El rey Juan Carlos pidió 10 millones de euros al último sha de Irán para financiar a Suárez y hacer frente a la “amenaza” que veía en el PSOE

“Mi querido hermano”, arranca la carta que envió el emérito español a su homólogo iraní en 1977, dos años antes de que la Revolución Islámica obligase al monarca a exiliarse: “El presidente Suárez claramente necesita más que nunca cualquier ayuda posible”

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El rey Juan Carlos pidió
El rey Juan Carlos pidió 10 millones de euros al último sha de Irán para financiar a Suárez y hacer frente a la “amenaza” que veía en el PSOE (Montaje Infobae)

El 28 de diciembre, comerciantes del Gran Bazar de Teherán empezaron a manifestarse, enfurecidos por la fuerte caída del rial, que quedó más cerca de los 0 euros que del céntimo. El 29, las protestas se habían extendido fuera de la capital. Los días siguientes fueron de escalada, mientras Donald Trump y Benjamin Netanyahu, volviendo a hacer referencia al programa nuclear iraní, comenzaban a barajar ataques al país al tiempo que alentaban a los iraníes a continuar.

Se habla de distintas cifras de víctimas mortales, desde los cientos que admite Abbas Araghchi, Ministro de Exteriores iraní, negando las cifras mayores y atribuyendo cualquier asesinato ocurrido a una “trama israelí”; los más de 2.000 que, al parecer, habría admitido a Reuters un alto cargo iraní anónimo (aunque culpaba a agentes externos de las muertes) y que secundan distintas ONGs; y los más de 12.000 de Iran International (un canal de televisión opositor con sede en Londres) y, citados por CBS News, informantes de Washington que aseguran tener acceso a fuentes iraníes. El Gobierno del país, por su parte, responsabiliza a Israel de intentar “causar división”, afirmando que tanto ellos como “funcionarios radicales” estadounidenses estaban “incitando a la violencia, el terrorismo y el asesinato”.

Irán, cerrando su espacio aéreo; distintos Gobiernos recomendando a sus ciudadanos abandonar el país; Donald Trump prometiendo que “la ayuda está en camino” e instando a los manifestantes a tomar “el control de sus instituciones” al tiempo que las autoridades iraníes prometen duras represalias a cualquier interferencia extranjera. De momento, estando la situación en curso todavía, lo único que está claro es el caos y la incertidumbre que se están viviendo en el país.

Miles de iraníes se movilizan en Teherán

La caída de Reza Ciro Pahlaví, el último sah

El 10 de enero, Reza Ciro Pahleví - hijo del último sah, exiliado en los Estados Unidos desde que su padre, Mohammed Reza Pahleví, fue derrocado por la Revolución Islámica liderada por el Ayatolá Ruhollah Jamenei - pedía a los manifestantes que iniciasen una huelga general.

Reza, alineado con Israel, ya se pronunció en contra del Ayatolá Ali Jamenei durante la Guerra de los 12 días pero, según reporta el medio israelí Hareetz, los apoyos a la monarquía son mínimos en Irán. El propio Donald Trump, de hecho, en una entrevista con Reuters, decía que aunque Pahleví le “parece muy simpático”, no cree que pueda lograr el apoyo dentro de su propio país como para asumir, eventualmente, el poder. “No sé si su país aceptaría su liderazgo”, expresó, aunque con el matiz de que “si lo hiciera, me parecería bien”.

La monarquía iraní cayó en 1979. La era del último sah vio una liberalización económica del país, el auge de una burguesía occidentalizada - Reza Pahleví se acercó ampliamente a Occidente -, y sobre todo a una ampliación de los derechos de las mujeres (con medidas como la abolición del velo o la concesión del derecho a voto, al divorcio, y una ampliación general de su libertad personal). Pero también se caracterizó por la dura represión a cualquier oposición o disidencia. Esto fue, al final, lo que generó el malestar social que acabó terminando con el régimen monárquico.

El nuevo comunicado de Pahlavi Reza

La carta de Juan Carlos I al sah

Prueba del acercamiento a Occidente del sah de Irán es que, el 22 de junio de 1977, dos años antes de verse forzado a dejar su país, Reza Mohammed Pahleví recibía una carta del rey Juan Carlos I de España. “Mi querido hermano”, arranca el emérito, agradeciéndole que hubiera enviado a su sobrino, el príncipe Shahram, a visitarlo. Según cuenta el rey español, aquello facilitó una respuesta rápida a una petición en “un momento difícil para mi país”.

Juan Carlos aprovecha la carta - accesible en la Tesis Doctoral de Luis Fernando Ramos Fernández, Las limitaciones a la Libertas de Expresión, derivadas de la reinstauración de la Monarquía en España - para poner al sah al tanto de la situación política en España, en plena transición tras el franquismo. Le explica que “cuarenta años de un régimen totalmente personal han hecho muchas cosas que son buenas para el país, pero al mismo tiempo dejaron a España con muy deficientes estructuras políticas”, algo que, según él, supone “un enorme riesgo para el fortalecimiento de la monarquía”.

El monarca relata cómo, después de un breve periodo con Arias Navarro en el gobierno (“que yo estuve igualmente obligado a heredar”), decidió apostar por alguien más joven y de su confianza total: Adolfo Suárez. “Desde aquel momento prometí solemnemente seguir el camino de la democracia, esforzándome siempre en ir un paso por delante de los acontecimientos a fin de prevenir una situación como la de Portugal que podría resultar aún más nefasta en este país mío”.

Juan Carlos I detalla que la legalización de distintos partidos permitió que estos participaran libremente en la campaña electoral: “La derecha, asistida por la banca de España; el socialismo, por Willy Brandt, Venezuela y otros países socialistas europeos; los comunistas, por sus medios habituales”. Explica que Suárez, al que él mismo le había confiado la responsabilidad del gobierno, solo pudo participar en la campaña electoral durante los últimos ocho días, sin las mismas ventajas que los demás. Aun así, cuenta que, casi sin organización y con préstamos de algunos particulares, Suárez consiguió “una victoria total y decisiva”.

Pero el rey no oculta su preocupación por lo que vino después: “El partido socialista obtuvo un porcentaje de votos más alto de lo esperado, lo que supone una seria amenaza para la seguridad del país y para la estabilidad de la monarquía, ya que fuentes fidedignas me han informado que su partido es marxista”. Incluso señala que parte del electorado socialista no era “consciente de ello” y que daban su apoyo pensando que así España recibiría ayuda de países como Alemania o Venezuela para reactivar la economía.

Ante ese panorama, Juan Carlos le plantea al sah la necesidad de apoyar un partido político centrista que sirva de sustento tanto para la monarquía como para la estabilidad del país. “El presidente Suárez claramente necesita más que nunca cualquier ayuda posible, ya sea de sus compañeros o de países amigos que buscan preservar la civilización occidental y las monarquías establecidas”.

Y aquí llega la petición directa: “Me tomo la libertad de pedir tu apoyo en nombre del partido político del presidente Suárez, ahora en difícil coyuntura; las elecciones municipales se celebrarán dentro de seis meses y será ahí más que nada donde pondremos nuestro futuro en la balanza”. A continuación, el rey solicita al sah “diez millones de dólares como tu contribución personal al fortalecimiento de la monarquía española” y sugiere que, si la respuesta es positiva, su amigo Alexis Mardas (un inventor griego que estuvo estrechamente asociado con los Beatles y vendió a la Familia Real coches blindados tras el asesinato de Carrero Blanco) podría viajar a Teherán para recibir instrucciones. “Con todo mi respeto y amistad. Tu hermano, JUAN CARLOS”, concluye la carta. No transcendió nunca si aquellos 10 millones de dólares llegaron a enviarse nunca, pero Reza Pahlavi fue su cliente en el exilio.