueran padres de casi todas las crías, la diversidad genética caería y las belugas serían más vulnerables a enfermedades y cambios en el ambiente.
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Además, el estudio observó que las madres con más experiencia suelen tener más crías vivas, lo que indica que el aprendizaje y la condición física también juegan un papel importante en la supervivencia de la especie. Aun así, la mayoría de los adultos solo tiene unas pocas crías a la vez, lo que refleja un ritmo reproductivo lento y cuidadoso.
Los científicos destacan que conocer estas estrategias resulta fundamental para proteger a las ballenas belugas, sobre todo en un Ártico donde las condiciones cambian rápidamente. El apoyo de las comunidades indígenas de la zona fue clave para llevar adelante la investigación, combinando el conocimiento tradicional con la ciencia para cuidar de estas ballenas y garantizar su futuro en las aguas de Alaska.
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